Estatua de Sócrates en la Academia de Atenas, en Grecia
La familia en una frase
Sócrates, filósofo: «No uses la fuerza al formar a los niños, sino el juego, y sabrás hacia dónde se inclinan»
Hace cerca de 2.500 años, Platón puso en boca de Sócrates una intuición pedagógica sorprendentemente actual: el aprendizaje infantil no debe nacer de la coacción, sino del juego que permite descubrir la inclinación natural de cada niño
No hay profesor de Infantil o Primaria que no pueda señalar entre su grupo de alumnos a aquellos niños que parecen incapaces de concentrarse ante una ficha, pero en cambio podrían pasar horas construyendo, inventando reglas, observando insectos o resolviendo un enigma cuando se les ha presentado como un juego.
Por desgracia, en demasiadas ocasiones, ese mismo adulto –o los propios padres al abordar en casa las tareas escolares– concluye de forma demasiado superficial que el niño o la niña en cuestión, simplemente, no quieren aprender o esforzarse, cuando quizás el problema real está en la forma de enseñar.
Y que nadie se llame a engaño. No son los smartphones, las tablet o las redes sociales las que han generado este problema (aunque las pantallas incrementen la desatención y la incapacidad para concentrarse). Hace cerca de 2.500 años ya advertía sobre esta cuestión nada menos que Platón, uno de los mayores filósofos de la historia de la humanidad.
En el libro VII de la República, Platón pone en boca de Sócrates una recomendación muy citada: «No uses la fuerza al formar a los niños en los estudios, sino el juego; así podrás discernir mejor hacia qué se dirige naturalmente cada uno».
La cita aparece, concretamente, en el pasaje 537a. Y en él, Sócrates no sugiere convertir toda educación en entretenimiento vacío o en un pasatiempo para mantener ocupados a los niños, sino que, al hablar de la formación de los futuros guardianes de la ciudad, sostiene que la coacción no es el mejor camino para descubrir la disposición natural de cada alumno.
El filósofo que no escribió libros
Sócrates nació en Atenas hacia el año 470 antes de Cristo. Su padre, Sofronisco, era escultor o cantero; su madre, Fenáreta, comadrona. Vivió en una ciudad marcada por la democracia, la guerra del Peloponeso (entre las ciudades comandadas por Atenas y aquellas agrupadas en torno a Esparta) y una intensa vida intelectual.
Sin embargo, no dejó obras escritas. Lo que conocemos de su pensamiento es a través de autores como Platón, Jenofonte, Aristófanes y Aristóteles.
Sí parece haber acuerdo en que estuvo casado con Jantipa y tuvo tres hijos: Lamprocles, Sofronisco y Menéxeno. Como es sabido, fue condenado a muerte en el año 399 antes de Cristo, acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes.
Juego, vocación y talento innato
Su cita aparece en La República, uno de los diálogos más influyentes de Platón. La obra trata sobre la justicia, el alma, la educación, la política y la ciudad ideal. El libro VII, además, incluye la célebre alegoría de la caverna y recomienda una exigente formación intelectual para quienes deben gobernar.
En ese contexto, la frase sobre el juego –más propia de un tratado pedagógico al estilo de María Montessori– resulta no poco llamativa. Y sin embargo, tiene todo el sentido, pues Sócrates defiende que el estudio impuesto por la fuerza no permite conocer bien al niño, que habrá de ser un hombre el día de mañana. En cambio, el juego revela sus inclinaciones, sus talentos naturales y las disposiciones íntimas que la presión puede ocultar.
Y no es que se trate de abandonar la exigencia, porque en la misma obra, Platón propone una educación rigurosa. Sin embargo, también reconoce que la primera aproximación al aprendizaje debe respetar la naturaleza del niño.
Aprender sin apagar el deseo
El juego verdadero, insisten otros pensadores contemporáneos como Catherine L'Ecuyer, no es evasión: es exploración, ensayo, imaginación, movimiento libre, capacidad de asombro y disposición para el descubrimiento de los propios talentos. Por eso, a través de él, el niño muestra de forma innata qué le atrae, qué capacidades se despiertan en él y qué modo de aprender necesita.
Por boca de Platón, Sócrates recuerda que la vocación que hace pleno al hombre no suele aparecer cuando se obliga al niño a rendir o a ajustarse a unos estándares académicos, sino que se descubre cuando se le permite jugar, seriamente, con el mundo.