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Entrevista a Pep Borrell

Entrevista a Pep Borrell

Pep Borrell, el influencer-cupido: «Un noviazgo sólo para pasarlo bien es una pérdida de tiempo y acaba mal»

«Hoy no asumimos que la elección de la persona con la que nos vamos a casar es, sin duda, la elección más importante de nuestra vida», alerta para El Debate el autor de Bailar en la cocina y Novios 100 %

Llenó la sala (de público y de aplausos) en su reciente intervención en el Congreso de Católicos y Vida Pública. Algo que ya se ha convertido casi en una costumbre en cada una de sus charlas dentro y fuera de España para hablar de matrimonio y de noviazgo.

Aunque Pep Borrell es odontólogo de profesión, el modo desenfadado, certero, formado y directo con el que aborda las cosas del querer –sobre todo en sus libros Bailar en la cocina y Novios 100%– arranca más sonrisas de satisfacción de las que logra en su trabajo como dentista.

Ahora, allá donde va luce con más alegría que resignación el sobrenombre de 'cupido influencer 'con que cariñosamente le bautizó por primera vez este periódico hace algo más de un año, por su labor en redes sociales para tender puentes entre solteros católicos. Tras el Congreso organizado por el CEU y la ACdP, Pep Borrell vuelve a hablar con este diario para explicar, entre otras cosas, de qué temas es imprescindible hablar antes de casarse, de cómo vivir «un noviazgo como Dios manda» o de cuáles son las diferentes formas en que chicos y chicas encaran la soltería.

–Empezó hablando del matrimonio, pero ahora les propone a los jóvenes «un noviazgo como Dios manda». ¿En qué consiste eso?

–Un «noviazgo como Dios manda» es un noviazgo con intención. Es una etapa con un propósito concreto: conocerse para poder discernir. Conozco a alguien que me resulta atractivo, quizás antes o después de conocerlo; le sigo conociendo y me enamoro; empiezo a salir con él para seguir conociéndole, para finalmente dejarlo o lo dejo porque decido que no me conviene... o me caso y le entrego todo mi ser para ser una sola carne para siempre, con la ayuda de Dios. Lo opuesto, lo que nunca debe ser un noviazgo, es una relación exclusivamente para pasarlo bien, aunque evidentemente lo pasemos muy bien. Eso es una pérdida de tiempo y suele acabar mal. Un noviazgo siempre debe tener visión de futuro y siempre debe ser posible (que no fácil) dejarlo. En una palabra: el noviazgo es para conocerse.

–Mucha gente piensa que hoy los jóvenes huyen del compromiso, pero sus charlas sobre el noviazgo se llenan a reventar. ¿Qué buscan los jóvenes que acuden a escucharle, le siguen en redes o leen sus libros?

–Se dice como un «mantra» que los jóvenes actualmente no quieren comprometerse, y eso no es cierto. Es evidente que los hay que no quieren, pero yo conozco un montón de jóvenes que quieren comprometerse y quieren hacerlo bien. El problema es de los que estamos comprometidos, de los que estamos casados.

–¿Por qué?

–Porque habitualmente damos mal ejemplo, hablamos mal del matrimonio, nos quejamos, no se nos ve alegres, hacemos chistes malos sobre el tema, y cuando alguien quiere casarse joven, hay adultos que poco más que le dan el pésame. El mensaje de las películas y series no acostumbra a ser muy pro matrimonio, los singles son los que aparentemente viven bien, y estos inputs calan en nuestros jóvenes, que si no tienen ejemplos cercanos de matrimonios que se quieren y disfrutan, tienen la idea de que el matrimonio no funciona. Las estadísticas de divorcios y separaciones tampoco ayudan…

–También habla mucho del idealismo...

–Es que otro tema es que, como muchos tienen miedo al fracaso, buscan a alguien perfecto para casarse, un príncipe azul que no existe. Además, con las nuevas tecnologías el mundo se nos ha quedado pequeño y siempre tienen la sensación de que existe alguien mejor de quién enamorarse. Y es cierto: posiblemente exista alguien más guapo, más inteligente, mucho mejor que tú y que tu novio o novia. Pero ahí está la gracia: yo decido quererte a ti, con tus virtudes y tus defectos; las relaciones no se encuentran, las relaciones se construyen a lo largo de toda la vida. Sólo hay que elegir a uno o una, y con ese llegar al cielo.

–Muchos jóvenes no saben cómo vivir relaciones sanas y se dejan girones de corazón por el camino. ¿Cuáles son las principales dificultades que tienen hoy los chicos y chicas jóvenes para vivir un buen noviazgo?

