Nochevieja
Francisco Serrano, psicoterapeuta: «Es mejor reírle la gracia a un cuñado pesado que estropear la Nochevieja»
El psicoterapeuta familiar y presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar, Francisco Serrano, explica cómo lidiar con las personas más jocosas o inoportunas en la cena de fin de año
La figura del cuñado se ha convertido ya en un arquetipo tan común y caricaturizado que resulta casi entrañable y, sobre todo, muy reconocible en cualquier grupo humano, ya sea de amigos, compañeros de trabajo o, por su puesto, familiares.
Más allá de cualquier parentesco, el «cuñado» es esa persona que opina de todo, de todo sabe aunque se pase de lista y, con frecuencia, resulta cargante. Y, en rigor, puede ser un cuñado real, pero también un suegro, una hermana, un primo, un yerno, un tío… cuya arrogancia o falta de tacto pueden llegar a amargar las reuniones familiares que quedan en Navidad. Sobre todo la cena de Nochevieja, con frecuencia tan regada de vinos, licores o bebidas espirituosas.
Entonces, ¿Cómo se puede hacer frente al «efecto cuñado» para pasar un fin de año en armonía familiar? ¿Es mejor frenarle en seco o seguirle la corriente? Se lo preguntamos a Francisco Serrano, psicoterapeuta familiar, presidente de la Asociación Extremeña de Terapia Familiar y miembro de la Junta Directiva de la Federación Española de Terapia Familiar.
–De cara a la Nochevieja y el Año Nuevo, ¿Cómo podemos evitar que el «efecto cuñado» nos rompa el buen ambiente de una reunión familiar?
–Es cierto que se dan muchas situaciones incómodas en estas cenas, pero en general suele haber buen ambiente y son momentos necesarios para la convivencia familiar. Algo que ayuda es tener claro el papel de cada uno, quién hace de anfitrión, quién ayuda y quién simplemente es un invitado. También se puede pactar no hablar de determinados temas, y si aún así salen, es mejor no profundizar y hacer comentarios generales.
–Pero cuando un familiar empieza con comentarios incómodos, chistes fuera de lugar o provocaciones, ¿qué estrategias es mejor seguir?
–A veces se dan esas situaciones, pero la mayoría de las veces no es tan importante el comentario desagradable en sí, sino la reacción que tenemos ante él. Enfadarse, confrontar a la persona y, en general, echar más leña al fuego, suele empeorar las cosas. Es mejor quitar importancia y utilizar el humor. El humor siempre funciona, porque es más difícil enfadarse con quien responde con una broma o se ríe de sí mismo. Al fin y al cabo, el objetivo es pasar una buena velada en familia, y para eso a veces hay que aguantar un poco. Si lo pensamos bien, hay muchas situaciones sociales y laborales en las que hacemos esfuerzos, por ejemplo, con un jefe en el trabajo, y sabemos que es mejor reírle la gracia que generar un conflicto. La familia es importante, y el cuñado pesado no puede hacer que se estropee la cena.
Francisco Serrano, psicoterapeuta familiar
–¿Qué actitudes por parte de los anfitriones ayudan a que la cena sea más amable y cuáles suelen ser gasolina para los conflictos?
–Los anfitriones son importantes porque marcan las normas del juego. Por eso es importante que quede claro el papel de cada persona. Quien dirige puede decidir dónde sentarse, de qué hablar, si ponemos o quitamos la televisión, o si es momento de cantar villancicos o no. Muchos conflictos llegan porque alguna persona toma una iniciativa que no le corresponde. Por eso es importante tener claro el papel que desempeña cada persona.
–¿Y cómo se pueden marcar límites sanos –por ejemplo, ante críticas constantes a la educación de los hijos o a decisiones personales– sin caer en el grito ni en el «aquí se hace lo que yo digo»?
–Es probable que cuando pasamos mucho rato con alguien en una cena acaben apareciendo temas en los que no estamos de acuerdo. Hay que asumir que pensamos de manera diferente. El problema no es pensar diferente, sino querer convencer. Querer tener razón es la actitud más importante en un conflicto. Porque si tengo razón, eso significa que el otro no la tiene, y por lo tanto se sentirá mal. Y el objetivo de la cena no debe ser que alguien se sienta mal, sino todo lo contrario. Esas situaciones no son para demostrar que tenemos razón, sino para demostrar la importancia de la familia. Y si hay que cortar una conversación, es preferible hacerlo cuanto antes, de manera amable pero firme.
