03 de octubre de 2022

Retrato de Hasekura Tsunenaga en Roma de Archita Ricci (1615)

Retrato de Hasekura Tsunenaga en Roma de Archita Ricci (1615)

La embajada de Keicho, el inicio de las relaciones diplomáticas entre Japón y España

Luis Sotelo y Daté Masamune idearon esta embajada como un método de satisfacer sus ambiciones. El primero para establecer una diócesis en Japón y el segundo para establecer relaciones comerciales con Nueva España y Europa

¿Qué relación tienen un árbitro de fútbol español, un samurái y un pueblo sevillano? La mayoría de nosotros diríamos que ninguna. Una pista: el árbitro de fútbol es el ya retirado José Japón Sevilla, el samurái es Hasekura Tsunenaga, y el pueblo es Coria del Río.
Lo que los une es la considerada primera embajada diplomática oficial entre Japón y España, conocida como «Embajada Keicho» (1613-1620).
Para comprender los motivos de este viaje debemos remontarnos al inicio del «periodo Edo» japonés (1603-1868). Cuando una misión comercial recalaba en un puerto japonés, su feudo obtenía grandes beneficios. Los que decidían a qué puerto debían llegar dichos barcos eran los jesuitas, que llegaron a la isla en misión evangelizadora a mediados del siglo XVI. Con el objetivo de obtener beneficios, uno de los señores feudales o «daimyo» de la zona noreste, Daté Masamune, autorizó a los misioneros españoles a predicar en su feudo. Conocerá al franciscano fray Luis Sotelo, monje sevillano hijo del regidor del Cabildo, y se convertirá al cristianismo, permitiendo, mediante decreto, la conversión a todo el que quisiera.

Un viaje de Asia a Europa

Sotelo planeó una embajada a España y Roma para solicitar el envío de más sacerdotes franciscanos a Japón. Sin embargo, probablemente su verdadera intención era pedirle al papa, Paulo V, la creación de una nueva diócesis en la que él mismo sería obispo. Masamune aprovechó la ocasión y financó la expedición a cambio de introducir una petición de relaciones comerciales con Nueva España y Europa. Pidió permiso al shogun de Japón, Tokugawa Ieyasu. Cabe destacar que el shogun es el jefe del gobierno de Japón y que por encima está el emperador, sin embargo, el poder de facto lo ostenta el primero.
El nombre de la expedición sería «Embajada Keicho», tomando el apelativo de la era japonesa en la que se produce, de octubre de 1596 a julio de 1615, y que estaría a cargo del hombre de confianza del daimyo, el samurái Hasekura Rocuyemon Tsunenaga.
El barco, San Juan Bautista, zarparía el 28 de octubre de 1613, con una comitiva de aproximadamente 150 japoneses, además de Hasekura, Sotelo, y otros españoles. Aprovechando la corriente marina del Kuroshio, su primer destino fue Nueva España, pasando por California, Acapulco y ciudad de México. Allí tuvieron noticias del cambio en la política religiosa que tomó el shogun, prohibiendo el cristianismo y desterrando a los cristianos. Con esto, la embajada perdía totalmente su carácter oficial, ya que solo representaba los intereses personales de un señor feudal, sin respaldo del shogun.
Aún así, Sotelo y Hasekura pidieron permiso al virrey para continuar su camino hacia España, dándoles el visto bueno. Con ellos solo continuarán unos 30 japoneses más ya que, por miedo, el resto regresó a su país.
El 5 de octubre de 1614 llegaron a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde fueron recibidos por el duque de Medina Sidonia. Desde allí remontaron el Guadalquivir hasta llegar al pueblo sevillano Coria del Río, donde aguardaron unos días hasta ser recibidos en Sevilla, entre grandes festejos, por el alcalde, el Cabildo y las autoridades eclesiásticas. Fueron alojados en el Alcázar, corriendo la ciudad con todos los gastos, algo que sería criticado debido a las dificultades económicas por las que esta pasaba.
El trayectorio que hizo Hasekura y Sotelo durante la Embajada Keicho

Parte del recorrido que hizo Hasekura y Sotelo durante la Embajada Keicho

El 25 de noviembre, tras los correspondientes permisos reales, se puso en marcha la comitiva y, después de visitar Córdoba y Toledo, llegaron a Madrid el 20 de diciembre y se alojaron en el convento de San Francisco. Sin embargo, ya habían llegado noticias de lo que sucedía en Japón, por lo que, al representar solo a un gran señor a título personal, el Rey, Felipe III, no hizo más que responder con convencionalismos protocolarios y dándoles permiso para continuar su marcha hasta Roma. El único hecho destacable fue el bautismo de Hasekura en las Descalzas Reales.
El 3 de noviembre de 1615, el papa Paulo V los recibió en audiencia en Roma. Allí, se le concedió a Hasekura el título de ciudadano y senador de Roma. Sin embargo, en el Vaticano ya estaban prevenidos (por parte del embajador y del nuncio español) de la situación legal e intenciones de la embajada japonesa, por lo que todo lo que se realizó fueron vanas promesas que nunca se concretaron.

El fracaso de la embajada

En enero de 1616 partieron hacia Madrid, pero se les informó de la decisión real de que marchasen a Sevilla para partir inmediatamente hacia Nueva España, pero Hasekura, Sotelo y algunos más, enfermaron y tuvieron que permanecer en Espartinas y Coria del Río, donde intentaron acceder de nuevo a sus pretensiones en vano.  
Tras las presiones del Consejo de Indias ante el gasto que suponía su estancia, partieron en julio de 1917, dirección Nueva España y, desde allí, a Filipinas, a instancia de su gobernador. Hasekura llegaría a Japón en 1620 y moriría dos años después. Sotelo regresó en 1622, saltándose la prohibición de ir a Japón por lo que fue entregado a las autoridades, encarcelado y martirizado en la hoguera en 1624. 
Luis Sotelo hablando con Hasekura Tsunenaga y otros miembros de la embajada de Japón en Roma

Luis Sotelo hablando con Hasekura Tsunenaga y otros miembros de la embajada de Japón en Roma

Como resultado de esta embajada, se cree que en el pueblo de Coria del Río se quedaron algunos japoneses del séquito, ya que las fuentes no concuerdan entre el número de los que llegaron y de los que se fueron. De ahí procedería el apellido Japón, originario de este pueblo y que tomarán por la dificultad de pronunciar el japonés. Muestra de ello es que, en su Archivo Municipal, el primer Japón se localiza en 1647. Y de ahí nuestra relación entre el árbitro José Japón Sevilla, Coria del Río, y el samurái Hasekura.
En conclusión, el fracaso de esta embajada hay que entenderla en el contexto de la instauración del shogunato Tokugawa en Japón, que pretendía una unificación nacional donde no encajaba una religión contraria a las tradiciones y creencias propias, considerándolas peligrosas. Sin ir más lejos, la unificación religiosa como base de la unificación nacional no es algo exclusivo del Japón de esta época, en nuestro país se producirá con los Reyes Católicos hasta la última expulsión de los moriscos en 1613, con el propio Felipe III.
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