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Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez, en una imagen de archivo

Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez, en una imagen de archivo

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​La nueva mansión de 60 millones de Cristiano Ronaldo: en Cascais, con bolera y piscina de cristal

La residencia, cuya obra arrancó en 2019, consta de 5.000 metros cuadrados

A veces, el mejor remedio para un mal momento profesional es un buen refugio. Tras un verano deportivamente gris y con el eco de sus últimas lágrimas con la derrota de la selección portuguesa frente a la española, Cristiano Ronaldo ha decidido que la mejor respuesta al ruido es el aislamiento más absoluto. Y lo ha hecho a su manera: inaugurando, por fin, su imponente mansión de 60 millones de euros en la Quinta da Marinha.

Cristiano y Georgina en una foto subida a sus redes sociales

Cristiano y Georgina en una foto subida a sus redes socialesInstagram

El proyecto, que arrancó en 2019 y ha mantenido en vilo a la exclusivísima costa de Cascais por sus eternas reformas, es la escenificación física de una retirada anunciada. En esos 5.000 metros cuadrados construidos —rodeados de una privacidad que roza la obsesión—, el astro portugués no ha levantado una casa; ha construido su propia corte.

Basta con asomarse, a través de la rendija digital que Georgina Rodríguez dosifica en sus redes sociales, para entender el concepto. Mientras el futbolista busca en el gimnasio de última generación el elixir de la eterna juventud, la vida familiar se articula en torno a un ocio casi cinematográfico. Una bolera privada donde ya juegan los niños, un cine propio y esa piscina de cristal que conecta el interior con el exterior son los nuevos escenarios de lo que ya podríamos llamar «el universo Georgina».

La propiedad cuenta, por supuesto, con las excentricidades propias de quien no conoce límites presupuestarios: desde un garaje subterráneo preparado para albergar una flota de más de veinte superdeportivos hasta un acceso directo y privado a la arena de la playa.

Historia subida a la cuenta de Georgina en Instagram

Historia subida a la cuenta de Georgina en Instagram

Pero más allá del mármol italiano, la domótica y los sutiles detalles en oro que decoran las estancias, lo que verdaderamente revela esta impresionante fortaleza atlántica es un cambio de ciclo. Cristiano ya no necesita conquistar estadios; ahora le basta con gobernar su propio reino de piedra y cristal, frente a un océano que, al menos a él, nunca le va a pedir explicaciones.

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