El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel el Viejo, refleja la agitación social y el terror que desató la peste negra, que devastó la Europa medieval
Así azotó la Peste Negra a Europa: hasta un 50 % de la población desapareció
Al desaparecer la peste de la faz de la Tierra en la Edad Contemporánea, se pensó que resultaba imposible que cruzara otra vez Asia para llegar a Europa y África. Sin embargo, la epidemia del COVID-19 volvió a repetir su itinerario medieval
Por tres veces, el jinete que simbolizaba la Peste en el Apocalipsis cristiano cruzó los territorios europeos. La primera vez partió de la entrada a Asia, la ciudad de Constantinopla —actualmente Estambul— en el año 542, y la dolencia se mantuvo con variada intensidad durante los siglos VI y VII. La segunda pandemia hizo su aparición en el año 1347 y se mantuvo activa casi sin interrupción hasta 1453, rebrotando después en diversos lugares hasta su última manifestación en Europa, en el año 1720. Esta última peste extendió sus efectos por Asia y África, alcanzando la costa americana del Pacífico, aunque apenas afectó a los Estados europeos.
La que dejó más honda huella fue la conocida como Peste Negra, que produjo una monstruosa mortandad, cifra difícil de valorar, aunque se supuso que hubo 25 millones de víctimas. Esta cifra, considerada en su valor absoluto, lo es aún más en su valor relativo. La baja demografía existente durante la Baja Edad Media quedó gravemente afectada, al alcanzarse descensos numéricos de población que, en la mayor parte de los casos, se cifraban en el 30 %, y en numerosas ocasiones se llegaba a valores porcentuales del 50 % o más. Tanto reyes como campesinos, nobles como eclesiásticos, burgueses como labradores fueron víctimas de la enfermedad, que apenas respetó la vida en algunas comarcas interiores.
La peste procedió de China, por lo que es posible que hubiese una vía complementaria de acceso a Europa a través de Constantinopla, centro terminal de las rutas comerciales con Oriente. También se dijo que la trajeron los comerciantes genoveses que se encontraban sitiados por los tártaros en el puerto de Tana, en Crimea.
Los sitiadores fueron presa de la peste y tuvieron que levantar el asedio, pero antes de marcharse decidieron contagiar a los defensores cristianos lanzando, con potentes catapultas, cadáveres contaminados. En cuanto se levantó el cerco, los genoveses partieron hacia Italia, provocando el primer gran foco de la enfermedad.
La infección fue llevada por las ratas de las naves, a través de sus pulgas, y se extendió por las costas del Mediterráneo, siendo los puertos los primeros lugares infectados y transmitiéndose desde estos hacia el interior con mayor lentitud.
Ciudadanos de Tournai enterrando víctimas de la peste negra
Los efectos más terribles se produjeron durante los primeros tres años, remitiendo después en intensidad, pero reapareciendo de vez en cuando a lo largo de un siglo. Las más bellas ciudades quedaron asoladas y muchas poblaciones rurales fueron abandonadas, como lo revelan los análisis realizados a partir de fotografías aéreas.
El trágico jinete no vino solo, sino acompañado del Hambre, consecuencia de los desastres agrícolas debidos a adversas condiciones meteorológicas. La escasez de alimentos provocó una gran crisis social: la caída de bancos, casas de préstamos y comercios; se produjeron revueltas sociales contra los señores feudales y se generalizó el bandolerismo.
El poeta italiano Petrarca escribió: «¿Cómo podrá creer la posteridad que hubo un tiempo en el que, sin compasión del Cielo y de la Tierra, sin guerra ni otra calamidad visible, no solo este o aquel país, sino todo el mundo quedó deshabitado, con las casas vacías, las ciudades muertas, los campos abandonados y el suelo repleto de cuerpos, por todas partes un rastro de muerte?».
En 1665 hizo su aparición nuevamente en Londres, y las autoridades intentaron evitar el contagio entre los marineros y la población civil separando sus actividades. El puerto y el comercio marítimo no dejaron de existir, pero se ordenó que las mercancías que traían los barcos fueran dejadas previamente en almacenes y otros lugares. A continuación, cuando los marineros se habían ido, los comerciantes podían recogerlas más tarde.
Peste negra
La peste bubónica, la neumónica o la septicémica, la letal dolencia, imperó en el mundo hasta que se logró vencerla. Sin embargo, el caballero del Apocalipsis, montado sobre su caballo de color verdoso, sigue su galopada actualmente, portador de un contagio aún más horrendo: la indiferente y fría apuesta por el aborto que amenaza la vida de Europa y de todo el mundo.