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Roma

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Dónde están los monumentos menos conocidos de Roma que narran su historia bélica

Entre los monumentos ocultos de Roma, sobreviven discretos homenajes al coraje y al sacrificio de quienes lucharon por su patria en guerras casi olvidadas

Existen en Roma tímidos y discretos testimonios históricos que pasan inadvertidos entre la grandeza monumental del periodo clásico y la variedad indescriptible de la belleza del arte cristiano. A mí me atraen especialmente los que se refieren a los conflictos modernos, especialmente los bélicos, porque contribuyen a explicar el mundo que he conocido, y también por mi innata y anticuada predisposición personal hacia lo épico.

La alimentó mi castellano y provinciano abuelo, que me llevaba a rincones del Madrid que le llenaban de orgullo. Me contaba historias, no cuentos. Así conocí el conmovedor monumento que, junto a la basílica de Atocha, conmemora la muerte del general Vara del Rey, combatiendo a los norteamericanos en El Caney, en Cuba, aferrado a la bandera y rodeado de soldados de alpargata y ralladillo dispuestos a no rendirse. Aún hoy me emociona. Igual que el de Eloy Carrasco en el Rastro, con su antorcha, su lata de gasolina y la cuerda a la cintura para recuperar su cadáver, convencido de ir hacia una muerte segura.

En Roma existen lugares así, que solo se encuentran si se buscan bien. Afrontan discretamente la presión interesada del olvido y, a veces, sorprenden hasta la conmoción. Yo sentí esa conmoción en la pequeña y discreta iglesia de Santo Tomás in Formis, en el Aventino. Guarda la memoria de los ragazzi del 99, cuya historia no me resisto a contar.

Ragazzi del '99

Ragazzi del '99

En el año 1917, Italia combatía extenuada en la terrible ordalía que fue la Gran Guerra. Se llamó así hasta que hubo que numerarlas. Un terrible conflicto con resonancias civiles, pues no había nada tan parecido a un europeo como cualquier europeo de otra nación. Gentes que tuvieron que matarse en unos campos de batalla ensangrentados como nunca, dirigidos por políticos mediocres y por generales rutinarios que destruyeron las esperanzas y la fe de una generación joven. Su mejor parte —desde luego la más valerosa— dejó inicuamente su vida en las trincheras.

En septiembre, sufrió una terrible derrota que la llevó al borde de la rendición. Su principal ejército, que combatía en los frentes de los Alpes contra el Imperio austrohúngaro, se derrumbó de repente. Fue una terrible catástrofe. Los austríacos llegaron a las puertas de Venecia, siendo detenidos solo por su propio cansancio. En estas circunstancias, y con el ejército deshecho, Italia tuvo que movilizar a sus últimas reservas: los chavales que en aquel dramático momento llegaban a los 18, los ragazzi del 99, por el año en que habían nacido.

Fue la quinta que tuvo menos deserciones y objetores de la guerra. La inmensa mayoría se presentó sin vacilar para combatir por su patria. Arrojados al frente, con poca preparación y peor equipamiento, dieron ejemplo de sacrificio y coraje. Más de la cuarta parte murieron o quedaron mutilados, pero su sacrificio salvó a Italia. Los supervivientes crearon una asociación. Hoy ya no queda ninguno, pero su discreto monumento sigue teniendo flores frescas.

Iglesia de Santo Tomás in Formis, Roma

Iglesia de Santo Tomás in Formis, RomaTurismo Roma

La Italia moderna tiene pocos éxitos militares de los que envanecerse. Quizás por ello no existen en Roma grandes monumentos conmemorativos, aparte de las numerosas lápidas con los nombres de los caídos de las dos guerras mundiales y del pavoroso monumento de la plaza Venecia.

Tampoco en sus guerras coloniales tuvo mucha suerte. Todos los países imperiales sufrieron desastres coloniales, fruto de su desprecio a la capacidad de los colonizados. Sin ir más lejos, nosotros en Annual, y los poderosos británicos frente a los sudaneses, los zulúes y los afganos. Pero Italia se llevó la palma con el terrible desastre de Adua, donde un ejército italiano, mucho mayor que el español de Annual, sufrió una humillante derrota a manos de los menospreciados etíopes.

Dentro de la ignominiosa derrota hubo algunos gestos valerosos en los que los italianos no corrieron. Uno de ellos se conmemora con un pequeño y discreto monumento situado junto a la estación Términi. Recuerda el olvidado combate de Dogali, pero está coronado, nada menos, que por uno de los siete obeliscos auténticamente egipcios de Roma, decorado con jeroglíficos de Ramsés II. Tres mil quinientos años para acabar celebrando una derrota, aunque sea honrosa.

La batalla de Dogali de Michele Cammarano

La batalla de Dogali de Michele Cammarano

Para los apasionados de la historia y para los que tenéis la capacidad de vibrar con la épica del valor y del heroísmo, he seleccionado los siguientes, por si pasáis por Roma:

Iglesia de Santo Tomás in Formis, en el Celio.

Sepulcro de san Pío V en la basílica de Santa María la Mayor. Fue el Papa de Lepanto. En el mausoleo se encuentran relieves sobre la batalla.

Monumento a los héroes de Dogali, junto a Términi.

Conjunto de monumentos a Garibaldi y a los héroes del Risorgimento en el Janículo, con hermosísimas vistas.

Sepulcro de los héroes italianos en Santa María de los Ángeles y los Santos. Especialmente la tumba del general Armando Díaz, de origen español, que condujo a los italianos a la victoria en la Gran Guerra.

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