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La composición fotográfica recoge, en la parte superior, al alcalde de Oyarzun, Antonio Echevarría Albisu, asesinado. A la izquierda, la fachada de la casa del Alcalde, y a la derecha, interior de la casa en que fue asesinado

La composición fotográfica recoge, en la parte superior, al alcalde de Oyarzun, Antonio Echevarría Albisu, asesinado. A la izquierda, la fachada de la casa del Alcalde, y a la derecha, interior de la casa en que fue asesinadoArchivo Gráfico de Carta de España

El primer atentado de ETA tras la muerte de Franco

Quienes en algún momento pensaron que el objetivo de la organización terrorista había sido terminar con la dictadura, cuatro días después de la muerte del general Franco se dieron de bruces con la cruda realidad. Y lo peor estaba por venir

El 24 de noviembre de 1975, un disparo en el pecho acabó con la vida de Antonio Echeverría Albisu. La víctima, de 33 años, era alcalde de la localidad guipuzcoana de Oyarzun desde el mes de agosto de 1974. En el momento de su asesinato, a sangre fría, era el edil más joven del País Vasco.

Alcaldes amenazados

A las 14:30 h de ese fatídico día, un hombre llamó a la puerta del domicilio del regidor, donde vivía con sus padres y una hermana. El desconocido le dijo a quien abrió la puerta que traía un encargo urgente del alcalde de Hernani. Cuando Echeverría salió a recibirlo, recibió un disparo en el pecho. El agresor huyó en un coche que lo esperaba a pocos metros. La víctima llegó sin vida a la Policlínica de San Sebastián.

Al día siguiente, la banda terrorista ETA difundió un comunicado amenazando de muerte a todos los alcaldes que no dimitieran en un plazo de dos meses. Aquella advertencia inauguró una campaña de atentados contra cargos municipales y forales que se prolongaría durante años y dejaría numerosas víctimas.

Asesinatos durante el franquismo

Echeverría fue la primera víctima mortal de ETA tras la muerte de Franco y la última de un año marcado por 16 asesinatos. Había sido 1974 el año en el que la banda terrorista realizó un mayor número de asesinados, alcanzando los diecinueve. Entre sus acciones es obligado destacar su primer ataque indiscriminado contra la población. El 13 de septiembre de ese año una potente bomba reforzada con metralla hizo explosión a la hora de la comida en la madrileña cafetería Rolando. En la acción, que ha pasado a la posteridad como el atentado de la calle del Correo, trece personas murieron y más de setenta resultaron heridas.

Un año antes, los asesinados por ETA fueron seis. Tres de ellos murieron a consecuencia del atentado que, a finales de diciembre de 1973, acabó con la vida del almirante Carrero Blanco, en aquel momento presidente del gobierno. Los otros fueron tres jóvenes gallegos que en marzo de 1973 desaparecieron en la localidad de San Juan de Luz (Francia). Se da prácticamente por seguro que fueron secuestrados, torturados y asesinados por miembros de la organización criminal.

Desde 1968 en que comenzó su singladura terrorista hasta la muerte de Franco, ETA cometió 43 asesinatos; alrededor del 5 % del total de los cometidos en toda su historia.

Los años de plomo

Contrariamente a lo que a veces se ha sostenido, el terrorismo no fue una consecuencia inevitable de la dictadura en España. De hecho, a finales de la década de 1960 surgieron organizaciones armadas en diversos países de nuestro entorno. En Italia apareció el grupo terrorista de ultraizquierda denominado Brigadas Rojas. En el Reino Unido, el IRA ha sido el responsable del mayor número de víctimas mortales en Europa. Y en Alemania nació la Fracción del Ejército Rojo, conocida como el grupo Baader-Meinhof.

De cualquier forma, antes de la muerte de Francisco Franco, la banda terrorista ETA contaba con la aquiescencia, implícita o explícita, de algunas fuerzas políticas y de ciertos sectores sociales. Algunos bienpensantes consideraban que, con la llegada de la democracia, ETA abandonaría la violencia para convertirse en un partido político. No obstante, pronto se evidenció que dicha transformación no formaba parte de sus planes. La supuesta lucha contra la opresión no fue más que un pretexto burdo para emplear la violencia armada con el fin de alcanzar objetivos políticos.

De hecho, en el año 1975 ETA mató a 16 personas. En 1976 se llevó por delante la vida de 18 personas y otras doce en 1977. Entre los asesinados, además de guardias civiles y miembros del Cuerpo de Policía Armada, estaban el alcalde de Galdácano, el presidente de la Diputación de Vizcaya, un mecánico —fatalmente confundido con el alcalde de Cizúrquil—, un inspector de autobuses, un taxista, un industrial, un obrero, un abogado, un concejal...

Pero la época que ha pasado a la historia como los años de plomo, entre 1978 y 1980, sería la más sangrienta. En 1978 ETA asesinó a 65 personas, 86 un año más tarde y acabó con la vida de 93 personas en 1980. En este corto periodo de tiempo asesinaron al 29 % de todas sus víctimas mortales.

Terror sin fin

El final de la década de 1980 y el principio de la siguiente estarían caracterizadas por una serie de matanzas indiscriminadas utilizando coches bomba. Entre ellas se encuentran los atentados en el centro comercial Hipercor en Barcelona —21 muertos—, en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza —11 muertos, cinco de ellos niñas— y en la casa cuartel de la Benemérita en Vic —10 muertos, cinco de ellos menores de edad.

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