Varias mujeres durante la manifestación del 8M en Madrid
Los datos que muestran por qué es necesario apartar el sesgo feminista de los retos actuales para las mujeres
«Debemos poner en marcha medidas que aparten el sesgo feminista del papel de la mujer en la vida pública y privada», alerta Inmaculada Hurtado, profesora de Economía Aplicada en la Universidad CEU San Pablo y colaboradora del Instituto CEU de Estudios de la Familia
Como todos los años, el 8 de marzo se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer; desde hace décadas sesgado por un alto componente político y dirigido por grupos feministas, que han apartado el verdadero foco de atención de la mujer y que dirige las conversaciones hacia aspectos que poco o nada aportan a la conmemoración que se festeja. Algo que enturbia el protagonismo que tiene la mujer en el mundo actual, en los distinto ámbitos de su vida personal y profesional.
El primero de esos ámbitos es el papel que ha jugado, desde toda la historia de la humanidad, la mujer como madre. El valor incalculable que ha supuesto por su vinculación única con los hijos, a los que les ha transmitido su propia sangre, su alimento; pero también su cariño y vínculo que sólo la madre puede derramar en cada uno de ellos.
En la actualidad, sin embargo, sólo los países del continente africano mantienen tasas de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) que permiten no poner en peligro el crecimiento poblacional, frente al resto de continentes y países que se sitúan por debajo de ese nivel. Algo que denota que hay factores claramente más influyentes en este comportamiento.
Tasa de fertilidad y reemplazo generacional
El segundo es su papel como trabajadora, tanto en el hogar como fuera de casa. Sus tareas cotidianas en el quehacer diario en la familia han permitido mantener una estructura jerárquica, aunque hoy en día no sea políticamente correcto decirlo, en la que el rol de cada uno de los padres cumplía una función clave en el desarrollo de la prole.
Con el tiempo, y la mayor participación en el trabajo fuera del hogar, su aportación al crecimiento económico de los países ha sido crucial, pero a costa de una merma considerable en el número de hijos y en la atención que éstos han recibido por parte de sus padres. También en la importancia que éstos tienen dentro de su escala de valores –llegando en muchos casos a considerarlos como un coste u obstáculo para su progreso profesional– por lo que, preocupantemente, se ha retrasado la edad del primer hijo (en la mayoría de los países occidentales por encima de los 31 años), dando prioridad a la carrera profesional o la búsqueda y mantenimiento del puesto de trabajo.
En tercer lugar está el cambio de rol como transmisora de los valores familiares. Es cierto que ambos cónyuges han marcado los valores reinantes en la familia, pero no es menos cierto que la mujer, al estar más horas con los hijos, tenía una representación mayor en cómo debían consolidarse, desde las edades más tempranas hasta su emancipación.
Detrás de todo ello, no podemos olvidar la trágica influencia de las corrientes más liberales en las sociedades modernas, especialmente desde el último tercio del siglo pasado, que han convertido el matrimonio en una opción elegida por cada vez menos parejas y cuya duración es menor, por el rápido crecimiento de la aceptación del divorcio en prácticamente todo el mundo (Gráfico 2).
A esto se añaden los «nuevos tipos de convivencia», o la maternidad en soledad. Todo ello, fruto del imperio del individualismo y el propio beneficio como ley soberana de la sociedad actual.
Tasa Bruta de Matrimonio y Divorcio
Ahora bien, al margen de todos los movimientos políticos que se han promovido alrededor de la mujer, su papel en la familia y en la sociedad sigue siendo importantísimo. Sin embargo, el apoyo de las instituciones públicas no está siendo lo suficientemente activo y en favor de la vida como sería deseable.
No se espera, ni se desea, que la mujer dé marcha atrás en su actividad en la vida pública –tanto en el ámbito del sector privado, como en el público– pero sí es necesario que las administraciones permitan una conciliación más efectiva, de tal forma que no merme su presencia en el ámbito familiar y ello permita que se iguale el número de hijos deseado con el que en realidad tiene.
Esta variable denota que existe un fallo en la actuación pública que debe ser corregido con las medidas que se consideren más adecuadas, pero deben permitir que aquellas mujeres que deseen permanecer en el hogar tengan una contribución, por lo que supondría en cuanto al aumento de la población real del país; y las que desean trabajar, puedan tener un soporte en el cuidado de los hijos y su entrada en el sistema educativo desde las edades más tempranas.
Gasto público en beneficios familiares
En el mejor de los casos, debemos poner en marcha medidas que aparten el sesgo feminista del papel de la mujer en la vida pública y privada, para que su trabajo en todos los ámbitos sea fuente de crecimiento, especialmente de las familias y de la protección de la infancia.
- Inmaculada Hurtado Ocaña es profesora titular de Economía Aplicada en la Universidad CEU San Pablo y colaboradora del Instituto CEU de Estudios de la Familia