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Diamante Florentino

El Diamante Florentino, de 137 quilates, una de las gemas más importantes de la historiaA.E.Köchert

Primicia

Aparecen las joyas de Zita, última Emperatriz de Austria, en una maleta en Canadá después de un siglo

En el tesoro está el diamante Florentino, considerado una de las gemas más importantes de la historia y otras joyas de la Emperatriz María Teresa, la Reina María Antonieta y el Emperador Francisco I

Nos encontramos ante una de las historias más fascinantes del siglo XXI. Tanto por la relevancia de sus protagonistas como por el valor incalculable de lo recuperado. Después de más de cien años en paradero desconocido, se han encontrado las joyas de Zita de Borbón-Parma, última Emperatriz de Austria y Reina de Hungría, según han podido saber de fuentes oficiales de la familia The New York Times y El Debate. Durante largas décadas el lote permanecía en el interior de una maleta depositada en una caja fuerte de un banco de Canadá, después de un viaje que empezó en Viena en 1918 y terminó en una caja de seguridad de un banco en Quebec en 1940. Entre los artículos recuperados se encuentra el diamante Florentino, una de las gemas más célebres de la historia, o una venera de la Orden del Toisón de Oro con incrustaciones de diamantes que era la que llevó el Emperador Carlos en su capilla ardiente en Madeira.

Las joyas como estaban en la maleta de la Emperatriz Zita

Las joyas con el papel que las envolvía en la maleta de la Emperatriz ZitaA.E.Köchert

Durante su huida de la persecución del régimen nazi al estallar la Segunda Guerra Mundial, los miembros de la familia Habsburgo, una de las dinastías más influyentes y longevas de la historia europea, lograron salvar importantes piezas de las joyas familiares y ponerlas a buen recaudo en Quebec en 1940. Desde entonces, las joyas se han conservado en ese país. Tras salir de Austria vivieron en Suiza y tras el fallido intento de restauración en Hungría fueron deportados a Madeira. La Emperatriz siempre llevó en su pequeño equipaje una maleta con sus joyas que tras la muerte del Emperador Carlos en Madeira, el 1 de abril de 1922, fueron traidas a España. La Familia Imperial se instaló primero en el Palacio de El Pardo. Allí Zita dio a luz a una hija póstuma del Emperador, la Archiduquesa Isabel. Después se asentaron en una villa en Lequeitio (Vizcaya) durante siete años. En 1929 se trasladan a Steenokkerzeel en Bélgica para que el primogénito, el Archiduque Otto, estudiara en la Universidad de Lovaina. Más tarde van a París antes de viajar a Canadá tras estallar la Segunda Guerra Mundial. La Emperatriz siempre llevó las joyas con ella.

Zita de Bourbon-Parme (1892-1989), impératrice d'Autriche, femme de Charles Ier.   RV-068121 (Photo by © Collection Roger-Viollet / Roger-Viollet via AFP)

La Emperatriz Zita (1892-1989)Roger-Viollet via AFP

En reconocimiento a la importancia cultural e histórica de las joyas recuperadas, los descendientes directos de la Familia Imperial han decidido que se expondrán durante seis meses en algún museo de Canadá y posteriormente volverán a depositarse en una caja fuerte. En ningún caso las venderán. «Como descendientes del Emperador Carlos I y la Emperatriz Zita, nos sentimos profundamente orgullosos y honrados de compartir con el público nuestras joyas privadas, de gran valor cultural e histórico. Deseamos expresar nuestra gratitud al pueblo de Canadá, que brindó refugio a nuestra familia y a nuestro patrimonio en 1940, protegiéndolos de circunstancias sumamente difíciles. En agradecimiento a este país y a su gente, nos complace exhibir las joyas familiares preservadas en Canadá, donde han encontrado un nuevo hogar», declara su nieto el Archiduque Carlos, jefe de la Casa Imperial.

Venera del Toisón de Oro del Emperador Carlos I

Venera del Toisón de Oro del Emperador Carlos I que llevaba en su capilla ardiente en MadeiraA.E.Köchert

Las joyas de la Emperatriz viajaron durante el siglo XX por medio mundo. Cuando Zita de Borbón-Parma y el Emperador Carlos partieron hacia el exilio huyendo de Austria e instalándose en Suiza se llevaron algunas de sus joyas privadas. En 1921 se desató una pugna, pues el Gobierno austriaco pidió a Suiza que forzasen al matrimonio a devolver las joyas alegando que habían sido expropiadas. El gobierno suizo no les contestó, pues en aquel momento el Emperador tenía el derecho a llevarse sus joyas como Rey de Hungría. La ley de expropiación se aprueba cuando ellos y las joyas ya estaban en Suiza, por lo que no aplica.

