25 de septiembre de 2022

Miguel Hidalgo y Costilla, líder de la Independencia de México

Miguel Hidalgo y Costilla, líder de la Independencia de MéxicoWikimedia Commons

Violencia y corrupción: el intento de independencia de Miguel Hidalgo, 'libertador' de México

Cada nación hispanoamericana cuenta con un mito fundacional basado en una o varias personalidades que blandieron su espada contra España, con mayor o menor fortuna: los Libertadores

Toca hablar de espadas de «libertadores». Surgen por doquier artículos y se realizan comentarios para todos los gustos y, sobre todo, para todas las opiniones. Como serpiente de verano la espada de Bolívar se ha infiltrado en la prensa con insistencia determinante. Aunque las espadas, por sí solas, dan para lo que dan, constituyen un poderoso símbolo, cuando se asocian a la personalidad de quienes las empuñaron. En el caso de los «Libertadores», este significativo símbolo se asocia con mitos más que con personas reales, con mixtificaciones, más que con realidades.
Cada nación hispanoamericana cuenta con un mito fundacional basado en una o varias personalidades que blandieron su espada contra España, con mayor o menor fortuna: los Libertadores. En el caso de Méjico el más significado, e idolatrado en la nación hermana, fue Miguel Hidalgo, sacerdote católico.
Conspirador conspicuo, protagonizó y dirigió la primera sublevación contra el poder virreinal de Nueva España en 1810. Con el pretexto de defender la religión católica y la autoridad de Fernando VII, amenazadas por los «infames españoles», partidarios de entregar México a los franceses y eliminar el catolicismo del pueblo mejicano. El movimiento pronto se transformó en un proceso anárquico y sanguinario, presidido por matanzas y saqueos contra personas inermes que Hidalgo nunca se esforzó en detener o siquiera limitar.
La rebelión pilló por sorpresa a las autoridades virreinales, que, como era habitual andaban escasas de medios y se extendió con rapidez, con la complicidad de jefes militares integrados en la conspiración, entre ellos el capitán Allende, de familia española que fue el primer jefe militar de los rebeldes.

Masacre de dimensiones inhumanas

Un poderoso ejército de más de 40.000 efectivos avanzó hacia la ciudad de Guanajuato, cuya reducida guarnición se acantonó en el gran edificio de la alhóndiga de Granaditas dando refugio a las familias de españoles y criollos realistas. En total unas 4.000 personas que fueron masacradas sin compasión una vez superada la brava resistencia de los defensores. La matanza indiscriminada, los saqueos y violaciones se extendieron al resto de la ciudad, sin consideraciones de sexo o edad. Este comportamiento de las fuerzas rebeldes, alentado por Hidalgo, se hizo habitual en sus sucesivas conquistas extendiendo el terror y la violencia por todo el norte de Nueva España.

La matanza indiscriminada, los saqueos y violaciones se extendieron al resto de la ciudad, sin consideraciones de sexo o edad

Nunca en la historia del Virreinato se había producido una masacre de las dimensiones inhumanas de la Alhóndiga de Guanajuato que levantó un muro de odio y violencia entre los dos bandos enfrentados. Algunos de los mandos militares rebeldes intentaron frenar aquella desastrosa evolución. Incluso varios, entre ellos Allende, planearon asesinar a Hidalgo después de las masacres sanguinarias que alentó tras la toma de la hermosa ciudad de Guadalajara, capital de La Nueva Galicia.
El combate de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato el 28 de septiembre de 1810, Óleo sobre tela, José Díaz del Castillo, 1910

El combate de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato el 28 de septiembre de 1810, Óleo sobre tela, José Díaz del Castillo, 1910

El avance de las fuerzas rebeldes, con sus apocalípticas consecuencias no arredró a los hombres que dirigían en aquel momento el gobierno novohispano. Como en casi toda América, el éxito inicial de los revolucionarios se topó con la obstinada resistencia de una gran parte de la población, dirigida por unas autoridades virreinales. En una situación dificilísima, con un gobierno metropolitano inerme e incapaz de enviar cualquier auxilio y el orden social arruinado, surgió una poderosa reacción, encabezada por hombres de gran temple, que afrontaron situaciones que parecían imposibles: Monteverde y Boves en Venezuela, Liniers y Martín de Alzaga en Buenos Aires, el Virrey Abascal en Perú, entre otros muchos. Guerreros de España. Bravos, firmes ante la adversidad, olvidados.

La batalla del Puente de Calderón

En México el poder virreinal demostró también estar a la altura de las circunstancias, utilizando con inteligencia los escasos medios existentes y la adhesión de una gran parte de la población se levantaron fuerzas, comparativamente escasas en número, pero dotadas de una mayor disciplina y combatividad que las abrumadoras masas rebeldes. Estas fuerzas consiguieron inicialmente frenar el aparentemente imparable avance de Hidalgo hacia la capital y posteriormente derrotarlas en un combate imposible y de dimensione épicas: La batalla del Puente de Calderón.
Se enfrentaron un ejército revolucionario, de dimensiones incalculables, pero que con toda probabilidad contaba con más de cien mil efectivos con unas fuerzas virreinales integradas tan solo por 6.500 soldados. Una inferioridad compensada por la mejor disciplina y encuadramiento de los realistas, como se demostró en el difícil y sangriento combate. Los rebeldes contaban además con una gran superioridad artillera, con un parque de alrededor de 100 cañones frente a los 10 escasos de que disponían los realistas.

La mejor organización de los realistas y el heroísmo de las tropas condujeron finalmente a una de las mayores victorias militares de la historia española

La dirección de las fuerzas virreinales correspondió al brigadier Felix María Calleja, recio castellano de Medina del Campo y a Manuel de Flon, intendente de Puebla, heroico pamplonica que cayó en la batalla después de dirigir seis cargas desesperadas contra fuerzas abrumadoramente superiores. Los combates se iniciaron con éxito inicial de los independentistas, cuya superioridad numérica parecía incontrastable y que estuvieron a punto de derrotar al ejército virreinal. La mejor organización de los realistas, el heroísmo de las tropas y la acertada dirección del brigadier Calleja y sus oficiales condujeron finalmente a una de las mayores victorias militares de la historia española.
La figura de Hidalgo ha sido muy controvertida desde el principio. Su autoritarismo y su carácter sanguinario ocasionaron un fuerte rechazo entre los propios mejicanos. Lucas Alamán, uno de los más importantes historiadores americanos, que conoció de niño los desastres de la independencia, consideraba «horrenda» su actuación, pues «el saqueo y el desorden eran el medio esencial de ejecución de su empresa». Para Alamán, Hidalgo y sus cómplices arruinaron a su país y lo dejaron sumido en una barbarie y una desventura incalculables.

En España los libertadores tienen hermosos monumentos que no les hacen más respetables ni humanos

Las ensangrentadas espadas de Hidalgo y sus compañeros constituyeron el infame inicio de una historia llena de violencia, injusticia, fracaso y corrupción. En España los libertadores tienen hermosos monumentos que no les hacen más respetables ni humanos. No constituyen un signo de debilidad ni de vergüenza. Solo un ejemplo de respeto a pueblos a los que nos sentimos unidos. Pueblos con los que libramos una terrible y desastrosa guerra entre hermanos. Una ominosa guerra civil, de cuya dureza y ominosa crueldad fueron sin duda corresponsables.
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