Patrick Deneen, en el Colegio Mayor San Pablo, en Madrid
La familia en una frase
Patrick Deneen, politólogo: «Los niños prosperan cuando son criados en casa por, al menos, uno de sus padres»
El politólogo Patrick Deneen denuncia el modelo económico que obliga a los padres a delegar demasiado pronto la crianza, y reclama que poder cuidar personalmente a los hijos debería ser una posibilidad real en una sociedad libre
A pesar del progresivo incremento de las bajas de maternidad y paternidad, son muchas las madres y muchos los padres que regresan al trabajo a las pocas semanas después del nacimiento de un hijo. Y no siempre lo hacen porque consideren que esa es la mejor opción, sino porque la hipoteca, el alquiler o la inseguridad laboral no les permiten plantearse otra alternativa.
El reconocido politólogo Patrick Deneen introduce precisamente esta cuestión al hablar sobre las políticas que deberían defender las políticas verdaderamente familiares: «Creo que tenemos muchas pruebas de que los niños prosperan cuando son criados en casa por, al menos, uno de sus padres, si no por ambos».
La afirmación procede de una entrevista publicada en 2021 por The Buckley Beacon, en la que Deneen añade que las políticas públicas deberían hacer posible que quienes quisieran pudieran permanecer en casa para criar a sus propios hijos, sin delegar esta función en terceros.
Un crítico del individualismo liberal
Patrick J. Deneen nació en 1964 y creció en Windsor, Connecticut, dentro de una familia católica. Su padre trabajaba como ejecutivo de seguros. Estudió Literatura Inglesa y Ciencias Políticas y desarrolló su carrera académica en Princeton, Georgetown y la Universidad de Notre Dame.
Deneen es también esposo, padre y abuelo, y aunque mantiene su vida familiar alejada del centro de sus perfiles públicos, ha explicado en distintas intervenciones que su pensamiento político de corte conservador nace de observar cómo las instituciones modernas debilitan los vínculos que permiten cuidar a la familia, transmitir la cultura de nuestros antepasados y cultivar el sentimiento de pertenencia.
Su libro más conocido, Why Liberalism Failed, publicado en 2018 y editado en España con el título ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? por ediciones Rialp, recibió atención internacional e incluso fue recomendado por Barack Obama pese a discrepar de sus conclusiones.
Una libertad que deja solos a los padres
En síntesis, Deneen sostiene que el liberalismo ha cumplido su promesa de liberar al individuo de las dependencias tradicionales, pero que ese éxito ha producido desarraigo, soledad y una enorme fragilidad social.
Así, la familia aparece en su obra como una de las instituciones más erosionadas por esa búsqueda de autonomía a la que nos empuja el materialismo de izquierdas y de derechas. Porque si el Estado pretende arrogarse en exclusiva la educación de los niños desde su más tierna infancia, el mercado necesita de trabajadores disponibles y consumidores independientes.
Un motivo por el que las políticas de ingeniería cultural de las últimas décadas, a izquierda y derecha, contemplan en último término el hogar como un espacio del que las personas deben ser liberadas.
El resultado paradójico, dice Deneen, es que muchas familias poseen legalmente más opciones que antes, pero materialmente apenas pueden escoger: dos salarios se vuelven imprescindibles y el cuidado de los hijos acaba adaptándose a las exigencias productivas.
Cuidar no debería ser un lujo
La tesis de Deneen puede provocar objeciones legítimas, y de hecho acostumbra a hacerlo. Muchas escuelas infantiles ofrecen una atención más que meritoria, y no son pocos las madres y padres que desean continuar su carrera profesional. Además, tampoco todas las familias pueden organizar la crianza del mismo modo, sobre todo cuando hay varios hijos en una misma familia.
Sin embargo, Deneen no omite esas elecciones. Sólo cuestiona si en occidente existe hoy verdadera libertad cuando cuidar personalmente a los hijos implica el riesgo real de caer en la pobreza, perder definitivamente el empleo o quedar penalizado durante décadas.
La conciliación, argumenta, no puede significar únicamente adaptar al niño cuanto antes al ritmo del mercado. Debería permitir que el mercado respetase, al menos durante un tiempo decisivo, el ritmo de los niños y de sus padres.