03 de octubre de 2022

Fotograma de la película 'M, el vampiro de Düsseldorf'

Fotograma de la película 'M, el vampiro de Düsseldorf'

Peter Kürten o 'M, el vampiro de Düsseldorf'

Los crímenes cometidos por el asesino en serie fueron llevados a la gran pantalla como aviso para mantener una mayor vigilancia sobre los hijos

Cuando en 1931 el director de cine Fritz Lang estrenó la película M, abreviatura de Mörder –traducida en España como El vampiro de Düsseldorf– su protagonista estaba a punto de ser ejecutado. Peter Lorre encarnó a Peter Kürten, un personaje siniestro que provocó el terror en esta ciudad alemana. La trama de la película era la siguiente.
Alguien estaba asesinado a los niños en una ciudad alemana. La búsqueda policíaca era tan intensa que perturbaba los trapicheos de los delincuentes comunes. Así que estos deciden ayudar a encontrar al asesino para volver a la normalidad. Aunque la película se basó en los crímenes cometidos por Kürten, la historia se aleja de la realidad. Lo que quería Lang, como exclama Elsie, es que «uno debe mantener una mayor vigilancia sobre los infantes. Cada uno de ustedes».
M es una obra maestra de Fritz Lang y Peter Lorre hace uno de las mejores interpretaciones. Pero, ¿quién fue Peter Kürten y qué crímenes cometió?

A los nueve años cometió su primer crimen

Peter Kürten nació el 26 de mayo de 1883 en Mülheim (Colonia). Era hijo de una familia extremadamente pobre. Su padre era un alcohólico que estaba en paro. Los 13 hermanos pudieron contemplar como maltrataba a la madre y violaba a sus hijas pequeñas.
Foto policial de Kürten en 1921

Foto policial de Kürten en 1921

A los nueve años cometió su primer asesinato. Dejó que dos compañeros suyos, de cinco años, se ahogaran en el Rin. El 13 de mayo de 1913 entró en la taberna que regentaba Peter Klein. En una de las habitaciones estaba Khristine Klein, una niña de 10 años. Kürten la degolló y la violó.
En 1921 se marchó a Altenburg. Ahí conoció a una mujer de distinguida reputación y se casó con ella. Encontró trabajo y empezó una nueva vida. La mujer vivió los oscuros momentos de su marido como un castigo por su antigua existencia pecaminosa. Kürten se divorció y se casó con una prostituta. En 1925 regresó a Düsseldorf para reiniciar su carrera criminal.
Ese año se cruzó con Rosa Ohlijer, de ocho años. Le dio tres puñaladas con unas tijeras, bebió su sangre, y quemó el cuerpo con gasolina. El 15 de febrero de 1925 atacó a Frau Kühn. Le propinó 24 puñaladas. Al día siguiente apareció asesinado Scheer, un mecánico de 45 años al que le propinó 20 cuchilladas. En febrero de 1929, en Lierenfeld, asesinó a tres personas mientras miraban una casa en venta.
El 23 de agosto de 1929, durante la fiesta de aniversario de Flehe, dos niñas llamadas Gertrude Hamacher, de cinco años, y Louise Lenzen, de catorce años, fueron asesinadas. Estaban en la feria y decidieron marcharse a su casa. De entre los árboles apareció una sombra que las empezó a seguir. Minutos después Kürten las detenía y le dijo a Louise: «Por favor, consígueme algunos cigarrillos para mí. Mientras me ocuparé de tu pequeña hermana». Y así lo hizo. Le dio dinero y la joven se marchó. Kürten cogió a la pequeña Gertrude y la estranguló lentamente. Luego le cortó la garganta con una navaja de afeitar. Cuando regresó Louise corrió la misma surte. La estranguló y la decapitó.
El 24 de agosto de 1929 se acercó a una empleada de servicio doméstico, Gertrude Schulte, y la persuadió para mantener relaciones sexuales. Ella se negó y Kürten exclamó: «¡Muere!». La apuñaló, aunque no murió. En septiembre de 1929 violó y asesinó a una adolescente llamada Ida Renter. El 12 de octubre de 1929 Elizabeth Dorner murió asesinada. Días después, atacó con un martillo a Frau Meuer y Frau Wanders. El 7 de noviembre de 1929 Gertrude Alberman, de 45 años, desapareció. Entre febrero y mayo de 1930 aumentó el número de ataques, pero sin víctimas. La última persona asesinada por Kürten fue María Hah. Esta joven de veinte años murió a finales de 1929. La apuñaló veinte veces. Su intención era crucificarla. No lo hizo por el peso del cuerpo.

El 'vampiro' es detenido

El 14 de mayo de 1929 María Budlick, empleada doméstica, estaba en la estación de tren de Düsseldorf. Iba a Köoln para buscar trabajo. Kürten se le acercó y empezaron a hablar. Decidieron caminar. Cuando la conducía a un parque ella recordó los artículos aparecidos en la prensa. Se detuvo y dijo que regresaba a la estación. El insistió y empezaron a discutir. Un transeúnte se acercó para saber lo que sucedía. Mientras la mujer le pidió a ese hombre que la protegiera Kürten desapareció.
María Budlick se puso en contacto con la policía y condujo al inspector Gennat al número 71 de Mettmanner Strasse. Lo reconoció inmediatamente. Ahora la policía sabía que la persona que intentó abusar de ella se llamaba Peter Kürten. El conocido como «Vampiro de Düsseldorf» estaba acorralado. En breve fue detenido.
En la sala del juicio se construyó una jaula donde fue encerrado. Detrás colocaron objetos que conservaba: cráneos de sus víctimas y piezas del cuerpo. También expusieron cuchillos, cuerdas, tijeras y un martillo. En un primer momento negó las acusaciones. Solo quería que su mujer cobrara la recompensa. El doctor Wehner comentó: «Kürten es todo un misterio para mí. No puedo descifrarlo. No tiene una conducta en común con los demás asesinos en serie, Peter ha asesinado a hombres, a mujeres, a niños y a animales; ha matado a cualquier cosa que encontró». Dos meses después aceptó todos los cargos.
Tras una hora y media de deliberación el jurado dictó sentencia: culpable. Peter Kürten fue sentenciado a nueva penas de muerte. Se le acusó de nueve asesinatos, siete intentos frustrados y 80 agresiones sexuales.
En la prisión de Klingelputz se levantó una guillotina. El 2 de julio de 1931 fue decapitado. Antes de morir le preguntó al psiquiatra de la prisión: «Después de que mi cabeza se haya desprendido del cuerpo, ¿podré oír, por lo menos por un momento, el sonido de mi propia sangre cuando brote de mi cuello?». Se quedó en silencio y agregó: «Sería el mayor placer para terminar todos mis placeres».
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