Julen Guerrero, con su hijo
Quiénes son los hijos de Julen Guerrero, en los que se apoya tras la muerte de su mujer
Julen Guerrero atraviesa el momento más duro de su vida. La muerte de su mujer, Elsa Landabaso, a los 52 años, ha dejado al exfutbolista del Athletic Club en una situación profundamente delicada, sostenido ahora, sobre todo, por sus dos hijos: Karla y Julen Jon. Son ellos quienes se han convertido en su principal apoyo en este duelo que la familia está viviendo con la misma reserva que siempre ha marcado su vida.
Porque si algo ha definido a los Guerrero-Landabaso es precisamente eso: la intimidad. Lejos del ruido mediático que acompañó a Julen en su etapa como estrella del fútbol español en los años 90, su vida personal siempre ha transcurrido en un segundo plano. Su historia con Elsa fue así desde el principio. Se casaron el 1 de enero del año 2000 en Derio, en una ceremonia casi secreta, sin imágenes, sin titulares. Y así han vivido durante 26 años: sin exhibirse, sin alimentar el interés público más allá de lo imprescindible.
En ese contexto han crecido sus dos hijos, también al margen del escaparate. Karla, la mayor, tiene 25 años y representa ese perfil tranquilo que, sin embargo, esconde una trayectoria muy sólida. Ingeniera industrial, formada en la Universidad Pontificia de Comillas, completó sus estudios con un máster en gestión de proyectos de innovación en Praga. Hoy trabaja en el País Vasco en el sector industrial, en una empresa especializada en sistemas de almacenaje. Su vida está enfocada en lo profesional. Apenas exposición pública, más allá de su perfil en LinkedIn, donde se muestra como una joven preparada, con buena formación, idiomas y una carrera bien encaminada. Morena, de sonrisa abierta y estilo sencillo, encarna esa idea de normalidad que la familia siempre ha buscado.
Julen Jon Guerrero
Muy distinto es el camino de su hermano, Julen Jon, de 22 años, que ya suma su quinto equipo en apenas dos años y medio desde que salió de la cantera del Real Madrid. Aun así, comparte un rasgo con su padre: no ha hecho de su apellido un altavoz. Ha seguido sus pasos en el fútbol, sí, pero tratando de construir su propio recorrido. Se formó en canteras exigentes como las del Málaga, el Real Madrid o el Alavés, y actualmente juega en el Getafe B. Su carrera todavía está en desarrollo, marcada por cesiones, aprendizaje y la búsqueda de minutos. Físicamente recuerda mucho a Julen Guerrero en sus años jóvenes, que con su cuerpo musculado y su media melena rubia se convirtió en un auténtico ídolo en los años 90. Tal fue la pasión que despertaba entre sus fans que, según se contó en su momento, una seguidora llegó a esconderse en un cesto de ropa sucia en el hotel para sorprenderle. Aun así, su padre siempre ha insistido en marcar distancias: está orgulloso, le apoya, pero no le compara. Quiere que tenga su propio camino.
Ambos han crecido sabiendo lo que significa tener un padre famoso, pero sin aprovecharlo. Sin redes, sin titulares, sin exposición constante. Y es precisamente esa forma de estar en el mundo la que hoy define también cómo están afrontando la pérdida.
Porque la enfermedad de Elsa también se llevó con la misma discreción. Durante años, la familia convivió con ella sin hacerla pública, sin convertirla en noticia.