26 de septiembre de 2022

<i>Isabel la Católica en la cartuja de Miraflores</i>, cuadro de Luis Álvarez

Isabel la Católica en la cartuja de Miraflores, cuadro de Luis Álvarez©KORPA

Isabel la Católica, una biografía marcada por los 'fakes'

Isabel la Católica es considerada la Reina más grande de la historia universal. También le ocurrieron cosas mundanas y ha sido blanco de muchos fakes, a lo largo de los años, que contaremos a continuación​

En febrero de 2022 se dio a conocer que la causa de canonización de la Reina Isabel la Católica, sierva de Dios, estaba en el Vaticano esperando el momento en que el Papa viera la oportunidad de su beatificación. El proceso se inició en 1957. Desde 1967, en Valladolid, se han acumulado más de 20 tomos de documentación histórica y el milagro del sacerdote en coma, en el hospital, debido a un cáncer de páncreas. Su familia bajó a la capilla de los Reyes Católicos de Granada a pedir a la reina por sus intercesión. El sacerdote se recuperó de inmediato.
Si bien Isabel la Católica es considerada la Reina más grande de la historia universal, también le ocurrieron cosas mundanas y ha sido blanco de muchos fakes, a lo largo de los años, que contaremos a continuación.

La Reina y la higiene

Uno de los primeros fakes es que Isabel la Católica sólo se bañó dos veces en su vida. La realidad es muy distinta. La higiene en su época era muy diferente a la actual, pero no por eso la gente se olvidaba de su higiene. Por aquel entonces el baño completo se llevaba a cabo una vez al mes. Ese día se lavaban de arriba abajo. Como aquel que dice no existía el jabón como hoy en día. Eso sí, con productos naturales y el agua limpiaban sus cuerpos. Por otra parte, se colocaban hojas aromáticas e incienso en los braseros, para que las estancias olieran bien. En la cama siempre dormía acompañada. Durante una época con sus damas y, después, con sus hijas. Así descartaba los rumores de posibles infidelidades. No podemos decir lo mismo de su marido.
Debido a su profundo pudor, no dejó que un médico pudiera ver una llaga que le apareció en la parte externa de la vagina. Cuando dejó que le hicieran un reconocimiento médico, ya era tarde. Aquella llaga se convirtió en cáncer e Isabel murió como consecuencia de un cáncer de útero, complicado con una hidropesía y, posiblemente, diabetes.
Relacionado con el tema del mal olor de la Reina, otro fake, hay dos historias. La primera explica que comentó, antes de la conquista de Granada, no cambiarse la ropa hasta conquistar el reino. Nada más incierto. La realidad es que dicha afirmación la hizo Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II e Isabel de Valois, tataranieta de Isabel la Católica. Esta sí que comentó no cambiarse de ropa hasta que se pacificara Flandes. El otro relato está relacionada con el ajo. Odiaba ese olor. Esa aversión significaba que ninguna comida podía oler a ajo. En cierta ocasión la cocina de palacio quiso disimular su presencia en un guiso con mucho perejil. Al probarlo la reina exclamó: «¡Venía el villano vestido de verde!».

Su religiosidad, su matrimonio y su cultura

Que Isabel La Católica era profundamente religiosa es cierto. Pero también lo eran la mayoría de cortes existentes en Europa. La tolerancia y la intolerancia estaban vinculadas a los postulados de la época. No lo era más ni menos que otros reyes. Y, si nos centramos en la expulsión de los judíos en el 1492, en su tiempo aquel hecho fue visto como un síntoma de modernidad y recibió felicitaciones de media Europa. Hay que recordar que muchos de los judíos expulsados, con anterioridad, sus antecesores fueron expulsados e Inglaterra o Francia.
Isabel la Católica fue una mujer muy sufrida. Sobre todo en el ánimo, no en los dolores corporales. Del ánimo debemos hablar de los celos. Isabel se casó por razones de Estado, para unir los reinos de Castilla y Aragón, no por amor. Ambos se conocieron unos días antes de la boda. No olvidemos que ambos eran primos segundos, pues eran de la Casa de los Trastámara. Por ello necesitaron una bula papal de dispensa por Sixto IV, a través del cardenal Rodrigo de Borgia. Sin embargo, con los años se enamoró de él.
También se comenta que Isabel era una mujer inculta. Teniendo en cuenta la educación de la época, podemos decir que no es cierto. Aprendió a leer y escribir, sabía retórica y música. Le enseñaron labores, a pintar miniaturas, a montar a caballo y a cazar. Leía libros de caballería y disfrutaba bailando. Ya de Reina acabó hablando latín a la perfección.

Isabel era una muchacha de poco más de veinte años que llega al trono con una idea muy clara: restaurar la autoridad del Estado. Y lo hizoJoseph PérezHispanista

El hispanista francés Joseph Pérez, sobre Isabel la Católica, escribió que «era una muchacha de poco más de 20 años que llega al trono con una idea muy clara: restaurar la autoridad del Estado. Y lo hizo». Su oposición ferviente a los nobles que querían mantener sus prebendas sobre sus tierras y su capacidad para generar una autoridad en donde todos los súbditos fueran iguales le hizo increíblemente popular en su época. Isabel consideraba que todos eran sus súbditos, incluso sus familiares, por eso los protegió desde que subió al trono.
Se ha explicado, hasta la saciedad, que era una monarca pobre, que no tenía dinero y que la Corte y una venta de joyas permitió llevar a cabo la campaña de Colón. A esto tenemos que unir el comentario de ser una Reina genocida, por la muerte de muchos indígenas americanos. Esto último no es cierto y menos que vivía en un Reino pobre y que ella también lo era. Con respecto a los llamados «indígenas» diremos que, cuando Colón regresó con 1.600 de ellos a España, la Reina se enfureció y le ordenó que los devolviera a su lugar de origen.
Finalizaremos con otro mito que el Institut Nova Historia, de carácter independentista, lleva repitiendo desde hace años. Este dice que los Reyes Católicos arruinaron Cataluña. Según ellos, Cataluña fue privada de oportunidades comerciales con América y se convirtió en una tierra empobrecida. Falso. Sólo hay que ver el comercio que se abrió entre Andalucía y Cataluña. Los mercaderes catalanes se enriquecieron exportando e importando mercancías de Cataluña a Andalucía, norte de áfrica, Islas Canarias y América. Lo mismo ocurrió al revés. Los puertos de Barcelona, Canet, Mataró, Arenys… se enriquecieron con todo ese comercio.
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