Álvaro Vargas Llosa con sus padres
Así será el gran homenaje a Mario Vargas Llosa que prepara su hijo mayor en Madrid
El próximo 13 de abril será el primer gran homenaje a Mario Vargas Llosa tras su muerte con escritores, artistas e intelectuales
El próximo 14 de abril se cumple un año de la muerte de Mario Vargas Llosa. Apenas unas semanas antes, el 23 de marzo, el escritor habría cumplido 90 años. Ese día, su hijo Álvaro Vargas Llosa compartió en redes sociales una imagen familiar junto a sus padres. Los tres, sentados en un sofá, en una escena sencilla. El mensaje era breve, «90», una felicitación al cielo que decía mucho más de lo que parecía.
Un año después, la sensación es clara. El escritor sigue muy presente. No solo por su obra, sino por lo que representó. Fue una de las grandes voces del boom latinoamericano, un escritor incómodo, libre y siempre dispuesto a debatir. Murió en Lima a los 89 años, tras varios problemas de salud, pero su legado continúa muy vivo.
Madrid, ciudad importante en su vida, acogerá uno de los homenajes principales. Será en el Ateneo de Madrid, un lugar con una larga tradición cultural. Por sus salas han pasado generaciones de escritores y pensadores, y la palabra siempre ha tenido allí un peso especial. No es un escenario elegido al azar, sino uno que encaja con la trayectoria del Nobel.
El acto se celebrará el 13 de abril por la tarde. No será un homenaje grandilocuente, sino algo más cercano. Se leerán textos del propio Vargas Llosa para recorrer su vida y su obra. Participarán nombres como José Sacristán o la crítica Mercedes Monmany, entre otros. La idea es sencilla. Que hablen sus palabras.
Detrás de todo está su hijo, Álvaro, que ha asumido un papel clave tanto en la organización como en la difusión del homenaje. Ha sido él quien ha compartido en redes sociales el cartel del acto, una imagen sobria en tonos azules donde aparece el perfil del escritor en forma de silueta. Sobre ese fondo destaca el título «Homenaje a Mario Vargas Llosa» y un subtítulo que resume bien el espíritu del encuentro, «La vida de Vargas Llosa, a través de su obra». En el cartel figuran también la fecha, la hora, el lugar y los nombres de los participantes.
En este último año, Álvaro Vargas Llosa ha mantenido viva la memoria de su padre con discreción. Ha compartido algunos recuerdos que ayudan a entender mejor cómo fueron sus últimos días. También ha hablado de la relación entre ambos, especialmente en ese tramo final. Recordó, por ejemplo, los paseos después de comer. Decía que se convirtieron en algo especial, en una forma de acompañarle. Era el momento más esperado del día. Fue una etapa dura, pero también bonita, marcada por la cercanía familiar.
En esos últimos días aparece una imagen distinta del literato peruano más público. Más tranquilo, más íntimo. Hubo lecturas en voz alta, música clásica, con Beethoven y Mahler, y también canciones criollas. La familia estuvo presente en todo momento.
Ese contraste ayuda a entender mejor quién fue. Un escritor muy activo en la vida pública, pero también alguien que, al final, encontró calma en lo sencillo. Nunca entendió la literatura como refugio, sino como una forma de enfrentarse a la realidad. Escribió sobre el poder, la libertad y las contradicciones humanas, y lo hizo para generaciones de lectores.
Sus cenizas descansan en Lima, en el Panteón de Próceres y Personajes Ilustres del Cementerio General de Miraflores. Pero su presencia sigue en sus libros. Un año después, el homenaje del Ateneo no es un cierre. Es otra forma de recordarlo y de seguir leyéndolo.