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Las uvas, los caramelos y los frutos secos son los alimentos más peligrosos en Navidad para los niños

Las uvas, los caramelos y los frutos secos son los alimentos más peligrosos en Navidad para los niñosVladimir Cosic / iStock

Cinco trucos para que tus hijos se tomen las uvas esta Nochevieja sin riesgo de atragantarse

La tradición de las 12 uvas ilusiona a los niños, pero esconde un riesgo real de atragantamiento. Pediatras y expertos recuerdan cómo adaptar el rito para que la fiesta no acabe en urgencias.

Aguantar despiertos hasta la media noche, después de una cena junto a toda la familia, y participar en igualdad de condiciones en una tradición «de mayores», ataviados con gorritos, antifaces o matasuegras. Visto desde su perspectiva, no es extraño que a los niños les llene de ilusión participar de las tradicionales 12 uvas de Nochevieja.

Sin embargo, muchos padres están con un ojo puesto en el reloj de la Puerta del Sol y otro en los más pequeños de la casa, por riesgo a que los niños se atraganten. Y no es un temor exagerado. Con niños en casa, hay un riesgo mucho mayor en Nochevieja que confundir los cuartos con las campanadas.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recuerda que las uvas, los frutos secos y los caramelos son los grandes peligros para los niños en Navidad, a causa de los atragantamientos, que son la tercera causa de muerte no natural en menores de cinco años, por encima incluso de los accidentes de tráfico.

Uvas y niños: por qué son tan peligrosas

A pesar de ser blandas y en apariencia inofensivas, las uvas tienen el tamaño perfecto para obstruir por completo la vía aérea de un niño: son redondas, lisas y resbaladizas.

De hecho, como norma general, la propia AEP insiste en que no se deben ofrecer uvas enteras a menores de 4 o 5 años, porque el riesgo de atragantamiento es muy alto.

Así que la recomendación es clara: prudencia con la edad, calma en la mesa y nada de comerlas debajo de la mesa, corriendo, hablando o riendo, hábitos que multiplican el peligro.

Cómo adaptar las uvas según la edad

Con cabeza y preparación, el riesgo puede compaginarse con la tradición familiar si se siguen los consejos de la AEP: uvas de pequeño tamaño a niños más mayores, siempre sin piel, sin pepitas, y cortadas a lo largo en cuartos (nunca en rodajas, porque el disco mantiene la forma peligrosa).

Además, para los más pequeños –especialmente los menores de 4 años–, muchos expertos proponen sustituir las uvas por otros alimentos blandos y fáciles de tragar.

Por ejemplo, en algunas familias se han popularizado opciones más seguras y festivas:

–12 lágrimas de chocolate o chips, uno por campanada.

–12 bolitas de cereales inflados.

–12 gusanitos pequeños.

–12 trocitos muy pequeños de mandarina bien limpia de piel y sin hebras.

–12 dados de plátano.

–12 arándanos azules partidos por la mitad o en cuartos.

No aportan el mismo simbolismo que la uva tradicional, pero permiten que los niños sientan que «juegan a lo mismo» sin asumir un riesgo innecesario.

Un ritual para educar en prevención

Más allá de la anécdota de Nochevieja, la campaña de la AEP busca aprovechar estas fechas para recordar a las familias que aprender primeros auxilios salva vidas: saber qué hacer ante un atragantamiento, cuándo llamar al 112 y cómo realizar los golpes en la espalda o la maniobra de Heimlich en niños mayores de un año.

Adaptar la tradición a la edad de los hijos, preparar alternativas seguras y conocer las maniobras de desobstrucción no le quita magia a la cambio de año: al contrario, es la manera más sencilla de asegurarse de que el año nuevo empiece, de verdad, en familia y sin sustos.

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