Cómo Estados Unidos ha moldeado la política territorial de Dinamarca desde el siglo XIX hasta hoy
Desde la venta de las Indias Occidentales Danesas hasta la tentativa de compra de Groenlandia por parte de Donald Trump, Estados Unidos ha ejercido una influencia constante sobre el mapa territorial danés. Una relación marcada por la presión estratégica, las cesiones forzadas y una soberanía cada vez más condicionada
En la imagen, la evacuación danesa de Santa Cruz, después de la adquisición de las Indias Occidentales Danesas por parte de Estados Unidos en 1917
El presidente Donald Trump ha declarado que quiere anexionar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, desde 2019, que no pertenece a la UE por su defensa de los derechos pesqueros. Los Estados Unidos han usado la presión política internacional para expansionarse, cubriendo su ambición con una operación de compra normal, que en algunos casos ni efectuaban.
En 1803, los EE. UU. compraron a Francia el territorio de Luisiana por 15 millones de dólares, aunque en realidad Napoleón compró su neutralidad en las futuras guerras. En 1819, España vendió Florida a Estados Unidos por unos 5 millones de dólares, que nunca cobró. En 1854, EE. UU. también compró 80.000 km² del norte de México por 10 millones de dólares, aumentando el territorio arrebatado por la guerra de 1848. En 1867, Rusia le vendió Alaska a EE. UU. por 7,2 millones de dólares, antes de perderla ante Gran Bretaña.
Aunque también ha usado a filibusteros, mercenarios, como William Walker, quien realizó varias operaciones a favor de su país, como la conquista de Nicaragua, en la cual proclamó la restauración de la esclavitud y la instauración de la lengua inglesa. Finalmente, sería ejecutado por los centroamericanos como el criminal que era. Esta política será llevada, en último lugar, al reino de Hawái. El archipiélago tenía un gran potencial estratégico como punto intermedio con el mercado chino.
El uso de los inmigrantes estadounidenses será fundamental para derrocar a la familia real y proceder a la anexión del territorio. Esta decisión no contó con el apoyo de los nativos, que se opusieron a la anexión. A pesar de las revueltas encabezadas por la última monarca, Liliʻuokalani, que sería derrocada en 1893, Hawái estuvo bajo control directo hasta 1959, cuando Estados Unidos convirtió a este territorio en el estado número 50. Para entonces, la población indígena ya era una minoría marginal.
Arriamento de la bandera hawaiana e izamiento de la bandera estadounidense durante la ceremonia oficial de la anexión
El caso groenlandés será muy similar a este último. Groenlandia es una enorme isla y un territorio danés autónomo entre los océanos Atlántico Norte y Ártico. Gran parte de su superficie territorial está cubierta de hielo. La mayor parte de su pequeña población (57.000) vive en la costa, principalmente en el suroeste. No es la primera vez que Dinamarca, país que pertenece a la UE y a la OTAN, ha sufrido los zarpazos de los EE. UU.
En 1917, la potencia norteamericana compró, bajo presión, las Indias Occidentales Danesas. Las Indias Occidentales Danesas eran una antigua colonia de Dinamarca en el mar Caribe, ahora conocida como las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. La amenaza era que podían ser usadas por los submarinos alemanes durante la Primera Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido invadió Islandia el 10 de mayo de 1940 por su valor estratégico. En aquel momento, Islandia mantenía una unión personal con Dinamarca y disponía de su propio gobierno autónomo. La necesidad de tropas obligó a los británicos a ser relevados por los estadounidenses, quienes asentaron bases (que todavía mantienen), impulsaron una reivindicación independentista, y el 17 de junio de 1944 proclamaron la República de Islandia, que se independizó de Dinamarca, mientras esta estaba ocupada por Alemania durante el conflicto mundial.
Militares estadounidenses en Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial
La anexión de Groenlandia sería la tercera pérdida de territorio ante sus «aliados». En el caso de que Estados Unidos ataque a un país de la OTAN, la alianza estaría muerta para el futuro. Las consecuencias serían gravísimas para los países bálticos, ante la vecindad de la Federación de Rusia, o para España, ante un país con una política agresiva y en carrera de compra de armamento, como Marruecos.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha dado orden a sus fuerzas armadas de defender el territorio nacional. La clave principal se encuentra en los groenlandeses, que no quieren ser parte de EE. UU., pero su relación con Dinamarca no es buena, aunque dependen de su subsidio económico permanente. Los EE. UU. pretenden usar a los nacionalistas groenlandeses a su favor, para emplearlos en el proceso de asociación.
La política internacional de los EE. UU. siempre ha sido muy benefactora con los nacionalistas, como en nuestro país lo ha sido con el PNV y la antigua CiU. Las consecuencias para el futuro son evidentes: una nueva Alaska, donde se ampliarían los derechos estadounidenses para la exploración del espacio ártico, los recursos de la isla-continente y la llegada masiva de pobladores estadounidenses, que dejarán a la población groenlandesa en una rareza marginal, de forma similar a la hawaiana.