Una víctima del Domingo Sangriento es cargada en las calles de Derry
Qué pasó en el Domingo Sangriento de 1972: la masacre que radicalizó el conflicto irlandés
Catorce personas murieron como consecuencia de los disparos y más de treinta resultaron heridas. Numerosos testigos afirmaron que las víctimas estaban desarmadas
El 30 de enero de 1972, una manifestación civil en Derry terminó con catorce muertos por disparos del Ejército británico, un episodio que solo puede entenderse a la luz de la partición de Irlanda y del fracaso político que supuso Irlanda del Norte.
Tras siglos de dominio británico, el nacionalismo irlandés vio cristalizados sus esfuerzos con la entrada en vigor del Tratado angloirlandés el 6 de diciembre de 1922, que establecía la creación del Estado Libre Irlandés, un año después del final de la Guerra de Independencia (1919-1921). Irlanda del Norte, amparándose en el propio tratado, decidió permanecer en el Reino Unido, consumando la partición de la isla y dando comienzo al conflicto irlandés.
Irlanda del Norte: una sociedad dividida
Los seis condados que conformaron Irlanda del Norte quedaron desde entonces bajo el férreo control político del Partido Unionista del Ulster. Su sociedad, sin embargo, estaba fragmentada en dos: una mayoría protestante unionista, leal a la Corona y partidaria de permanecer en el Reino Unido, y una minoría católica nacionalista que se consideraba irlandesa y aspiraba a la reunificación de la isla.
La adscripción religiosa actuaba como marcador político e identitario entre los leales protestantes y los sospechosos insurgentes católicos, lo que se traducía, a nivel práctico, en una discriminación constante de los segundos en el acceso a la vivienda, al empleo y a la representación política. A ello se sumaron prácticas de manipulación electoral (gerrymandering), que garantizaban amplias mayorías unionistas en el Parlamento norirlandés, un aparato policial abiertamente sectario (la Royal Ulster Constabulary) y la tolerancia de grupos paramilitares violentos anticatólicos (los B-Specials).
A finales de los años sesenta, la respuesta proirlandesa fue mayoritariamente pacífica, articulada en marchas que reclamaban igualdad legal y social dentro del propio marco británico. El IRA llevó a cabo algunas acciones violentas aisladas, pero carecía de un respaldo social amplio: muchos republicanos lo consideraban un grupo radical, más influido por planteamientos marxistas y la lucha de clases que por la defensa efectiva de los católicos frente a las represalias institucionales del Gobierno del Ulster.
En 1969, el Ejército británico fue desplegado en Irlanda del Norte con el objetivo de devolver la paz a los seis condados. Este hecho fue inicialmente percibido por la comunidad católica como una garantía de neutralidad frente a los continuos atropellos protestantes. Pronto se vio que el papel de las Fuerzas Armadas del Reino Unido no era el de árbitro, sino de parte activa del conflicto, desde la imposición del internment (detención y encarcelamiento sin juicio de los sospechosos de pertenencia al IRA), impuesto por el Gobierno norirlandés el 9 de agosto de 1971 a través del Acta de Poderes Especiales. Solo esa noche, 342 católicos fueron detenidos en todo el Ulster.
La ciudad libre de Derry
En este contexto de creciente tensión y deslegitimación del Estado, la ciudad de Derry adquirió un valor simbólico. De mayoría católica pero gobernada durante décadas por una minoría protestante, la ciudad se convirtió en un foco constante de protesta. Tras los disturbios de 1969, los barrios católicos de Bogside y Creggan se transformaron en una zona vedada para las fuerzas de seguridad, conocida como Free Derry, donde durante largos periodos no existió otra autoridad que la ejercida informalmente por los propios residentes.
La Free Derry corner aún sobrevive en el Bogside, Derry. Fue pintada por primera vez en enero de 1969 por el activista John Casey
El Domingo Sangriento
El 30 de enero de 1972, la Asociación por los Derechos Civiles de Irlanda del Norte (NICRA) convocó una manifestación pacífica contra los encarcelamientos masivos y arbitrarios de jóvenes irlandeses en el Ulster. El recorrido iba desde Creggan, pasando por el Bogside, hasta el centro de la ciudad, desafiando la prohibición de abandonar la ciudad libre de Derry. Aunque los organizadores modificaron el recorrido para evitar las barricadas militares, un pequeño grupo aislado lanzó piedras contra una posición del Ejército.
La respuesta británica fue inmediata y desproporcionada. Tras el uso inicial de gas, balas de goma y agua a presión, tropas del Primer Batallón de Paracaidistas penetraron en el barrio y abrieron fuego real contra los manifestantes. Catorce personas murieron como consecuencia de los disparos y más de treinta resultaron heridas. Numerosos testigos afirmaron que las víctimas estaban desarmadas, y varias de ellas recibieron disparos por la espalda mientras huían o auxiliaban a otros heridos.
Los días siguientes acogieron protestas en todo el mundo por lo ocurrido: Belfast y Dublín (donde la embajada británica fue incendiada), en cabeza, pero también Berlín, Milán y Nueva York. Lejos de pacificar la situación, el Domingo Sangriento aceleró la radicalización del conflicto y provocó una oleada de alistamientos en las filas del IRA, tanto provisional como oficial.
El Gobierno británico respaldó inicialmente la actuación del Ejército, y no sería hasta 2010 cuando, tras la investigación Saville, el primer ministro David Cameron reconoció que ninguna de las víctimas suponía una amenaza ni justificaba el uso de fuego letal. Para entonces, el daño ya era irreversible: el Domingo Sangriento había sellado la ruptura definitiva entre el Estado británico y una parte significativa de la población norirlandesa, convirtiéndose en uno de los fracasos políticos más graves de la historia contemporánea del Reino Unido.