Melchor Rodríguez junto al coronel Casado
Melchor Rodríguez, el 'Ángel Rojo' que salvó vidas durante la Guerra Civil
Su intervención más célebre fue impedir la matanza de más de mil personas en Alcalá de Henares, jugándose la vida
Se ha insistido mucho en la supuesta brutalidad de la represión nacional tras la entrada en Madrid. Sin embargo, los hechos desmienten la idea de una represión indiscriminada. El caso de Melchor Rodríguez, conocido como «el Ángel Rojo», es prueba de ello. Su historia desmonta prejuicios y revela a una figura profundamente humana, capaz de salvar a quienes pensaban distinto, incluso en medio del caos.
Melchor Rodríguez, anarquista sevillano, fue una figura clave en el Madrid republicano. Tres días después del alzamiento, incautó el palacio del marqués de Viana, donde instaló la milicia de los libertos. Pero también ofreció refugio a personas afines a la causa nacional y a sacerdotes perseguidos, demostrando que su compromiso con la vida estaba por encima de cualquier ideología.
Melchor Rodríguez, sentado en la mesa, colocado en el centro de la imagen
Más adelante, fue nombrado delegado especial de Prisiones de Madrid, cargo que ocupó entre diciembre de 1936 y marzo de 1937. Según informes policiales de posguerra, logró frenar la represión republicana iniciada en julio de 1936 y mejorar las condiciones de los presos. Su intervención más célebre fue impedir la matanza de más de mil personas en Alcalá de Henares, jugándose la vida. Entre los salvados estaba Raimundo Fernández Cuesta, amigo de José Antonio Primo de Rivera y futuro ministro con Franco.
En abril de 1938 fallecía el dramaturgo Serafín Álvarez Quintero. Melchor Rodríguez permitió que fuera enterrado con un crucifijo en el ataúd, un gesto insólito en plena zona republicana. El 28 de marzo de 1939 los nacionales entraban en Madrid. El 1 de abril, la guerra finalizaba oficialmente. Y el 12 de abril, en el parque del Retiro, se celebraba el primer aniversario de la muerte de Álvarez Quintero. Allí estuvo Melchor Rodríguez, junto a José María Pemán, recitando unos versos. La prensa se hizo eco del homenaje.
El periodista Ignacio Villalobos, al leer la noticia, decidió entrevistarlo para atraer a sectores de izquierdas hacia la causa nacional. La entrevista se publicó el 21 de abril en el diario Ya bajo el título: «Conversación con Melchor Rodríguez, director general de Prisiones en tiempo rojo». Un documento de enorme valor histórico.
Melchor Rodríguez en la Cárcel Modelo de Madrid en 1932
Ante la pregunta de por qué había salvado tantas vidas, el Ángel Rojo respondió: «Mi deber era ese».
Confesó haber estado a punto de ser asesinado varias veces y haber sido acusado de fascista por sus propios compañeros. Sobre su mesa, el periodista observó los veintiséis puntos de Falange, subrayados. Rodríguez afirmó que dichos puntos eran «aceptados por toda persona honrada».
La entrevista causó sorpresa en las autoridades franquistas. Fue juzgado y encarcelado, permaneciendo en prisión hasta mediados de los años cuarenta. Tras su liberación, trabajó como agente de seguros y falleció el 14 de febrero de 1972.
Su entierro, en el cementerio de San Justo, fue un acto profundamente simbólico. Allí acudieron anarquistas y personalidades del régimen, como el exministro Alberto Martín Artajo. Fue enterrado con un Cristo en el ataúd, envuelto en la bandera anarquista y con el canto del himno A las barricadas. Ese momento demuestra que, incluso dentro del franquismo, la sociedad española ya estaba en proceso de reconciliación, y que la convivencia entre personas de ideologías opuestas era posible y se daba con respeto mutuo.