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Rosa Zuluaga, junto a dos de sus tres hijos

Rosa Zuluaga, junto a dos de sus tres hijos, Emilia y EmmanuelMadrina

«Los niños ya no quieren volver a Madrid»: las familias vulnerables que están repoblando la España vacía

Rosa, su marido y sus tres hijos han pasado de estar en situación de calle a asentarse e integrarse en un municipio de Valladolid de la mano del programa Pueblos Madrina

La noche que Rosa Zuluaga tapó a sus tres hijos en la única cama de una habitación por la que pagaban 750 euros, comprendió que Madrid ya no era una opción. «Compartíamos una habitación donde teníamos que pedir turno para la cocina y esperar para usar el baño», recuerda.

Rosa y su familia llegaron a España huyendo de las amenazas contra su vida que había sufrido en su Perú natal, por su trabajo como policía. Lo hizo junto a su marido y dos de sus hijos: Esteban, que hoy tiene siete años, y Emilia, de cuatro. El tercero, Emanuel, nació en España hace 17 meses.

Pero el «sueño español» resultó literalmente invivible. Nadie les alquilaba casas ni habitaciones con niños, y lo que había era impagable: 700, incluso 800 euros, por habitaciones pequeñas compartidas con otras familias. Hubo mudanzas forzadas, albergues municipales, incluso noches en la calle.

Devolver vida a las plazas

En mayo de 2025, Rosa llamó a la puerta de la Fundación Madrina, donde entró en el programa Pueblos Madrina, donde buscan ayudar a familias en situación de vulnerabilidad, y disposición para integrarse, en pueblos de la España vaciada.

En unos meses, la familia dejó Madrid y aterrizó en Pesquera del Duero, un municipio de Valladolid de poco más de 400 habitantes. «La tranquilidad aquí no se compara con el jaleo de allá. Y los más felices son los niños: arreglan el jardín con su padre, salen a la plaza, juegan con otros niños. Ya no quieren regresar a Madrid».

La acogida, subraya, ha sido además muy cálida: «La gente es muy tratable, muy acogedora. Incluso una vecina me llevó a Peñafiel a hacer trámites del colegio y me devolvió a casa sin cobrarme ni un euro».

«Con bebés, no»: el muro de la vivienda

«Van a tener una casa grande, cada niño su habitación; es un lugar seguro, hay opciones de empleo y lo primero que hacen los niños es correr», resume Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina.

«Las familias son conscientes de que no pueden sobrevivir en Madrid –añade–, por unos alquileres disparados y una oferta exigua para familias con hijos».

Giménez denuncia el veto silencioso que padecen las familias: anuncios con «no se admiten bebés ni embarazadas», o habitaciones publicitadas en Idealista donde «sólo se admiten mujeres solas».

El miedo al impago o a la ocupación «hace que muchos propietarios se rehúsen a alquilar», explica. Por eso, su propuesta es clara: realojar a las familias con niños pequeños en pueblos en declive demográfico, y para las ciudades, avales públicos de vivienda y alquiler para familias con niños que cubran a los propietarios ante impagos o daños.

«Ganar-ganar» para pueblo y familias

Pueblos Madrina nació hace 10 años como ramificación de Abuelos Madrina, que unía a mayores en soledad de la España vacía con familias sin vivienda en ciudades.

Desde entonces, más de 350 familias y 1.100 niños han sido realojados en pequeños municipios de Extremadura, Castilla-La Mancha y Castilla y León, con un 95 % de permanencia y sin problemas de convivencia.

De hecho, la demanda es creciente: más de 600 familias esperan una casa en las listas de Pueblos Madrina. Pero ahora «necesitamos que ayuntamientos y particulares nos ofrezcan viviendas: por cada una que recibimos, hay otras diez cerradas», reclama Giménez.

Los requisitos, ni son laxos, ni son disparatados: documentación en regla (que piden los consistorios) para poder trabajar, y al menos tres hijos en edad escolar para revitalizar colegios al límite.

Los datos de la España vacía

En España, sólo el 3 % de la población vive en municipios con menos de 1.000 habitantes, aunque estos suman casi 5.000 localidades (según el INE).

Sin embargo, en nuestro país hay 6.827 municipios de menos de 5.000 habitantes que concentran 5,7 millones de personas (12 %); y muchos han perdido población de forma sostenida desde 2001, tal y como reconoce el propio Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico.

Y es precisamente ahí donde programas como Pueblos Madrina son esenciales para repoblar casas, sostener escuelas y devolver la vida a plazas, calles y parques que se quedaban sin niños.

Rosa lo resume sin metáforas: «Mis hijos ahora pueden explorar y correr. Están contentos. Es muy notorio el cambio». A veces, la diferencia entre sobrevivir y vivir en familia está a 200 kilómetros de distancia.

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