El Archiduque Carlos y el joyero Christoph Köchert que ha estudiado las piezas recuperadas. Su familia fueron joyeros de la corte e hicieron algunas

El Archiduque Carlos y el joyero Christoph Köchert que ha estudiado las piezas recuperadas alguna de las cueles hizo su familia: eran joyeros de la cortePrivatkanzlei Habsburg/Matthias Dolenc

En 1940, la Emperatriz Zita recaló en Canadá y depositó la maleta en una caja fuerte para que permaneciera oculta y a salvo de las amenazas contra su familia. Pidió a sus herederos que hasta cien años después de la muerte del Emperador Carlos, el 1 de abril de 1922, en Madeira, nadie supiese de su paradero. Los cien años ya se cumplieron.

La Familia Imperial ante villa San José en Canadá

La Familia Imperial ante Villa San José en Canadá. De derecha a izquierda la Emperatriz Zita, los Archiduques Rodolfo, Adelhaida, Carlos-Luis, y Otto. Delante Isabel.Privatkanzlei Habsburg

«Yo no sabía esto. No había escuchado nunca la historia de la maleta. No tenía ni idea», explica el Archiduque Carlos, en conversación con El Debate. Hay que tener en cuenta que muchos bancos ya no tienen cajas de fuertes porque no es su negocio, y no permiten utilizarlas si no saben lo que hay dentro. La negociación con el banco la llevaron los Archiduques Lorenzo de Austria-Este y Simeón.

Mariage de l'archiduc Charles, futur Charles Ier d'Autriche (1887-1922) et de Zita de Bourbon-Parme (1892-1989), en 1911. A droite, l'empereur d'Autriche, François-Joseph Ier (1830-1916).     RV-745361 (Photo by © Collection Roger-Viollet / Roger-Viollet via AFP)

Matrimonio de los futuros Emperadores Carlos y Zita en 1911 con el emperador Francisco José a la derecha.Roger-Viollet via AFP

La propiedad de las joyas quedará bajo el control de un fideicomiso canadiense, siendo beneficiarios todos los descendientes de Zita hasta la segunda generación, por lo que son unos 33 beneficiarios. La Familia Imperial asume que habrá mucha polémica. Algunos pedirán la vuelta de las joyas de la corona. Pero consideran estas joyas parte de la propiedad privada de la familia.

La Familia Imperial tiene claro que la reaparición de estas joyas va a ser cuestionada, pero han hecho mucho trabajo legal. Es previsible que habrá preguntas parlamentarias pidiendo al Gobierno de Austria que se demande a la familia o al Estado canadiense. No sería de extrañar que la respuesta austriaca sea que se encargue al Ministerio de Justicia una investigación. Y que tras una larga valoración acaben concluyendo que no hay motivos para demandar a la Familia Imperial. Porque si lo hicieran y perdiesen, habría razón para reabrir muchos otros casos sobre las propiedades que fueron expropiadas la familia Habsburgo y que Austria cree que están cerrados.

Las joyas encontradas

Diamante El Florentino de 137,17 quilates con cuatro partes que conforman un alfiler de sombrero. El diamante florentino está montado con diamantes y tiene tres partes adyacentes que están montadas con diamantes de talla antigua
Gran lazo: Diamantes de talla antigua y un gran zafiro amarillo
Alfiler de sombrero (Kalpak) con los colores nacionales húngaros: esmeraldas, rubíes y diamantes
Alfiler de sombrero (Kalpak) con rosas de diamante sobre oro y esmalte
Joya en tres piezas: tres zafiros amarillos con diamantes de talla antigua
Reloj incrustado en una gran esmeralda en forma de pera con un cierre en forma de esmeralda facetada, diamantes de talla antigua y esmeraldas
Lazo de cuatro partes con los colores nacionales húngaros: rubíes, esmeraldas y diamantes

Llegados a este punto del relato, uno se pregunta, por supuesto, por el valor del lote de las joyas. «No podemos estimarlo». Si lo vemos desde el valor emocional, el Archiduque Carlos menciona dos. La venera con diamantes del Toisón de Oro que llevó su abuelo el Emperador en su capilla ardiente en Madeira. Y los dos regalos que le dio María Teresa a María Antonieta.

Sin olvidar la historia del diamante El Florentino, considerado una de las gemas más importantes de la historia. «Todo el que lo toca tiene mala suerte», bromea el Archiduque. Esta joya pasó a ser posesión de los Habsburgo cuando, con la extinción de la línea masculina de los Medici, Toscana pasó al duque de Lorena, Francisco Esteban, quien se había casado con la Archiduquesa María Teresa de Austria en 1736. El Tratado de Viena de 1738 confirmó la transferencia de Toscana en su totalidad a Francisco Esteban, quien, a cambio, renunció a su título del Ducado de Lorena y fue, con el apoyo de su esposa, coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1745. El diamante se integró posteriormente en un broche. Y figuraba como desaparecido desde hace décadas.

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