Mostrar gratitud en Navidad ayuda a los niños a ser más felices
Cinco maneras de enseñar a tus hijos a ser agradecidos esta Navidad
Con regalos, luces y comidas especiales, la Navidad es un campo de entrenamiento perfecto para la gratitud. Un estudio publicado por la Universidad de California ofrece cinco claves muy concretas para lograrlo
Cuando un niño estrena juguetes, estrena ropa, disfruta de platos especiales, repite postre, y está rodeado de luces y decoraciones especiales... pero apenas repara en quién ha preparado la cena o puesto la mesa, algo importante se pierde por el camino. En concreto, caer en la cuenta de que, detrás de cada regalo, plato especial o decoración cuidada hay tiempo, sacrificio, atención y entrega de sus padres, de sus abuelos, incluso de personas anónimas que ponen luces en sus ventanas.
La Navidad, con su mezcla de abundancia y prisas, puede convertir a los niños en pequeños consumidores pasivos… o en aprendices de gratitud que no pierdan su capacidad de asombro. Y quienes pueden marcar la diferencia son, cómo no, sus padres.
Un reciente análisis publicado en el Greater Good Science Center, de la Universidad de California, y elaborado por la directora del Centro de Ciencias del Desarrollo y profesora de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte, Andrea Hussong, recuerda que «la gratitud es más que un comportamiento: también es una experiencia interna, y los adultos podemos ayudar a los niños a cultivarla».
Un reto para el que Hussong da cinco pautas que cualquier familia puede practicar esta Navidad.
1. Padres que dicen «gracias» en voz alta
La primera clave es sencilla: los niños aprenden a ser agradecidos viendo a sus padres agradecer. Como explica la experta apoyándose en diversos estudios científicos, «los padres que tratan de ser agradecidos tienen hijos que demuestran más gratitud diaria».
Y no se trata sólo de decir «gracias», sino de mostrar por fuera lo que se piensa por dentro: «Modelar estas experiencias internas puede ser tan simple como decir nuestros pensamientos en voz alta», apunta.
En la práctica, esto puede traducirse en comentar en voz alta el «regalo detrás del regalo»: no sólo el juguete, sino el cariño de quien se lo ha pedido a los Reyes Magos; no sólo el roscón, sino el esfuerzo de quien ha madrugado para hornearlo; o no sólo ese bonito belén, sino el cariño de la abuela que lo ha puesto con mimo para que lo vean sus nietos.
2. Crear entornos que lo favorezcan
La gratitud puede no salir de forma espontánea para quien está acostumbrado a tener sus necesidades cubiertas. Algo que vale tanto para los niños como para los mayores. Por eso, la segunda propuesta es integrar la gratitud en el entorno. Hussong recuerda que «los padres juegan un papel clave en crear los entornos donde crecen sus hijos», desde las actividades extraescolares hasta el parque donde juegan.
Así, elegir experiencias que inviten a valorar lo recibido –por ejemplo, visitas a abuelos, voluntariados navideños, o planes donde otros les sirven– enseña que nada se da por descontado. Cada decisión familiar, señala la autora, «refleja valores y prioridades. Y si la gratitud es uno de esos objetivos, los niños pueden beneficiarse».
3. Hablar de gratitud cuando aparece...
El análisis propone aprovechar los momentos en que el niño sí se muestra agradecido para profundizar en ello: recordar juntos qué recibió, qué pensó, qué sintió, cómo decidió expresarlo... «Conversaciones así pueden ayudar a que los niños conecten lo que notaron al recibir un regalo con lo que pensaron, lo que sintieron y cómo esas emociones los motivaron a mostrar agradecimiento», indica.
Además, se puede aprovechar el momento previo a dormir, o la mañana siguiente tras una reunión familiar, para hacer un pequeño balance del día, e incluso un momento de oración, para dar gracias por todo lo que se ha vivido y recibido.
4. … y también cuando no aparece
La parte más compleja –reconoce la psicóloga– llega cuando la gratitud no aparece. En lugar de estallar con un «¡eres un desagradecido!», Hussong recomienda escuchar y preguntar.
Porque lo más probable es que el niño no había entendido de dónde venía ese detalle, tal vez ese plato no le gustaba a pesar de ser tan laborioso, puede que estuviera distraído y abrumado por la fiesta, o simplemente aún no tiene la capacidad de ponerse en el lugar del otro.
Comprender su perspectiva ayuda a «recuperar la oportunidad perdida y ayudarles a ‘atrapar’ futuros momentos de gratitud», explica la directora del Centro de Ciencias del Desarrollo de la Universidad de Carolina del Norte.
5. Practicarla una y otra vez
La gratitud, insiste Hussong, es una habilidad que «requiere práctica, reflexión y tiempo». No basta con exigir fórmulas de cortesía, aunque sea un primer paso: para sentir verdadera gratitud, es importante entrenar los ojos y el corazón.
Los niños «que aprenden a ver ‘los regalos detrás de los regalos’ están mejor preparados para reconocer esas oportunidades y, a su vez, expresar gratitud hacia otros», indica. Una facultad que les permite vivir, según explica la investigadora, con mayor felicidad, confianza en el futuro y seguridad en sí mismos.
En Navidad, ese aprendizaje puede empezar con algo tan simple como pararse a mirar la mesa, las luces, o la decoración, y enseñarles a decir no solo «qué rico» o «qué chulo», sino «gracias por todo lo que hay detrás de esto».