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Almirante Pierre

Almirante Pierre

Picotazos de historia

Pierre-Pierre, el almirante francés que perdió los nervios y casi provoca una guerra con Inglaterra

Pierre-Pierre, que llevaba una temporada con un carácter cada vez más colérico, pareció estallar en un ataque de rabia. Envió sucesivas notas al cónsul inglés, cada una redactada en un lenguaje más abusivo que la anterior

El contraalmirante Pierre Joseph Gustave Pierre (1827-1883) era conocido por sus amigos y colegas como Pierre-Pierre. Desde su más tierna infancia, su nombre fue motivo de bromas, así que lo aceptó con humor e hizo de ello un sello de distinción. En general, todos pensaban que era un profesional eficaz, concienzudo y estricto, amable en el trato hasta que alguien le tocaba las narices y destapaba la caja de los truenos. Y esta tan rápidamente se encendía como se apagaba.

En enero de 1883 fue nombrado comandante en jefe de la división (naval) del océano Índico, que consistía en los cruceros Flore y Forfait, el crucero explorador (tipo de crucero más pequeño y rápido) Vaudreuil y tres unidades menores más.

Desde hacía tiempo se ejercía presión sobre el Gobierno francés con vistas a llevar a cabo la aventura de invadir Madagascar. Un sector de la política francesa veía esta acción como necesaria para frenar la expansión del Imperio británico en la zona; además, sería una fuente de materias primas y un mercado para los productos franceses. Así, amparados en un oscuro incidente en el que perdió la vida un ciudadano francés, junto con la negativa del Gobierno malgache a reconocer derechos de propiedad a extranjeros en su territorio, se dio orden a Pierre-Pierre de que interviniera militarmente en la isla. Este fue el inicio de lo que se ha llamado primera incursión o guerra franco-malgache.

Tamatave bombardeada y ocupada por la marina francesa el 11 de junio de 1883

Tamatave bombardeada y ocupada por la marina francesa el 11 de junio de 1883

El 30 de mayo, la flota francesa arribó frente a la población de Tamatave (hoy Toamasina, segunda ciudad en importancia de Madagascar). A las 09:00 se presentó a las autoridades de la ciudad un ultimátum por el cual se exigía para Francia la parte norte de Madagascar (donde se encontraba Tamatave), el reconocimiento de la propiedad a los ciudadanos franceses y una indemnización de un millón y medio de francos. En caso de no responder inmediatamente, bombardearía la fortaleza de la ciudad.

A las 09:30 se inició el bombardeo, que continuó hasta las 11:30. Entre medias, se envió un requerimiento al cónsul británico en la ciudad para que reuniera a todos los ciudadanos británicos y los evacuara. A las 14:00, Pierre-Pierre exigió al cónsul que todos los ciudadanos británicos embarcaran en una balandra inglesa que se encontraba en el puerto. La nota estaba redactada de una manera algo truculenta.

Desembarcaron seiscientos soldados franceses que venían embarcados y tomaron posiciones en la ciudad, que encontraron completamente desierta. Durante horas, la flota francesa estuvo disparando contra una ciudad fantasma. No hubo muertos ni heridos; solo se destruyeron edificios vacíos.

Un grupo de soldados saqueó la residencia de un misionero inglés de apellido Shaw. Los soldados dieron buena cuenta de lo que había en la bodega de la casa y de todo lo susceptible de ser bebido del pequeño dispensario que había organizado el buen misionero. El resultado fue que todos los soldados fueron ingresados en la enfermería con diferentes (y preocupantes) grados de coma etílico.

Pierre-Pierre, que llevaba una temporada con un carácter cada vez más colérico, pareció estallar en un ataque de rabia. Envió sucesivas notas al cónsul inglés, cada una redactada en un lenguaje más abusivo que la anterior, en las que le acusaba de apoyar a los rebeldes malgaches, conspirar contra Francia, envenenar a las tropas bajo su mando… Para rematar, exigió al cónsul que abandonara la isla y mandó arrestar al misionero.

El pobre cónsul, cuyo apellido era Pakenham, estaba gravemente enfermo cuando llegó la flota francesa. Las acciones de esta y las exigencias del contraalmirante Pierre-Pierre (por no hablar de sus modales) fueron demasiado, y el señor Pakenham falleció ese mismo día. De esta manera, el comandante de la balandra —HMS Dryad—, capitán Johnstone, se encontró desempeñando las funciones del cónsul por ser la máxima autoridad británica en la zona.

También se encontró, tanto él como la tripulación y los residentes a bordo, secuestrado. Y es que Pierre-Pierre prohibió que abandonaran el puerto bajo amenaza de disparar y hundir la nave. También se les exigió que entregaran toda la documentación y despachos oficiales, tanto de la nave como del consulado, al comandante francés. Por último, se ordenó detener y confiscar toda correspondencia que llegara a Tamatave para los ingleses, tanto por barcos correo como por mercantes o por tierra.

Johnstone consiguió hacer llegar una misiva al cónsul inglés en Zanzíbar explicando lo sucedido, el arresto de Shaw y la situación de su nave y de las personas retenidas a bordo. El oficial se veía maltratado por una fuerza naval abrumadoramente superior y con la responsabilidad de veintiún civiles (hombres, mujeres y niños), aparte de su tripulación, que se apiñaban en la pequeña embarcación, haciendo que las condiciones higiénicas empeoraran día a día.

Desde Zanzíbar, la noticia de los sucesos en Madagascar llegó rápidamente a Londres. El Gobierno puso el grito en el cielo y envió durísimas notas de protesta, directamente al Gobierno francés y por medio del representante diplomático destinado en Londres.

El asunto era muy grave. Se había arrestado a un ciudadano británico sin jurisdicción para ello; secuestrado a otros veintiún británicos dentro de un barco de la Armada, que a su vez estaba retenido y al que habían obligado a entregar documentación confidencial (militar y diplomática). Todo ello al tiempo que se les mantenía incomunicados y, para colmo, se había exigido el arrío de toda bandera británica en la zona. El capitán Johnstone se había negado a hacerlo en la nave bajo su mando, alegando que el barco era territorio británico. Se habían declarado guerras por mucho menos.

Al final, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Monsieur Challemel-Lacour (a quien el asunto le acabaría costando el puesto en noviembre de ese mismo año), tuvo que reconocer su perplejidad ante los sucesos y dar orden inmediata para la liberación del prisionero y la normalización de relaciones y trato con todo súbdito británico. Al comunicado del ministerio se le anexaba un documento, de carácter más reservado, donde se reprendía severamente al pobre Pierre-Pierre. Que, la verdad sea dicha, se había comportado como un energúmeno.

El misionero Shaw recibió una indemnización de 1.000 libras esterlinas por las pérdidas sufridas y los 54 días de arresto. El capitán Johnstone fue alabado y ascendido por su firme actuación en una difícil circunstancia y por su sangre fría, que había evitado que empeorase una situación muy peligrosa. En cuanto a Pierre-Pierre, cuyo mal humor y arrebatos de ira iban empeorando, falleció el 11 de septiembre a bordo de su buque insignia. El oficial médico a bordo decidió que se practicara una autopsia al cadáver del fallecido para determinar las causas de su muerte. Le encontraron un tumor en el cerebro del tamaño de una nuez.

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