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El cansancio emocional es habitual tras haber tenido varias citas infructuosas

El cansancio emocional es habitual tras haber tenido varias citas infructuosasGetty Images / iStock

Cómo superar el 'dating-fatigue', el cansancio emocional de seguir buscando pareja cuando nadie te encaja

La experta en comunicación afectiva Daniela Martín explica la importancia de «descansar y recuperarnos» antes de entrar en una espiral de citas por miedo a estar solos

En una época marcada por las aplicaciones de citas, el goshting, el amor efímero y el stalkeo infinito a mil y un perfiles en redes sociales, encontrar pareja para iniciar un noviazgo puede llegar a ser un proceso agotador.

Una suerte de bucle que desgasta mucho más de lo que puede parecer a simple vista, y que puede afectar a la estabilidad de las propias parejas que sí llegan a formarse.

Tanto es así que los expertos han acuñado un término para definirlo, síntoma inequívoco de que no es algo aislado, sino una experiencia casi generacional: el «dating-fatigue».

Como explica Daniela Martín, editora de la publicación especializada Ama Fuerte, «el famoso fenómeno del 'dating fatigue' consiste en el agotamiento emocional producto de intentar encontrar pareja y frustrarse en el proceso».

El riesgo de abrir el corazón y la agenda

En realidad, Martín explica que «es inevitable que un noviazgo termine: o termina en matrimonio, o termina en un 'gracias, Señor, por confiarme estos meses el corazón de esta persona'».

Pero, sea como sea, «abrir el corazón supone más que vulnerabilidad. Implica hacerse lugar en la agenda para conocer al otro, para compartir» y es cada vez más frecuente encontrar situaciones en las que «le abrimos el corazón y la agenda a otro, empezamos a conocernos y a darnos... y no siempre recibimos lo que esperamos».

Cuando esto se repite con frecuencia, «damos, damos, damos sin recibir... y eso puede llegar cansarnos».

En otras ocasiones, «por heridas, puede pasarnos que nos abrimos a compartir con otro y solo recibimos: recibimos, recibimos, recibimos… pero no podemos dar. Y eso también puede fatigarnos».

Salir del bucle

Para salir de ese bucle, es necesario recordar que «el amor es don y nuestro significado esponsal», señala Martín, «supone que desde nuestra propia libertad elegimos donarnos, es decir amar». E insiste: «Es importante resaltar la cuestión de la libertad: para ser libres, es necesario, entonces un auto dominio de nosotros mismos».

Echando mano de las enseñanzas de la llamada Teología del Cuerpo, esta experta señala que «amar no solo supone una apertura de corazón, supone abrir el corazón para donarse a sí mismo. En la etapa previa al noviazgo, y luego en el noviazgo, esto es conociendo a la otra persona, paulatinamente, abriéndonos cada vez más. Y algunas veces el otro no puede recibir o no puede dar, y terminamos agotados. Eso puede pasar».

Sin embargo, la editora de Ama Fuerte apunta una obviedad que puede llegar a nublarse por el «dating-fatigue»: «Si no nos arriesgamos, no sucede nada, nos quedamos estancados. Es preferible, entonces, darnos, antes que permanecer en la misma situación viviendo como en una sala espera».

Recuperarse, no cerrarse al amor

Incluso, llega a afirmar que «si nos damos y advertimos que no va a progresar la relación hasta un noviazgo o un matrimonio, es preciso que seamos conscientes de que habernos abierto al otro, amarnos los unos a los otros, es mejor que no haberlo hecho».

Ahora bien, lo que desaconseja Daniela Martín es cubrir permanentemente ese hueco en la agenda y en el corazón, encadenando relaciones o citas por no querer estar solos.

«Es necesario que nosotros, como hijos amados, nos recuperemos antes de volver a intentar conocer a otra persona. Si lo diste todo y terminaste agotado, vuelve a la fuente del Amor, recupérate antes de volver a intentarlo: y luego sí, vuelve a intentarlo».

De hecho, propone aprovechar el tiempo de soltería o sin citas para cultivar la vida interior, e incluso, el retorno a una fe capaz de dar sentido a toda la vida: «Acoger a otro en nuestro corazón supone la vulnerabilidad de necesitar descansar, recuperarnos. Nos recuperamos volviendo a la fuente, es decir, volviendo al Amor. Y solo Jesús puede hacernos nuevos. Volvemos a intentarlo porque tenemos la certeza de que Él hace nuevas todas las cosas».

Cuando, una vez recuperados de empezar a conocer a una persona se ha cultivado esa vida interior, «tenemos la alegría y la esperanza de que si nos abrimos, es para vivir un noviazgo que termine en matrimonio», añade.

Y, más aún, cuando se comienza a vivir este proceso con un plus de interioridad y trascendencia, «esa esperanza supone la certeza alegre de que, si no sucede como esperamos, somos agradecidos por el tiempo compartido con el otro, ese tiempo que el Señor nos pidió que acogiéramos a ese otro», añade la experta.

Y concluye: «Esa certeza supone la convicción de que con Él, nada se pierde». Incluso las horas aparentemente infructuosas de esas etapas en las que uno busca pareja.

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