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La escritora brasileña Lya Luft

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La familia en una frase

Lya Luft, escritora: «La infancia es el suelo sobre el que caminaremos toda nuestra vida»

La autora brasileña Lya Luft escribió sobre las pérdidas de la vida, los amores vistos desde la madurez, y las memorias de la niñez y su impacto en la vida adulta

Dice el refranero español, siempre tan rico, que «lo que se aprende con babas, no se olvida con las canas». Porque, en efecto, hay aromas, presencias, aprendizajes y recuerdos de la infancia que acompañan durante toda la vida, incluso cuando aquellos lugares y personas que lo originaron son ya propiedad del pasado. Vivencias de hace décadas, originarias de un mundo que apenas ya existe, unas alegres y otras dolientes, que sin embargo permanecen vívidas en la forma de mirar y desenvolverse, en el miedo a molestar, en la facilidad para confiar en el otro, en las dificultades para pedir perdón o en la certeza íntima de haber sido querido.

Esta experiencia fue la que describió la escritora brasileña Lya Luft (1938-2021) cuando afirmó que «la infancia es el suelo sobre el que caminaremos el resto de toda nuestra vida». Se trata de una de sus frases más icónicas, sacadas del recopilatorio Perdas & ganhos, publicado en 2003.

Una vida marcada por las pérdidas

Lya Fett Luft nació en Santa Cruz do Sul, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, en 1938, dentro de una familia de origen alemán. Fue escritora, traductora, profesora universitaria y una de las voces literarias más leídas de Brasil.

En 1963 se casó con Celso Pedro Luft, lingüista y gramático. Tuvieron tres hijos: Susana, André y Eduardo. Años más tarde se separó y vivió con el psicoanalista y escritor Hélio Pellegrino hasta la muerte de este. Después regresó junto a Celso Luft, de quien quedó viuda en 1995.

Su biografía estuvo atravesada por la experiencia de la pérdida. En 2017 murió su hijo André, con 51 años, un dolor que marcaría algunos de sus últimos textos. Lya Luft falleció en Porto Alegre en 2021.

Un libro sobre vivir y envejecer

Perdas & ganhos fue uno de sus grandes éxitos editoriales. Publicado en 2003, mezcla ensayo, memoria y reflexión personal. En sus páginas aparecen la madurez, el amor, la soledad, la fuerza de las relaciones familiares, la crianza de los hijos, el paso del tiempo y la necesidad de aceptar que toda vida se compone, como reza el título original, de pérdidas y ganancias.

No se trata de un manual psicológico, ni de un libro sobre pedagogía, ni tampoco de un tratado familiar. Sin embargo, como ocurre con otros autores como Mario Benedetti o el español y colaborador de El Debate Enrique García-Maiquez, Luft escribe desde un tono íntimo, dialogado, en no pocas ocasiones melancólico y con una natural querencia por la reflexión en torno a cómo se va configurando el alma de una persona a lo largo del tiempo.

Su famosa cita sobre la infancia encaja en ese universo literario, que sobrevuela en torno a la idea de cómo los primeros años de nuestra vida no determinan forzosamente el porvenir, pero sí dejan profundos surcos por los que discurrirá el futuro con más facilidad. Por ejemplo, en el modo en que fuimos abrazados, contemplados, atendidos, corregidos, escuchados o ignorados.

El «suelo» de nuestra vida

La psicología contemporánea ha confirmado de distintas maneras algo que la literatura había intuido desde siempre: los vínculos y relaciones que generamos en nuestra niñez son esenciales para configurar nuestra personalidad.

La seguridad afectiva, la presencia de nuestros padres, la estabilidad del hogar en el que crecemos y la experiencia de sentirse amado influyen en la manera de encarar los desafíos del mundo.

¿Significa esto que una infancia herida condena a una vida desgraciada? No. Siguiendo el símil de Luft, el suelo puede repararse, sí, pero también reforzarse e incluso aprender a «pisar» de otra manera. Y sin embargo, tampoco conviene trivializar las grietas que dejan el abandono, el desdén, la desatención, la indiferencia o la inestabilidad permanente.

«Somos siempre la misma persona»

Como ella misma reconocería años después en una entrevista para la agencia Efe, «el tiempo es un accidente externo en el que se marcan nuestras actividades, pero internamente somos la misma persona toda la vida» y por eso es tan importante esa llamada a la responsabilidad de los adultos, que con demasiada frecuencia olvidan el impacto que pueden dejar grabado en sus hijos.

La infancia no es sólo una etapa que deba ser superada. Es el terreno desde el que cada persona aprende a caminar y a alzar la mirada. Y aunque cuidarlo no garantiza una vida sin tropiezos, sí ofrece a los hijos una base más firme para conducirse por el mundo.

Como concluía la escritora en aquella entrevista, «ahora está de moda ser joven y atlético, con una mujer muy guapa al lado o con un hombre hermoso y rico junto a nosotros. Pero la vida no es así. La gente se olvida de amar, de ser cariñoso, emotivo, personal... Hacemos 'surf' sobre la realidad, aunque después de todo vamos inexorablemente hacia la muerte. Y cuando lo ves así, la vida puede ser preciosa si la apreciamos tal cual es».

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