Ha pasado de ser una joya local a convertirse en su refugio familiar por excelencia
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El pueblo español costero donde veranea Vicente Vallés
Un pequeño rincón en el sureste de Tenerife se ha convertido en el destino favorito del periodista y su familia
Cada uno guarda en secreto un lugar especial para desconectar, y Vicente Vallés, uno de los rostros más reconocibles del periodismo televisivo en España, no es la excepción. Junto a su pareja —y también periodista— Ángeles Blanco, y su hijo Daniel, han recorrido medio mundo... pero fue en Canarias donde decidieron quedarse un poco más. En concreto, en Abades, un pequeño enclave costero en Tenerife que ha pasado de ser una joya local a convertirse en su refugio familiar por excelencia.
Según ha contado en alguna entrevista, lo que comenzó como una escapada cualquiera, se convirtió en costumbre. «Lo pasamos tan bien que decidimos buscar un lugar al que poder volver con frecuencia. Y lo encontramos en Abades» (también conocido como Los Abriguitos), relataba Vallés. Y no es difícil entender por qué.
Ubicado en el sureste de Tenerife, a solo 12 minutos del aeropuerto, pertenece al municipio de Arico y es, ante todo, un pueblo donde el tiempo parece moverse en modo avión: apagado. Tranquilidad absoluta, calas volcánicas, buceo, senderismo y una sensación permanente de que la prisa se quedó en tierra firme.
No es un destino turístico de postal ni falta que le hace. Precisamente ese aire auténtico es lo que seduce. Calles de casas blancas, cero aglomeraciones, chiringuitos donde el pescado llega directo del mar al plato y un clima que no entiende de estaciones. Los locales lo saben bien: la playa principal —de arena negra y callaos— es un remanso sin pretensiones, con un rincón nudista incluido para quienes buscan libertad total. El oleaje es moderado, la brisa constante y las puestas de sol, sencillamente memorables. En pleno julio, cuando el sol aprieta durante el día y las noches se vuelven agradables, la zona se llena de vida con las celebraciones dedicadas a la Virgen del Carmen.
El coste de vida aquí, como todo en Canarias, resulta razonable si se compara con otros destinos más turísticos. Un menú típico con papas arrugás, pulpo a la brasa o vieja (sí, ese pescado delicioso que solo aquí se disfruta como se debe) no arruina ninguna economía.
Sanatorio de Abades, también llamado el «sanatorio fantasma»
Y si hablamos de vistas… imposible no mencionar el Sanatorio de Abades, también llamado «el sanatorio fantasma». Es un antiguo complejo que iba a ser hospital para leprosos en los años 40, cuando la lepra aún era una amenaza real en las islas. No llegó a inaugurarse: la medicina avanzó más rápido que el cemento, y los enfermos nunca llegaron. Más tarde fue cuartel militar y hoy es un lugar abandonado, lleno de grafitis, historia, y cierto aire de película distópica que atrae a fotógrafos y curiosos. Aunque el acceso está prohibido por seguridad, muchos se acercan a verlo desde fuera. Un sanatorio sin pacientes, pero con mucho que contar.
No es un destino de postal plagado de turistas
Con poco más de 800 habitantes, este pueblo tranquilo ha duplicado su población en los últimos 20 años. Aquí conviven canarios de toda la vida con europeos —sobre todo alemanes— que buscan sol permanente y una vida tranquila. Algunos lo usan como segunda residencia, otros se quedan para siempre.
Vicente Vallés, que creció en una calle de barrio en Vallecas, disfruta hoy de un refugio soleado donde el mar le recuerda que hay cosas más importantes que los informativos. «Canarias es siempre el destino al que reservamos unos días», confiesa. Y aunque en invierno se escapan a Alemania o Suiza, en verano no hay duda: toca volver al paraíso.