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Los "afronautas" de Edward Makula Nkoloso

Los «afronautas» de Edward Makula Nkoloso

Picotazos de historia

Africanos en el espacio: los afronautas

La independencia de Zambia vino acompañada de un sorprendente proyecto espacial

Durante la segunda mitad de la década de los cincuenta del siglo pasado tendrá lugar el inicio de la llamada carrera espacial.

Oficialmente empezará el 4 de octubre de 1957 cuando será lanzado al espacio, desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán, URSS), un satélite artificial Sputnik.

A este hito se seguiría el de poner en el espacio al primer ser vivo (la perrita Laika) y al primer ser humano (Yuri Gagarin). Así que, al menos al principio, parecía que la Unión Soviética estaba ganando por goleada la carrera espacial.

Hasta en la propia denominación o nomenclatura se crearon diferencias que marcaban el origen de uno u otro bando. Los soviéticos denominaron a estos nuevos viajeros espaciales como cosmonautas, los norteamericanos y los países occidentales los llamaron astronautas. La carrera se centró en la pugna entre estas dos superpotencias, como parte de un conflicto de mayor envergadura denominado Guerra Fría.

Ahora vamos a ir al continente africano. Allí las cosas están muy alteradas debido a la política de descolonización que propicia el surgimiento de grupos independentistas y de nuevas naciones. Vamos a centrarnos en un individuo llamado Edward Makula Nkoloso (1919-1989), nacido y residente en la colonia británica de Rodesia del Norte. Este individuo está furioso ya que las autoridades británicas han cerrado su pequeña escuela donde impartía clases de ciencias. Llevado por el descontento se apunta en el partido (clandestino) por la liberación de Rodesia del Norte.

Pues miren ustedes, resulta que el 24 de octubre de 1964 Rodesia del Norte proclamó su independencia del Reino Unido y se constituyó como la nueva República de Zambia. Nombraron a su primer presidente con el encargo de crear una convención constituyente para el nuevo Estado. Dentro de esta convención estaba nuestro conocido Nkoloso.

El antiguo profesor tenía muchos y muy ambiciosos proyectos para su nación. Unos años antes había creado (dentro de una situación de semiclandestinidad) la academia de ciencias e investigación espacial y filosofía de Zambia, de la que se había nombrado presidente. Ahora, como un importante miembro de la élite intelectual y política del nuevo gobierno del país, podía poner en práctica su proyecto más ambicioso.

Y es que en el año 1957 Nkoloso empezó a pergeñar un proyecto para situar –no solo a su futura nación: a todo el continente africano– en el espacio. Aspiraba a desarrollar y poner en práctica un proyecto destinado a enviar un viajero al espacio. Este nuevo viajero proveniente del continente africano lo denominó Nkoloso como «afronauta» y pensaban mandarlo a la Luna y a Marte.

La nueva nación de Zambia, que había elegido presidente a Kenneth David Kaunda, quien afirmó su neutralidad frente al conflicto abierto entre las dos superpotencias. Pero Nkoloso presionó a Kaunda hasta que aprobó el desarrollo del programa espacial que tenía en mente.

Kaunda sancionó la creación oficial de la Academia Espacial y para su implementación entregó a Nkoloso una finca abandonada situada a 11 kilómetros de la capital, Lusaka.

Nkoloso reunió en este destartalado lugar a un grupo seleccionado. Básicamente los seleccionó a dedo entre los pocos voluntarios. Doce eran los soldados que formaban el núcleo de los futuros afronautas. Un papel de especial relevancia se tenía reservado a Matha Mwamba, jovencita de dieciséis años que se prepararía para el primer viaje a la Luna y al importante viaje a Marte. Además, había diez gatos incluidos en el equipo afronauta.

Nkoloso diseñó unos entrenamientos especiales para este selecto grupo. Frente al problema de la presión que deberían soportar, tanto en el despegue como en la reentrada en a la Tierra, creó un entrenamiento consistente en: a) introducir al sujeto en un bidón grande de gasóleo. b) Situar el bidón en lo alto de la colina que dominaba el centro de entrenamiento e investigación espacial. c) Cerrar el bidón por la seguridad del sujeto (y para que no salga corriendo) y d) dar una patada al bidón para que ruede colina abajo. Este ejercicio debía realizarlo cada miembro del equipo unas diez o doce veces al día.

Otro ejercicio destinado a lidiar con la falta de costumbre, por parte de los miembros del equipo de afronautas, a un entorno con gravedad 0, era el denominado Mulolo (balancear). Se ataban unas largas cuerdas a las ramas más altas de los árboles. Los voluntarios eran colgados de estas cuerdas a gran altura y se les hacía girar y balancear, mientras que se les exigía que realizaran unas sencillas actividades. De esta manera se pretendía acostumbrarlos a un entorno sin gravedad.

El director del centro –Nkoloso– también había diseñado una nave, vehículo que conduciría a los heroicos afronautas y mininos a su encuentro con la gloria. La nave estaba construida con piezas formadas de aluminio y cobre. Tenía unas dimensiones de 3x2 metros y su forma recordaba a un tambor. En la parte superior de la nave se había practicado una abertura de forma ovoide destinada a permitir que la tripulación pudiera respirar (¡Qué!). La nave, bautizada como D-Kaua 1, si tenía algún sistema de propulsión o qué tipo de propelente pensaban usar eran piezas de la información secreta que todavía no podían desvelar y que no han llegado hasta nosotros.

Nkoloso presentó el centro de entrenamiento, la academia espacial y el proyecto de los afronautas –todo junto– a unos pocos periodistas que se atrevieron a viajar a Zambia para que les explicaran los detalles. Para la gran ocasión Nkoloso lució un casco de acero sobre su cabeza, uniforme militar de fantasía y una capa de mago de feria.

El director del centro y autor del proyecto presentó a los ojipláticos reporteros las instalaciones y explicó los detalles del entrenamiento y los objetivos de las misiones. También expresó su confianza de que la UNESCO aprobara la «humilde» subvención de siete millones de libras que había solicitado para llevar a cabo el proyecto. Afirmó que «algunas de nuestras ideas están muy por delante de las de los estadounidenses o de los soviéticos, por lo que no dejaré que nadie vea los planos (y planes) del cohete».

La verdad es que el presupuesto aprobado por el gobierno de Zambia para el proyecto no era excesivamente generoso ni para la economía de Zambia en el año 1964. Cuando los voluntarios solicitaron que se les pagara un sueldo Nkoloso se indignó y tuvo duras palabras con ellos. Tal vez a consecuencia de ello dos miembros del equipo se fueron de borrachera y jamás regresaron. El resto se apuntó a un grupo tribal de danza y canto y sacaban unas monedas de los turistas despistados que pasaban por la zona. Matha Mwamba, la joven y osada heroína de la operación, fue sacada del proyecto por sus indignados progenitores cuando su embarazo ya no pudo ser disimulado. Se llevó a dos de los gatos del equipo.

Así murió el proyecto espacial zambianés, el cual no solo pretendía enviar una nave a la Luna. También tenían pensado que en el viaje a Marte, acompañara a la intrépida Matha un misionero (anglicano) para predicar el cristianismo entre los marcianos; los cuales, según Nkoloso, eran parientes y cuyo origen estaba también en África.

Años después un periodista preguntó al presidente Kaunda por este ambicioso proyecto. El presidente sonrió pícaramente y respondió. «Lo autorizamos porque nos pareció divertido. Y lo fue».

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