07 de diciembre de 2022

Einstein en su visita a Japón en 1922

Einstein, en su visita a Japón en 1922Wikimedia Commons

Hace 100 años en El Debate

27 de septiembre de 1922: Einstein prepara su viaje a Japón

El físico se embarcó hacia la nación nipona en otoño de 1922, desde Marsella, en una gira que lo llevaría por diferentes países

El ilustre catedrático alemán Albert Einstein se disponía a viajar a Japón como parte de su tour que le ocuparía durante seis meses. El científico junto a su esposa partiría el 8 de octubre de 1922 a bordo del trasatlántico japonés SS Kitano Maru para iniciar el viaje que les llevaría a conocer Egipto, Ceilán (actal Sri Lanka), Singapur, Hong Kong y China, antes de llegar a Japón el 17 de noviembre.
Cuando desembarcó en el país asiático fue recibido por una multitud ansiosa por ver a una de las personas más famosas del mundo. Por aquel entonces reinaba una obsesión por la personalidad y trabajos del creador de la teoría de la relatividad hasta tal punto que los auditorios japoneses en los que expuso su trabajo científico se llenaban por completo. Einstein, impresionado por sus anfitriones, escribió en su diario algunas de las cosas que más le habían sorprendido de la gente y del país que visitaba y que más tarde el editor Ze'ev Rosenkranz publicaría en Los diarios de viaje de Alber Einstein: el Lejano Oriente, Palestina y España 1922-1923.
La visita de Einstein a Japón fue el corazón de su viaje y este quedó bastante impresionado por la cultura japonesa. En su diario escribió la admiración que le generaba la elegancia de los japoneses y la delicadeza de sus modales, destacando entre todas sus tradiciones el de la ceremonia del té. También quedó encantado por la belleza de los paisajes de los que escribió que estaban «unidos en armonía con la naturaleza y eso se expresaba en su arte».
Su opinión de los japoneses era muy positiva, comparada con la que se formó de los chinos, a quienes describió como «obtusos». Sin embargo, en esos mismos escritos, expresó su repudio a la actitud de superioridad de algunos europeos, a quienes calificó de «insensibles y materialistas». De hecho, «hizo una advertencia para que Japón no se volviera demasiado occidentalizado y materialista», señaló Rosenkranz.
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