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Soldados de infantería del trienio liberal. El leonífero el segundo de la derecha

Soldados de infantería del trienio liberal. El leonífero es el segundo de la derecha

Picotazos de historia

La breve historia del leonífero en el Ejército español

El secretario del despacho del Ministerio de la Guerra encargó que se fundieran dos leones para que sirviesen de militares para todos los regimientos

El 16 de septiembre de 1820 el gobierno español presentó a las Cortes una propuesta para variar las banderas del Ejército, cambiándolas por la roja y amarilla, y creando un león de bronce con el libro de la constitución que se llevaría como moharra al extremo de un asta. El proyecto del decreto fue aprobado el 1 de noviembre, como Decreto VI, y rubricado por la real mano el día 9 de diciembre. Inmediatamente, el secretario del despacho del Ministerio de la Guerra encargó que se fundieran dos leones de las características dichas y unos veinte centímetros de altura, para tenerlos como modelos de los que, en un futuro, se entregarían a todos los regimientos. La idea era entregar todos los leones, al mismo tiempo, a todos los regimientos, de manera que ninguno quedara descabalado en sus insignias.

Este tipo de insignias, en la historia militar, se remontan a la más absoluta antigüedad. La más conocida por todos tal vez sea el águila de las legiones romanas, símbolo creado por el general y político Cayo Mario durante su reforma militar en el siglo II a. C. En el siglo XIX, en los años de los sucesos, estaba muy reciente el impacto que tuvo la entrega de las águilas a los regimientos franceses por parte de Napoleón y la defensa fanática que estos hicieron de dichos símbolos.

El 15 de mayo de 1821 se notificó a las Cortes que el II batallón del regimiento «Asturias» deseaba desfilar ante ellos, por su parte y en señal de agradecimiento, acordaron hacer entrega a dicho regimiento de uno de los leones, el primero de los que, en un futuro, todos los regimientos del Ejército de España llevarían. Inmediatamente se pasó nota urgente a la Secretaría del despacho del Ministerio de la Guerra que enviaran a las Cortes uno de los ejemplares para entregárselo al «Asturias». Y todo por los pelos, ya que la mañana del 16 de mayo se empaquetó como mejor se pudo la estatuilla y se mandó a las Cortes, donde los próceres de la patria recibían honores por parte del batallón. Terminado el desfile y, con el batallón formado, Don Cayetano Valdes, presidente de las Cortes, hizo entrega de la insignia al comandante del batallón. Había sido todo tan precipitado que no se había podido grabar en el zócalo de la escultura el número del regimiento.

El asunto pareció enfriarse. Nada se mencionó hasta el 14 de mayo de 1822, que aparece en los libros de sesiones en relación a la redacción de las futuras ordenanzas militares. El 10 de octubre se debatieron las obligaciones de los porta-insignias («leoníferos»; los portadores de las águilas en las legiones romanas eran los «aquilifer». Se tradujo directamente del latín). Después de eso...el silencio. Nada se vuelve a decir hasta que el 1 de octubre de 1823 el Rey Fernando VII promulgó el decreto por el cual dejaba sin efecto todo lo dispuesto por las Cortes liberales.

¿Que había pasado? Pues muy sencillo. Había terminado lo que se conoce como «el trienio liberal» durante el reinado de Fernando VII. Los Cien mil hijos de san Luis entraron en España, derrocaron el régimen constitucionalista y entregaron el poder absoluto a Fernando VII, iniciando lo que se conocerá como «la década ominosa». Como comprenderán, Fernando VII se dio prisa en eliminar todo rastro de la constitución, leones incluidos.

De las esculturas encargadas solo queda la que se entregó al regimiento «Asturias», depositado en el Museo del Ejército, ahora en Toledo. La escultura es francamente bonita. Su hermana gemela desapareció. No hay constancia de que fuera destruida y lo más probable es que se la llevara a casa algún político o funcionario. Así que, cuando estén invitados en casa ajena, miren con atención si encuentran una estatuilla de bronce en forma de león con un libro ( ¡y no me lo confundan con el de san Marcos, patrón de Venecia!), bien como pisapapeles, bien como apoya-libros. Si tienen esa suerte, y le pueden echar mano, les arreglará más de un agujero. Así que, estén al tanto.

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