Capilla Sixtina
Picotazos de historia
El 'Miserere' de Allegri: la obra prohibida que Mozart transcribió de oído en la Capilla Sixtina
Tal era la gracia y el aire de esta composición, y tan perfecta la técnica de ejecución del coro, que se prohibió compartir información alguna sobre su partitura y ejecución bajo pena de excomunión
Un Miserere es un himno litúrgico basado en los Salmos, en especial en los números 50 y 51, y que formó parte de los Oficios de Tinieblas que se celebraban durante la Semana Santa. En relación con estas composiciones tenemos a músicos de la talla de Mozart, Eslava, Palestrina, Guerrero, etc. Pero, tal vez, el más celebrado, quien alcanzó mayor fama con su Miserere, haya sido Gregorio Allegri (1582-1652), quien en la década de 1630 compuso para ser cantado en la Capilla Sixtina su conocido Miserere.
El Miserere de Allegri se compone de nueve partes y está hecho para ser cantado con dos coros de cinco y cuatro miembros cada uno. Está considerado como uno de los máximos exponentes de las composiciones polifónicas renacentistas. La primera vez que fue interpretado fue durante el pontificado de Urbano VIII (1623-1644) y es el último de los doce Misereres compuestos para el coro apostólico de la Santa Sede y que debían ser interpretados en la Capilla Sixtina. Esto se venía realizando desde el año 1514. Este Miserere, el de Allegri, es el más conocido de los doce y, por ello mismo, el que más veces ha sido interpretado.
Tal era la gracia y el aire de esta composición, y tan perfecta la técnica de ejecución del coro, que se prohibió compartir información alguna sobre su partitura y ejecución bajo pena de excomunión.
Tres copias fueron autorizadas a hacerse del texto original (que no nos ha llegado): una para el emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico, otra para el rey José I de Portugal y una tercera para fray Giovanni Battista Martini, conocido compositor. Pero ninguna de las copias mostraba la verdadera belleza, ya que el secreto del Miserere no estaba en su partitura, sino en su ejecución.
Los miembros del coro pontificio debían ejecutar unos «embellecimientos» u ornamentaciones en diferentes notas, detalles que no quedaban reflejados en las partituras pero que eran transmitidos oralmente a los miembros del coro a medida que se iban renovando. Así, cuando se ejecutó la copia de la partitura en el palacio imperial de Viena, el emperador se sintió muy ofendido por lo que consideró una tomadura de pelo. Leopoldo I, furioso, envió una carta al Pontífice quejándose de lo que consideró una falta de respeto y una burla.
El Papa Inocencio XI (1676-1689) no debía de ser muy ducho en asuntos musicales, pues quedó desconcertado con la imperial misiva y achacó lo sucedido a una falta de diligencia o un sabotaje por parte del director del coro de la capilla. Al final, y gracias a la intercesión de varios cardenales, el Papa escuchó de boca del director los secretos del Miserere y comprendió lo sucedido.
Se enviaron a Viena a varios integrantes del coro con instrucciones de enseñar a los miembros del coro imperial la técnica y los embellecimientos, así como su adecuada ejecución. Tanta preocupación no sirvió de nada, ya que al poco se desató la guerra contra el turco. La victoriosa campaña consiguió liberar la ciudad de Buda y expulsar a los turcos de los territorios de Hungría. Para cuando terminó todo, nadie se acordaba del Miserere.
Wolfgang Amadeus Mozart
Tal vez la anécdota más conocida en relación con el Miserere de Allegri es la que le vincula con el joven Wolfgang Amadeus Mozart.
Corría el año de gracia de nuestro Señor de 1770 y Mozart, que tenía en ese momento catorce años, estaba con su padre en Roma. El jovencito llevaba años siendo paseado y exhibido por todas las cortes europeas por su propio padre.
El 11 de abril, Miércoles Santo, padre e hijo tuvieron la oportunidad de escuchar el Miserere en la Capilla Sixtina. Wolfgang salió como en trance y, cuando llegó a su alojamiento, empezó a escribir furiosamente, intentando transcribir la música que acababa de escuchar. El Jueves Santo pasó todo el día trabajando en la transcripción, sin olvidar los embellecimientos y florituras de la ejecución.
El Viernes Santo volvió a la capilla para poder hacer algunas pequeñas correcciones al texto transcrito. El día 14, Leopold Mozart, padre del genio, escribió a su esposa: «En Roma se oye hablar a menudo del famoso 'Miserere', tan estimado que a los músicos de la capilla se les ha prohibido, bajo amenaza de excomunión, extraer siquiera una sola parte, copiarla o dársela a nadie. Sin embargo, ya la tenemos. Wolfgang la ha transcrito de memoria».
Esta hazaña no le valió al joven la excomunión. Al contrario, cuando se extendió la noticia y llegó a oídos del Papa Clemente XIV (el que suprimiría a la Compañía de Jesús en 1773), este quedó asombrado de las facultades del joven Mozart. Lo elogió mucho y lo protegió, y para señalar el favor que el joven gozaba ante el Pontífice le concedió la Orden de la Espuela de Oro.
Tras la transcripción de Mozart se levantó la pena de excomunión en relación con el Miserere de Allegri, pues esta ya no tenía razón de ser. El Miserere continuó siendo interpretado durante el Oficio de Tinieblas, que tenía lugar durante la Semana Santa, en la Capilla Sixtina hasta el año 1870. Ese año Roma fue ocupada por las tropas de la Casa de Saboya y desapareció el Estado Pontificio o Patrimonio de San Pedro.
Durante 141 años no volvió a ser ejecutado este himno litúrgico hasta que, por orden del Pontífice Benedicto XVI, se interpretó durante los oficios del Miércoles de Ceniza del 9 de marzo de 2011.