Querer tener razón es la actitud más importante en un conflicto. Porque si tengo razón, el otro no la tiene, y por lo tanto se sentirá mal. Y el objetivo de la cena no debe ser que alguien se sienta mal, sino todo lo contrario.
–¿Qué claves daría para no volver a casa con la sensación de «me he tragado todo»?
–Que hay pensar en el objetivo real de la cena: no es tan importante que alguien te haya dicho algo desagradable, o que no te guste su comportamiento, sino el bienestar de la familia, sobre todo de las personas que han hecho de anfitriones. Hay que pensar, al volver a casa, si se han sentido a gusto, y eso es lo importante para sentirnos satisfechos. Incluso si ha sido un trámite, algo que hay que hacer, aunque no me apetezca, habrá merecido la pena si ha contribuido al buen ambiente de la familia. Pensemos que este tipo de celebraciones existen en todas las culturas del mundo, y por algo será. Es importante que la familia haga celebraciones especiales para convivir durante un rato, y aunque haya alguna situación incómoda, merecerá la pena si tenemos claro que son muy útiles para el funcionamiento familiar.
–¿Puede una familia, con pequeños cambios en su manera de hablarse y organizarse, transformar una cena navideña en un encuentro más cordial?
–Cualquier pequeño cambio puede influir en el ambiente de la cena, tanto para bien como para mal. Yo recomiendo llevar a la cena una predisposición a pasárselo bien, un objetivo familiar y no personal, que lo importante sea el buen ambiente y no lo que diga o haga alguien que no me cae bien. Recuerdo un caso de dos cuñados que acabaron pelándose una Nochebuena escuchando el mensaje del rey, porque uno era muy monárquico y el otro no paraba de criticar a la monarquía. Estropearon la cena por algo secundario, se olvidaron de cuál era el verdadero fin de la cena, que desde luego no era llegar a acuerdos sobre lo buena o lo mala que es la monarquía. Volvieron a hacer las paces cuando entendieron la importancia de la familia, y decidieron quedar un día para tomar un café y hablar de temas políticos. Algo que ayuda es pensar, y decir, que este no es el momento ni el lugar para hablar de eso, y que podemos hacerlo en otro momento.
Recuerdo un caso de dos cuñados que acabaron pelándose una Nochebuena escuchando el mensaje del rey, porque uno era muy monárquico y el otro no paraba de criticar a la monarquía. Estropearon la cena por algo secundario, se olvidaron de cuál era el verdadero fin de la cena
– Algo diferente a ese «efecto cuñado» pero que puede empañar la celebración es el recuerdo de las personas fallecidas. ¿Cómo gestionar ese duelo en una situación así?
–Son muchas las familias afectadas por algún duelo. Y la cena de Nochebuena o Nochevieja suele ser especialmente triste porque se nota más la ausencia. Cada uno lo vive de una manera distinta, pero en general parece que sienta bien hacer esa cena familiar y rendirle un pequeño homenaje. Aunque haya fallecido, ese familiar sigue estando en la familia, sigue siendo parte de ella. Podemos hablar de ella recordando buenos momentos, y si hace falta un momento de tristeza, se puede tener, pero después hay continuar con la cena, porque el todo es más importante que la suma de las partes, y la familia es el todo que hay que cuidar.
Puede que tenga menos hambre, comeré menos, pero comeré; puede que tenga pocas ganar de hablar, hablaré poco, pero hablaré. Hay que seguir el camino, con el dolor a cuestas, pero sin pararse. Y las cenas navideñas son importantes para la unión y la fortaleza de la familia, aunque a veces estén llenas de tristeza por una ausencia. Pensar lo que querría esa persona para nosotros en esa situación puede ayudar. Seguro que le gustaría que la recordemos, pero también que estemos lo más a gusto posible. Así que un brindis por esa persona.