Galba
Galba, el gobernador de Hispania que derrocó a Nerón y fue asesinado por su propia guardia
El 15 de enero del año 69 d.C., Servio Sulpicio Galba murió a manos de los pretorianos encargados de protegerle, en el inicio del turbulento año de los cuatro emperadores
En la primavera del año 68 d. C., el Imperio romano había tenido suficiente de la dinastía julio-claudia. La primera familia imperial, inaugurada por Octavio Augusto, había gobernado Roma con los primeros cinco emperadores, que iban de lo eficiente (Claudio o el propio Augusto) a lo delirante (Calígula o Nerón), pasando por los que combinaron ambos rasgos (Tiberio). Sin embargo, un grupo de gobernadores, encabezados por Galba, se rebeló contra Nerón y lo depuso. El último de los julio-claudios fue obligado a suicidarse, y el Senado reconoció a Servio Sulpicio Galba como emperador. Duraría siete meses en el trono.
¿Quién era Servio Sulpicio Galba? Nacido en Terracina, cerca de Roma, era miembro de una rica familia patricia y desarrolló su carrera militar y política por todo el Imperio: fue legado de Aquitania y Germania, participó en la conquista de Britania y gobernó la provincia de África con el rango de procónsul. En el año 60, Nerón lo nombró gobernador de Hispania Tarraconense, cuando tendría aproximadamente 55 años (no se conoce con certeza su año de nacimiento). Suetonio cuenta que, siendo Galba un niño, Augusto le saludó con un pellizco en la mejilla diciendo: «Y tú, pequeño, probarás el poder». Contó también con la simpatía de Livia, la influyente esposa de Augusto.
Cuando Calígula fue asesinado, hubo quien le ofreció el trono a Galba, pero este rehusó y prefirió apoyar al tío de Calígula, Claudio, que lo incluyó en su círculo de allegados. Sin embargo, el sucesor de Claudio, su sobrino Nerón, lo trató con desagrado, y Galba prefirió mantener un perfil discreto, hasta que la impopularidad del emperador le dio la oportunidad de cambiar las cosas.
En el año 68, Víndex, gobernador de la Galia, ofreció a Galba encabezar un levantamiento para derrocar a Nerón, y este aceptó con rapidez. Aunque Víndex murió en batalla durante la rebelión, tras subir al trono Galba ordenó acuñar monedas con su efigie en agradecimiento por su papel en su ascenso al poder.
Áureo romano que representa a Galba (68-69 d. C.)
Galba proclamó en Cartago Nova que su deber era liberar a Roma del tirano que la oprimía, y rápidamente ganó apoyos. Pactó con el gobernador de Egipto y derrotó al de Germania, que le hacía la competencia. Entró en Roma en junio del 68 d. C., y el Senado lo reconoció como emperador, en lo que suponía uno de los tantos ejemplos de que el poder del otrora poderoso Senado romano no tenía más remedio que aceptar las imposiciones de los militares.
La fuente más antigua que ha llegado hasta nosotros es la biografía de Galba escrita por Plutarco, quien llegó a Roma poco después de los turbulentos acontecimientos de 69 d. C. y pudo recopilar información de primera mano directamente de quienes presenciaron los hechos.
Galba basó su legitimidad como emperador en una suerte de restauración de la República romana, así como de los primeros emperadores, haciendo acuñar monedas de Livia, que fue su protectora al inicio de su carrera. Sin embargo, su popularidad en la capital no dejó de caer. Mientras que los anteriores emperadores habían comenzado su mandato con una amnistía general, él hizo ejecutar a sus opositores, ganando fama de cruel.
Además, al recortar gastos para sanear el malogrado tesoro público, que estaba en estado crítico tras los despilfarros megalomaníacos de Nerón, se forjó reputación de tacaño. Los soldados tampoco estaban contentos con estos recortes de presupuesto. Ante las quejas de los militares, que exigían un mayor salario, Galba dijo que él estaba «acostumbrado a contratar soldados, no a comprarlos».
Galba era un hombre de más de sesenta años y no tenía hijos. Su primera esposa, Emilia Lépida, había fallecido y no quiso tomar una segunda, por más que Agripina, la madre de Nerón, se le insinuó incluso en vida de su primera esposa, con tanto descaro que la madre de Emilia Lépida la abofeteó en público.
De todos modos, según Suetonio, «su pasión lo impulsaba hacia los varones: pero los quería vigorosos y maduros». Cuando el emperador debió nombrar heredero, las diferentes facciones del Senado y del ejército perdieron la poca concordia que les quedaba. El gobernador de Germania, Vitelio, se alzó en armas, pero fue finalmente uno de los primeros partidarios de Galba, Marco Salvio Otón, quien lo traicionó. Indignado por no haber sido nombrado heredero, protagonizó un levantamiento que acabó con el asesinato de Galba a manos de sus pretorianos.
Aunque el emperador se había atrincherado en su palacio para salvar su vida, se hizo correr la voz de que Otón había sido asesinado. Los pretorianos llegaron a mostrar a Galba una espada ensangrentada, supuestamente manchada con la sangre de su enemigo. Así, abandonó la seguridad del palacio y fue decapitado por la guardia pretoriana.
Los cronistas romanos tuvieron opiniones diversas sobre él. Plutarco le es favorable, pero dice que «quería gobernar sobre las bestias», mientras que Tácito lo tacha de «un gobernante enfermizo y crédulo». Lo cierto es que fue el primer emperador de muchos en tomar el trono por las armas, un triste precedente para el Imperio romano. Su sucesor, Otón, duró poco en el trono, que le arrebató por la fuerza Vitelio, y a este, a su vez, Vespasiano, que cerró el año de los cuatro emperadores trayendo a Roma una estabilidad que necesitaba desesperadamente.