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El rey Leopoldo III detrás de su escritorio en el palacio de Laeken (1934)

El rey Leopoldo III detrás de su escritorio en el palacio de Laeken (1934)Willem van de Poll / Wikimedia Commons

Picotazos de historia

De la Primera Guerra Mundial al exilio: la vida del polémico rey Leopoldo III de Bélgica

Desafió a los alemanes al tiempo que trató de afirmar su autoridad frente a ellos, algo difícil cuando los gobiernos de Francia y Gran Bretaña le llamaban traidor y le negaban autoridad alguna

El rey Leopoldo III de Bélgica (1901-1983), hijo mayor y heredero del heroico Alberto I —«el rey caballero»—, parecía marcado por un triste destino. Tuvo que abandonar sus estudios y, con catorce años, se alistó en el 12.º regimiento de infantería, combatiendo durante la Primera Guerra Mundial. Después, encontró una hermosa princesa a la que amó con pasión, se casó con ella y tuvo tres hijos. La hermosa reina Astrid moriría en accidente de automóvil; Leopoldo conducía. El pueblo belga lloró la pérdida de su reina y se conmovió con la desolación del viudo y el desamparo de los hijos de tan corta edad.

Pocos años han transcurrido. Bélgica ahora se enfrenta a una crisis tremenda. El 10 de mayo de 1940 la nación es invadida por las fuerzas armadas alemanas. El fuerte de Eben-Emael, del que se espera que frene al enemigo durante días, permitiendo ganar tiempo para organizar la defensa, cae en apenas unas pocas horas merced al audaz golpe de mano que realizan tropas paracaidistas alemanas.

La defensa belga se va derrumbando ante el empuje del enemigo. Holanda cae y las fuerzas del Eje rebasan Bélgica por el norte. Las tropas belgas combaten con tesón y heroísmo e inmovilizan a las fuerzas alemanas durante cuatro días en la batalla del Lys.

Rendición del ejército belga: Parlamentarios alemanes y belgas se reúnen frente a los cuarteles belgas.

Rendición del ejército belga: Parlamentarios alemanes y belgas se reúnen frente a los cuarteles belgas.Bundesarchiv / Wikimedia Commons

El 24 de mayo Leopoldo III asume la jefatura del mando del Ejército y ordena que se reúna el Gobierno. Una vez reunidos —la mayor parte, ya que algunos han huido a Francia—, les comunica que no se puede continuar con una resistencia inútil, que solicitará la rendición y que permanecerá en Bélgica con su pueblo. Los ministros le animan a huir y a establecer un gobierno en el exilio. Él les anima a hacerlo, pero se niega a abandonar a su país y sus gentes. El 27 de mayo firmará la rendición oficial del Ejército belga.

El presidente del Gobierno francés Paul Reynaud públicamente acusará a Leopoldo de traidor. De esta manera señalaba a un culpable y lo entregaba a la opinión pública para ocultar los desastres de su propia gestión.

El rey Leopoldo se negó a cooperar con el gobierno alemán de ocupación. Rechazó aceptar los dictados de Berlín. Desafió a los alemanes al tiempo que trató de afirmar su autoridad frente a ellos, algo difícil cuando los gobiernos de Francia y Gran Bretaña le llamaban traidor y le negaban autoridad alguna. Por supuesto, el Gobierno belga en el exilio se reconocía a sí mismo como el único y legítimo gobierno y autoridad, y demonizaba la gestión y la persona de Leopoldo III.

En este punto entra un nuevo e importante factor en la llamada Cuestión Real. La joven se llama Lilian Baels, tiene veinticuatro años y su padre es el gobernador de Flandes Occidental. El matrimonio se celebró en secreto —primero el religioso y después el civil—, violando el orden establecido por la Constitución belga para tales actos.

Lilian Baels

Lilian Baels

El matrimonio del rey fue visto como una traición y una deslealtad por parte de la población flamenca, lo que ahondó la división entre flamencos y valones. El rey prometió compartir los sufrimientos de su pueblo y de sus soldados, y ahora vivía su propia historia de amor con una joven mientras decenas de miles de soldados continuaban prisioneros en campos de concentración, lejos de sus familias, de sus hijos, de sus esposas… Esto era lo que empezaban a reprocharle.

Las tiendas de Bélgica se llenaron de fotografías de la añorada reina Astrid. Un mudo reproche.

Leopoldo concedió a Lilian el título de princesa de Réthy, pero no podría utilizar los tratamientos de Majestad ni de Alteza Real. Sus hijos estarían apartados de la línea dinástica y, por lo tanto, fuera de la sucesión de la Corona. El Gobierno en el exilio bramaba que el rey no era competente para tomar ese tipo de decisiones. La pareja tendría tres hijos: el príncipe Alejandro y las princesas María Cristina y María Esmeralda.

Tras el desembarco de Normandía, la familia real belga fue trasladada a Alemania por motivos de seguridad. No serían liberados por las tropas norteamericanas hasta el 7 de mayo de 1945. En Bélgica, liberada por las tropas aliadas en septiembre del año anterior, el Gobierno en el exilio encargó la regencia del reino al hermano de Leopoldo, el príncipe Carlos, conde de Flandes. También se daría inicio a la llamada «Cuestión Real», que enfrentaría a partidarios y detractores de Leopoldo III.

En 1950 se llevó a cabo un referéndum en el que se votó a favor o en contra del rey. Ganó el voto a favor con un 56 %. Con todo, los grupos izquierdistas contrarios al rey se negaron a aceptar los resultados y amenazaron con acciones violentas. La llegada a Bélgica de Leopoldo y su familia hizo que se materializaran las amenazas. Hubo enfrentamientos, muertos y heridos. Leopoldo, profundamente entristecido por estos sucesos, abdicó en favor de su hijo primogénito, Balduino.

Lilian Baels, princesa de Réthy, y el rey Leopoldo se trasladaron a la población de Argenteuil. Pero nuevos y escandalosos rumores surgirían: se decía que la esposa del exrey mantenía indebidas relaciones con su hijastro Balduino. Lilian parecía gustar de desafiar a la sociedad belga. Así, mientras asistía a la inauguración de centros y daba apoyo a organizaciones sociales por un lado, por el otro irritaba a los belgas al vender obras de arte sin autorización del Gobierno o al asistir a actos públicos portando joyas de la llorada reina Astrid.

La princesa de Réthy falleció en el año 2002, sin duda el miembro de la familia real menos apreciado por esta y, con toda certeza, el más odiado por el pueblo belga (flamenco y valón, juntos por una vez).

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