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Fotograma de la película La carga de la Brigada Ligera

Fotograma de la película La carga de la Brigada Ligera (1936)

Picotazos de historia

El escándalo de 1936 que marcó al cine de Hollywood y cambió para siempre el trato a los animales

El resultado fue que ciento veinticinco caballos fueron derribados por una fuerza invisible. Quince extras y especialistas sufrieron lesiones y veinticinco caballos murieron o tuvieron que ser sacrificados

En 1931, la compañía Paramount Picture Corporation –«la Paramount» en España– decidió producir una película basada en un libro autobiográfico publicado por Francis Yeats-Brown, donde relataba sus experiencias sirviendo en un regimiento de lanceros en la India.

En busca de una adecuada ambientación, se envió a un par de directores de fotografía con material y fondos (aunque estos últimos muy escasos), con órdenes de rodar cacerías de tigres y diferentes escenas de sabor local del raj británico. Muy poco se pudo aprovechar de todo lo que rodaron, ya que las temperaturas extremas y la alta humedad hicieron estragos en el sensible material que utilizaban entonces.

El resultado final de los esfuerzos de la Paramount se estrenó en enero de 1935 y fue un éxito mundial de taquilla. Aquí, en España, se estrenó con el título Tres lanceros bengalíes. Como les contaba, esta película, protagonizada por Gary Cooper, fue tal éxito que inauguraría un subgénero de películas ambientadas en la India colonial o en las colonias británicas en Oriente: ambientes lejanos y exóticos, brillantes uniformes, heroísmo y buenos modales.

Viendo el éxito que se había apuntado la Paramount, su hermana, la Warner Bros (en continua y no siempre amigable competencia con la Paramount), decidió producir una película siguiendo la línea marcada por su competidora.

Warner encargó un guion cinematográfico a Michael Jacoby y a Rowland Leigh (futuro barón Leigh tras la muerte de su padre). Estos se basaron, para desarrollar el escrito, en el famoso poema de Lord Tennyson sobre la carga de la Brigada Ligera (guerra de Crimea, 1853–56) y en sucesos como la matanza de Cawpore durante el Motín de los cipayos en la India (1857–58). El resultado fue un guion trepidante, lleno de traiciones, venganzas y heroísmo, todo trufado con el típico sentido del humor que se espera de un británico. Producto muy entretenido, pero con un sentido histórico de alipori.

William Simpson (1855), ilustrando la carga en el «Valle de la muerte» desde la perspectiva rusa

William Simpson (1855), ilustrando la carga en el «Valle de la muerte» desde la perspectiva rusa

La película contó con un generoso presupuesto de más de un millón de dólares y una abundante asignación para publicitar el producto. En aras de una mayor verosimilitud, se buscó un elenco británico. El protagonista masculino sería Errol Flynn (que era australiano) y su contraparte femenina fue Olivia de Havilland (también británica, pero nacida en Tokio durante la Primera Guerra Mundial).

En esta película debutaría, en su primer papel importante, un joven recién llegado del Reino Unido que se llamaba David Niven. Este mismo David Niven, mucho tiempo después, recordaría anécdotas del rodaje y utilizaría, para dar título a su segundo libro autobiográfico, una frase que dijo el director húngaro Michael Curtiz (en realidad Manó Kertész Kaminer), quien tenía dificultades para dominar el inglés. Curtiz, intentando explicar que se filmara una escena con los caballos sin jinetes, exclamó: «Bring on the empty horses» («Traigan los caballos vacíos»).

Michael Curtiz, inmortal director de Casablanca, buscó lograr el máximo realismo para la parte climácica de la película (de clímax, no clima): la carga de la Brigada Ligera contra los cañones rusos. Consciente de las posibles reacciones a su decisión, se fue a rodar estas escenas a México, ya que allí la legislación acerca de la crueldad con los animales era más laxa, por no decir inexistente.

Así, en aras del realismo, obligó a realizar la carga, a todo galope, a la totalidad de especialistas y extras –más de doscientos caballos en total–, en una llanura donde había dispuesto numerosas cámaras para rodar diferentes planos que luego se montarían para crear el mejor efecto. Lo que no dijo a ninguno de los participantes es que se habían dispuesto cables trampa a lo largo de la llanura, con los que tropezarían los caballos y se conseguiría un efecto plenamente realista de ser barridos por una descarga de metralla.

El resultado fue que ciento veinticinco caballos fueron derribados por una fuerza invisible. Quince extras y especialistas sufrieron lesiones lo suficientemente graves como para que se consignara como tales, y veinticinco caballos murieron o tuvieron que ser sacrificados.

Errol Flynn era un magnífico jinete y adoraba a los caballos. Viendo el desastre que se produjo delante suyo, se abalanzó sobre el director húngaro, a quien responsabilizó de todo. Tuvieron que arrancárselo de las manos, ya que estaba dispuesto a estrangularlo allí mismo, con la tácita bendición de muchos de los presentes. Le llamó de todo menos guapo.

La película fue un éxito de taquilla y sus escenas de la carga son de un realismo que todavía sobrecoge. Tanto que la película no volvería a exhibirse hasta que la Warner vendió los derechos de la misma a Associated Artists en 1956. Y es que las escenas son tan violentas y el escándalo ocasionado por la desalmada forma de tratar a los caballos y a los extras tan grande, que obligó a la creación de una legislación en relación con la seguridad de los animales durante el rodaje de las películas.

En 1983, el grupo de heavy metal Iron Maiden rodó un vídeo promocional para su canción The Trooper; para ello, utilizaron escenas de la famosa carga de la película de Errol Flynn. El canal de televisión MTV, especializado en la emisión de vídeos musicales, lo juzgó tan violento que lo prohibió.

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