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Roca Rey y su hermano

Roca Rey y su hermano mayorInstagram

La familia de Roca Rey: del hermano torero al que triunfa en las finanzas

Tres hermanos, tres caminos muy distintos y un mismo punto de partida: el toro

Si hay un nombre que no deja de sonar, dentro y fuera de la plaza, ese es el de Andrés Roca Rey. Aún no ha cumplido los 30 años, pero ya es una de las grandes figuras del toreo y también un rostro cada vez más presente en la crónica social. En los últimos días, además, su nombre ha vuelto a colarse en titulares no solo por lo que ocurre en el ruedo, sino por su sintonía cada vez menos disimulada con Tana Rivera, hija de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo, una relación que ya pocos consideran casual.

Pero más allá de ese foco mediático, su historia se entiende mejor si se mira al origen. Porque en su caso el toro no es casualidad, es tradición. Nació en Lima en una familia donde la tauromaquia forma parte del día a día: su abuelo fue administrador de la plaza de toros de la ciudad y su tío destacó como rejoneador. Creció, por tanto, rodeado de ese ambiente, en el que lo raro habría sido no acabar vinculado al mundo del toro.

Aun así, lo suyo no fue solo seguir el camino, sino marcar el suyo propio. En 2015, con apenas 19 años, debutó como novillero en Las Ventas y dejó claro desde el principio que no venía a probar suerte, sino a quedarse.

Y si hay una figura clave para entender ese camino, es su hermano mayor, Fernando Roca Rey (Fernando Adolfo Roca Rey Valdez). Diez años mayor que Andrés, fue el primero en ponerse delante del toro y el gran referente en casa. Matador de toros, tomó la alternativa en 2005 en la Plaza de Acho y desarrolló su carrera principalmente en Perú, en un contexto mucho más duro y menos visible que el actual. Plazas exigentes, pocos medios y una forma de vivir el toreo muy sacrificada. Andrés siempre lo ha reconocido con admiración: «Un torero hecho en carreteras de tierra y a muchos metros sobre el nivel del mar, a veces en plazas sin enfermería y muchísimas veces ni doctores… algo que me transmitiste desde que era un niño».

Los hermanos Roca Rey

Los hermanos Roca Rey

Se retiró tras 17 años en activo, en una despedida especialmente emotiva para toda la familia. Andrés le dedicó entonces unas palabras muy significativas: «Con lágrimas en los ojos te estoy escribiendo estas líneas días antes de tu despedida…». Pero su relación no se quedó en lo personal. En 2024, su hermano mayor pasó a ser también su apoderado, es decir, la persona encargada de dirigir su carrera. Fue una etapa importante, marcada por la confianza absoluta entre ambos, aunque en 2025 decidieron separar sus caminos profesionales, siempre desde el respeto. Actualmente, la carrera de Andrés está en manos de Luis Manuel Lozano, perteneciente a una de las familias más reconocidas del mundo del toro.

Más allá del trabajo, lo que sigue intacto es su relación personal. Comparten aficiones como el golf, una de sus grandes vías de desconexión, y siempre que pueden se escapan al Lima Golf Club, uno de los más exclusivos de Perú. Esa complicidad también se ha visto recientemente en España, donde hace solo unos días el mayor de los Roca Rey celebraba su 40 cumpleaños en Bilbao, en una cita muy especial en la que estuvo acompañado por su entorno más cercano, incluida su pareja, Bea Guzmán Velasco, y por el propio Andrés.

Además, como curiosidad, los tres hermanos mantienen una relación muy cercana. El mayor suele referirse a Andrés como «el arma secreta», en alusión a su fortaleza dentro y fuera de la plaza, mientras que a Juan José le llama «el finanzas», reflejando su perfil más empresarial y discreto. Dos apodos que, más allá de la anécdota, dicen mucho de la complicidad que existe entre ellos.

Juan José Roca Rey

Juan José Roca Rey

Porque Juan va en la dirección opuesta al foco mediático. Ingeniero industrial, formado en la Universidad de Lima y con un máster en marketing, ha desarrollado su carrera en el mundo empresarial y actualmente trabaja en una fintech peruana con presencia en varios países de Latinoamérica. Su vida va por otro lado, pero no por ello es menos interesante. Desde joven escribe, primero como una forma de desahogo y después como una vocación más clara. «En el colegio nos regalaron unas libretitas y nunca dejé de escribir», ha contado. Con el tiempo, ha publicado un poemario y una novela por entregas, manteniéndose siempre en un segundo plano, con redes sociales cerradas y lejos de la exposición mediática.

De hecho, su camino no fue el que muchos esperaban dentro de una familia tan marcada por la tauromaquia. Él mismo lo ha explicado con bastante sinceridad cuando le preguntan por ello: «Yo de chico me aburría con eso, no me llamaba la atención. Estudié ingeniería industrial por el simple hecho de que no sabía qué hacer y porque era bueno en matemáticas. Sabía que lo mío estaba por otro lado. Entonces, me fui de ahí para intentar hacer lo mío, eso que aún no tenía claro, pero que era mío finalmente».

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