El Papa San Juan Pablo en su viaje a España en 1993
La familia en una frase
Juan Pablo II, Papa: «El futuro de la humanidad se fragua en la familia»
El primer Papa santo del siglo XXI cerró Familiaris consortio con una advertencia que sigue interpelando a gobiernos y hogares: ninguna sociedad puede construir un futuro sólido si debilita a las familias
Por lo general, las grandes crisis sociales suelen analizarse con una solemne exposición de cifras: natalidad, fracaso escolar, inmigración, soledad, pobreza, violencia juvenil, desempleo… Sin embargo, detrás de cada uno de esos datos existe una realidad más pequeña y silenciosa, pero mucho más determinante: la de los hogares que campean cada uno de esos temporales, bien sosteniendo a sus miembros, bien dejándolos inermes ante los embates de la vida.
Una de las más preclaras voces que apunta esa importancia esencial de la familia en la configuración de la sociedad es la expuesta por Karol Wojtyla sólo tres años después de ser elegido Papa, y que llegaría a convertirse en una de las más conocidas de su pontificado: «El futuro de la humanidad se fragua en la familia».
La afirmación aparece en el número 86 de Familiaris consortio, una exhortación apostólica publicada el 22 de noviembre de 1981 por Juan Pablo II, y es la última llamada de un extenso documento dedicado a la misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo.
El niño que perdió su hogar
El primer Papa santo del siglo XXI siempre tuvo en la familia su referente de santidad y transformación social. Y no de manera teórica: él mismo sabía de la importancia del hogar para el desarrollo de las personas.
Karol Wojtyła había nacido en 1920 en Wadowice, una pequeña ciudad polaca. Era el menor de los hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre murió cuando tenía ocho años; poco después falleció su hermano Edmund, médico, y en 1941 perdió también a su padre.
Con apenas 20 años se había quedado sin su familia más cercana, mientras Polonia permanecía ocupada por la Alemania nazi. En pleno auge de los totalitarismos ateos y los movimientos comunistas, el joven Karol trabajó en una cantera y en una fábrica química, participó en un teatro clandestino y comenzó secretamente su formación sacerdotal.
Ya desde esos primeros años de juventud, acompañaba (como hizo durante décadas) a jóvenes, novios y matrimonios. Como sacerdote compartió con ellos excursiones, conversaciones y retiros; después celebró sus bodas, bautizó a sus hijos y siguió de cerca sus dificultades familiares.
Una respuesta a los cambios del siglo XX
Familiaris consortio trasluce todas esas experiencias. Fruto del Sínodo de los Obispos de 1980, el documento aborda la importancia de la preparación matrimonial, la transmisión de la vida, la educación de los hijos, la atención a las familias en dificultad y la responsabilidad de los hogares en la sociedad y en la Iglesia.
Porque Juan Pablo II no hablaba de la familia como de una cuestión sentimental o privada. La consideraba el lugar donde el ser humano aprende las primeras palabras, descubre la confianza, acepta los límites, descubre su vocación y comprende que su libertad incluye responsabilidades hacia los demás.
Por eso, al cerrar la exhortación, pidió a «todo hombre de buena voluntad» que protegiera los valores y exigencias familiares.
El futuro comienza en una casa
Más de cuatro décadas y tres Pontífices después, la frase adquiere una fuerza casi profética en una Europa que afronta una profunda crisis demográfica e identitaria, mientras aumentan la soledad no deseada, la fragilidad de las relaciones, las rupturas matrimoniales y la dificultad no sólo para conciliar trabajo y familia, sino también para comprometerse a formar un hogar.
Porque, como recordaba Wojtyla, la familia no resuelve automáticamente todos los problemas, ni todos los hogares ofrecen la protección que deberían. Y, sin embargo, ninguna institución puede sustituir el aprendizaje del amor, el cuidado y la pertenencia que comienza en casa.