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Fachada en la Puerta del Sol en noviembre de 1936, con pancartas alusivas a la Quinta Columna

Fachada en la Puerta del Sol en noviembre de 1936, con pancartas alusivas a la Quinta ColumnaEFE

La detención de refugiados finlandeses en Madrid, un grave episodio diplomático durante la Guerra Civil

En poco tiempo se supo que la representación finesa refugiaba sin amparo legal seguro a cientos de españoles, considerados enemigos del Frente Popular

Hacia noviembre de 1936, además de sede, la Legación finlandesa de la calle Zurbano 21 disponía de tres anexos en Madrid: uno en la calle de Quintana y los otros dos en las calles de Fernando III el Santo y de Velázquez 55. El primero tuvo que cerrarse por el avance de las tropas nacionales por el oeste de la ciudad. Cachero –que había impulsado el asilo– pronto tuvo que buscar algunas personas de su confianza para organizar los refugios, por lo que presentó a sus asilados como «cónsul» a Francisco de Paula Morayta Martínez y como portero a Julián Chamizo.

A finales de noviembre, la prensa anunció que la Legación había sido registrada, encontrándose armas y un gran número de refugiados, concretamente 345 hombres y 180 mujeres. Allí actuaba –según los diarios– la Quinta Columna al mando del capitán Panero y de Cecilio Rodríguez, jefe de parques y jardines del Ayuntamiento madrileño.

Realmente no hubo ningún acopio de armas, pese a los intentos de algunos asilados de lograrlas ante el esperado asalto. Carlota Narcisa González, que sería tesorera del Auxilio Azul, reconoció en la posguerra que había sido detenida cuando sacaba armas con destino a la Legación finesa, pero éstas nunca llegaron a su destino.

También fueron asaltados violentamente los otros anexos por guardias de asalto, milicianos y algunos miembros de las brigadas internacionales, los días 3 y 4 de diciembre de 1936. El número de detenidos osciló entre 400 y 600 personas. La mayor parte de ellos fueron conducidos, primeramente a la Dirección General de Seguridad, siendo interrogados, trasladándose luego a la tristemente prisión de San Antón, de donde una tercera parte de los antiguos refugiados fue puesta en libertad a las pocas semanas por presión del Cuerpo Diplomático extranjero pero el resto de asilados pasó largas semanas, o meses, en prisión, falleciendo muchos de ellos.

Unos 482 refugiados detenidos lograron ser amparados por la Legación de Turquía que les ofreció cobijo, lo cual elevó el número de sus protegidos a más de 800 personas. Pero algunos de los encarcelados en la prisión de San Antón fueron sacados de la misma y asesinados, como el teniente coronel Galarza, el abogado Jimeno y el excomisario Mariano Molina. Los autores de su muerte fueron Valero Serrano Tagüeña, jefe de la brigada del Amanecer, Federico Pérez Díaz y Eloy de la Figuera.

Pero ¿por qué los republicanos asaltaron esos anexos? Oficialmente se basaron en una denuncia sobre supuestos disparos y lanzamiento de bombas desde el interior de los pisos a la calle. Estas acusaciones no fueron verdad, entre otras cosas porque quienes estaban refugiados de forma sólo relativamente segura, no era lógico que llevaran a cabo tales provocaciones.

Por otra parte, cuando se realizaron los asaltos los asilados no se defendieron con armas. Las verdaderas causas fueron más sutiles; en primer lugar, las autoridades republicanas quisieron dar las sensación a la opinión pública de que controlaban la retaguardia y desarticulaban nidos de la Quinta Columna. Además, hubo otra causa menos prosaica, derivada de la necesidad de alimentar a cientos de refugiados.

El portero Julián Chamizo Morera entró en tratos con la CNT para que surtiese a la Legación de comida, por lo cual los anarquistas instalaron en los bajos de un refugio finlandés una especie de economato cenetista. El precio de los artículos era el doble de los que regían en Madrid, ya bastante altos por la escasez, y el peso la mitad. Además había una serie de guardias republicanos a los que, teóricamente, había que pagar para proteger el edificio, por lo que Chamizo se dedicó a recolectar dinero continuamente de los asilados.

Además, también los anarquistas sacaron dinero a los refugiados ofreciéndoles falsas evacuaciones. Se organizó una expedición de salida en la Legación de Finlandia que partió el 21 de octubre de 1936 de Madrid y que, desde ese día, nadie supo más de sus integrantes, supuestamente asesinados por los cenetistas. Para su realización, contaron con la complicidad de Chamizo, que indicó a varios familiares de los falsamente evacuados que, mediante el pago de un dinero, se les facilitaría una documentación para el ansiado traslado a la España nacional.

Llegó un momento en que no se pudo recaudar nada por lo que el negocio finalizó, restando tan solo ya realizar el teatro del asalto y captura de «peligrosísimos fascistas». Según declaró en la posguerra José Cazorla Maura, consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, el asalto fue organizado por su antecesor en el cargo, Santiago Carrillo, y por Luis Vázquez Valdovinos, comisario general de la capital, siendo ejecutada por este último y Fernando Poncela con fuerzas de la Dirección General de Seguridad.

Tras su expulsión y cese oficial por Helsinki, Francisco Cachero desapareció, y el portero, Julián Chamizo, fue sospechosamente liberado al poco tiempo sin cargos, lo que confirmó, para muchos asilados, su complicidad con la policía y los anarquistas. Su nombre volvió a aparecer, al año siguiente, en diversas desapariciones de asilados en otras embajadas que habían querido contratar sus servicios para abandonar clandestinamente la España republicana.

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