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Un grabado europeo del siglo XIX de una caravana árabe de comercio de esclavos que transportaba esclavos africanos a través del Sahara

Un grabado europeo del siglo XIX de una caravana árabe de comercio de esclavos que transportaba esclavos africanos a través del Sahara

La gran mentira sobre la esclavitud en África: fue un negocio árabe y tribal antes de Europa

Visiones nacionalistas y «buenistas» afirman que la esclavitud no hubiera estado presente en África de no haberla traído los esclavistas europeos en la Edad Moderna. Pero es un gran mentira. En África oriental se produjo un lucrativo comercio humano en manos de árabes durante cientos de años

Lógicamente, los árabes se encontraban geográficamente más cercanos a la zona este del continente africano y tenían mejores métodos de coerción que los nativos. Por otra parte, cuando comenzaron el negocio, la práctica estaba enraizada en aquellos lugares. Los esclavos no eran capturados por los negociantes árabes, sino comprados a los jefes nativos, pues sin su colaboración hubiera sido muy difícil la continuidad en el tiempo –de gran duración– y el enorme volumen de tráfico humano.

En general, los esclavos eran prisioneros de guerra, producto de las rivalidades tribales; algunos se vendían directamente a las caravanas árabes para que los libres no pasaran hambre, situación muy habitual –y en mayor medida– que en el siglo XX y XXI, pese a que visiones nacionalistas presentan a África como un paraíso terrestre, con abundancia de comida y organizaciones comunitarias predemocráticas que el europeo destrozó en el siglo XIX.

Y es que del hambre y de las luchas internas entre los pueblos africanos hablaron todos los navegantes y exploradores del Viejo Continente que se atrevieron a penetrar hacia el interior, más allá de las costas. El atraso, el hambre, el paludismo, las caravanas de esclavos, las matanzas entre «hermanos africanos» y los elevados índices de mortalidad fueron constantes, especialmente en África oriental. Este territorio se encontraba sumido prácticamente todavía en el Paleolítico, donde la única presencia disonante eran las factorías árabes dedicadas al comercio de esclavos y del marfil.

La historia que se enseña, presentando esa Arcadia feliz, es producto de un afronacionalismo unido a un complejo de culpa de ciertos historiadores europeos que se arrepienten de la evolución científica y cultural de su continente, que genera el bienestar desde el cual cotidianamente se autodestruyen. Cabe destacar que el comercio europeo de compra de esclavos en África y venta en las Américas duró tres siglos, mientras que el tráfico árabe duró más de mil años, por lo que algunos historiadores calculan en 15 millones de africanos arrebatados de su hogar y vendidos en el norte de África y Asia.

Rutas comerciales transaharianas

Rutas comerciales transaharianasDominio Público

El doctor Livingstone afirmó que, de cada cinco esclavos que llevaban las caravanas árabes por Tabora, en el centro de la tradicional ruta terrestre, cuatro morían antes de llegar a Arabia a mediados del siglo XIX. Este comercio producía un beneficio del 60 %, con el que se crearon grandes fortunas, y sostenía una economía de base esclavista de la que sacaban provecho no solo los negreros árabes, sino los proveedores de las caravanas, los indios del mercado de Zanzíbar que financiaban sus elevados gastos y numerosos sinvergüenzas.

En el citado mercado del sultanato de Zanzíbar, los comerciantes árabes paseaban en primer lugar con sus esclavos a modo de desfile, declamando sus cualidades y los altos precios que habían sido ofrecidos por ellos. Cuando alguno de ellos despertaba el interés de algún comprador, la fila se detenía y podía examinarlo con minuciosidad, como si fuera ganado.

Cuando comprobaba que oía, veía, no tenía tara ni enfermedad, el cliente comprobaba la boca y los dientes del esclavo y, después, las otras partes del cuerpo, incluidos los senos de las muchachas. Luego se hacía correr al esclavo para que demostrara que no tenía defectos en los pies, tras lo cual, acordado un precio, se les quitaba los adornos y eran entregados a los dueños, a veces totalmente desnudos.

Esclavistas musulmanes y sus cautivos en el río Ruvuma en Mozambique

Esclavistas musulmanes y sus cautivos en el río Ruvuma en Mozambique

A mediados del siglo XIX, el comerciante árabe había precedido en todas partes al explorador europeo, y en retirados lugares como Malaui había llegado a ser tan dominante que algunas sociedades tribales estaban prácticamente paralizadas por el miedo. La indefensión del nativo, por su escaso nivel de desarrollo tecnológico, era tal que les llevaba a la desesperación e impotencia.

Hubo tribus que basaron su economía exclusivamente en la trata, y sin cuya colaboración los árabes no hubieran podido practicarla con la intensidad que lo hicieron durante toda la Edad Media, Moderna y parte de la Contemporánea. Los mayores auxiliares fueron los gogos y nyamwezis, en la actual Tanzania, llegando a establecerse por su cuenta vendiendo esclavos a los intermediarios árabes en los pueblos de Tabora y Ujiji. También colaboraron los yaos y los ngoni en la zona del lago Malaui, provocando la huida de otros pueblos africanos y la despoblación de las regiones cercanas. Zambia tampoco se libró de este inhumano negocio, pues los kololos vendieron a los árabes numerosos esclavos a cambio de fusiles.

Grandes esclavistas africanos como Msri, Mirambo o Miuzi, o árabes amulatados como Tippu Tib, en el siglo XIX, contaban con la experiencia secular de sus predecesores, tenían fuerzas armadas y administración propia de un negocio basado en la exportación de marfil y esclavos. Y muchos presumieron de cumplir diariamente los preceptos sagrados del islam.

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