Las principales dificultades son el ambiente en el que vivimos y la comodidad, entre otras cosas. El ambiente no ayuda: cualquier relación comporta sacrificio, una palabra que parece que no está de moda pero es necesaria para cualquier relación. Nos sacrificamos por mil cosas que tienen mucha menos importancia, hacemos dietas imposibles, entrenamientos físicos agotadores... sin embargo, parece que en el terreno de la afectividad sólo reina el sentimiento, si siento o dejo de sentir, si me apetece o no me apetece. Todas las cosas que merecen la pena requieren sacrificio, esfuerzo… Y las relaciones también. Porque amar es querer el bien del otro y eso no se improvisa, requiere entreno y virtud. Cuando nos casamos, no decimos «te amaré 60 años»; decimos: «Todos los días de nuestra vida». Es decir: hoy te amaré y mañana, y pasado mañana… y así cada día. El futuro a la Providencia y el pasado a la Misericordia de Dios. El momento de querer es ahora.

– Aunque cada persona es distinta, ¿Chicos y chicas viven de forma diferente la soltería?

–Sí, los chicos y las chicas encaran de forma distinta la «búsqueda» de novio. Pero es que, actualmente, el problema está en que no asumimos que si tenemos vocación al matrimonio, la elección de la persona con la que nos vamos a casar es, sin ninguna duda, la elección más importante de nuestra vida. Y damos preferencia a estudios, formación sin fin, aficiones y otras cosas… retrasando la decisión o el compromiso. Sólo hay que elegir a uno, sólo uno, así que pon todo tu interés. En general, los varones siempre creen que el «mercado», por un tema de edad, se les amplía por debajo; y de algún modo es cierto. Pero muchas chicas, cuando llegan a una edad, alrededor de los 30, se empiezan a poner nerviosas. El hecho de la maternidad es determinante a estas edades, con el riesgo de querer tomar decisiones apresuradas, que en el terreno del amor nunca son adecuadas. No hay que preocuparse pero hay que ocuparse. Te ennovias cuando te ennovias, pero no es bueno retrasar la decisión, ni enquistarla; muchos viven noviazgos perennes, eternos, sin fin, y eso no lleva a ninguna parte. El objetivo del noviazgo debe ser el matrimonio y hay que casarse lo más joven que se pueda, sin hacer tonterías.

–El noviazgo es una estación de paso, nunca un destino en sí mismo. Así que, de cara a construir bien un proyecto de vida en común, ¿de qué temas deberían hablar sí o sí unos novios?

Los novios tienen que hablar y hablar mucho. A mí me da pena, y es señal de alarma, cuando unos novios me dicen que no saben de qué hablar, que se aburren. Los temas deben ser infinitos. Hay que soñar a lo grande para bien y para mal, imaginar, disfrutar, plantearnos situaciones ¿ Y si nos ocurriera esto o aquello? ¿Qué piensas de tal o cual situación? ¿Cómo afrontarías este conflicto que vemos en una serie? No te puedes casar sin haber hablado a fondo de fe y creencias, tener hijos, educación de los hijos, familia política, trabajo en casa y fuera, y economía. Estos son temas fundamentales; no es obligatorio pensar igual, pero es necesario estar de acuerdo porque son temas que la vida misma nos planteará. Hay muchos novios que cuando hablan de estos temas discuten y entonces deciden no abordarlos. Pero si no los hablan, la vida misma se encargará de planteárselos y sí o sí habrá que decidir, así que más vale adelantarse. Además, estos temas engloban la gran mayoría de las discusiones que tienen los matrimonios.

Y no solo hay que hablar. En el noviazgo es muy importante observar: cómo se comporta mi novio/a con los demás, cómo se tratan en la familia, cómo trata al camarero, qué relación tiene con sus amigos, cómo es en el trabajo?… El lenguaje no verbal nos puede ayudar, y mucho, a conocernos mejor.

–Para todos los que no tienen esperanza en encontrar novio o novia, y están a la espera de que Dios les mande al príncipe o a la princesa de cuento, ¿qué les dirías?

–A los que dicen que el Señor ya proveerá pero no se mueven, yo les animo a ponerse las pilas. Dios apoyará la decisión que tú tomes honestamente con su ayuda, en oración. Pero Dios no juega al futbolín con nosotros. Además, ¡que presión equivocarse si sólo tengo una oportunidad para cumplir la voluntad de Dios! Es evidente que Dios lo sabe todo y todas las cosas tienen un porqué, pero a veces queremos entender a Dios con la mentalidad de los hombres y eso no es posible. El arcángel San Gabriel llamó a la puerta de la Virgen María, pero dudo que llame al telefonillo de tu casa para presentarte a tu príncipe o princesa.

–Por último: ¿Qué es lo que yo no le he preguntado que es importante decir?

–Me gustaría decir que, si yo viera que la juventud, viviendo la afectividad y la sexualidad como la viven, fueran muy felices, me diría: «Pep, estás viejo, tu forma de vivir es caduca, vete a dormir y cierra la boca». Pero veo que en un mundo increíble, donde lo tenemos todo, donde deberíamos vivir más tranquilos y felices, cada vez estamos más ansiosos y preocupados, y los trastornos están a la orden del día. Sin ninguna duda, el motivo es que hemos apartado a Dios de nuestras vidas y además jugamos con el amor, y con el amor no se juega.

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