Ranavalona III, la última reina de Madagascar
Parecerse a Europa para sobrevivir: cómo Madagascar intentó evitar la conquista francesa
Entre reformas educativas, alianzas diplomáticas y un ejército entrenado por europeos, el reino de Madagascar trató de resistir al avance colonial. Pero la presión de Francia —y la indiferencia británica— selló su destino
Los franceses fueron ocupando puertos y ciudades costeras de la gran isla vecina de África, poco a poco, mientras los británicos trataban de obstaculizarlos, pues deseaban ocupar el reino, al encontrarse en su vital ruta comercial hacia sus dominios en el sur de Asia.
Para intentar evitar las excusas colonizadoras, los reyes de Madagascar crearon en la capital, de 15.000 habitantes, Tananarivo, una corte europeizada; fomentaron un sistema educativo en manos de misioneros, sin parangón en el vecino continente africano de la época. También intentaron levantar un ejército armado y organizado por europeos que les permitiera defender el territorio nacional.
Las clases altas nativas decidieron vestir a la europea, construyendo palacios con recargada decoración, pero la estructura económica del Estado se mantuvo arcaica y pobre. Los funcionarios de la administración estuvieron mal pagados, se impuso trabajo forzoso a hombres libres para la construcción de obras públicas, y en el campo la población mantuvo sus costumbres y modo de vida ancestrales.
Tamatave bombardeada y ocupada por la marina francesa el 11 de junio de 1883
Entre 1817 y 1820 se firmaron acuerdos con el Reino Unido por los cuales, a cambio de la abolición de la trata de esclavos, el rey Radama I (1810-1828) obtuvo unas indemnizaciones que le permitieron la compra de armas europeas para sus soldados. Además, recibió técnicos ingleses y pudo enviar a veinte jóvenes a estudiar a Londres sin ningún tipo de gastos.
La Sociedad Misionera de Londres pudo asentarse en la isla sin temor y convirtió el idioma malgache en lengua escrita, introduciendo también las primeras imprentas. Por entonces, el ejército estaba formado por 14.000 hombres dotados de modernas armas de fuego. Bajo el mando de un aventurero inglés, realizó varias campañas contra etnias limítrofes que reconocieron la soberanía de la dinastía Merina.
Si bien se consiguió que las potencias europeas respetaran la monarquía de un país exótico pero organizado, el proceso de reformas impuestas desencadenó protestas sociales, a las que tuvo que enfrentarse la reina Ranavalona I (1828-1861). Los partidarios del orden antiguo, xenófobos y enemigos de la influencia extranjera, triunfaron, prohibiendo la evangelización cristiana y permitiendo de nuevo la esclavitud. Ello, tarde o temprano, sería una excusa para la intervención colonial francesa o británica.
Por eso, solo se autorizó la exportación de arroz y carne a cambio de pólvora y fusiles, levantándose un complejo industrial con esclavos para lograr la autosuficiencia en materia de construcción armamentística. La reina fue muy popular entre los tradicionalistas por su política, pero no se ganó el favor de los partidarios de la modernización con moldes europeos.
Su hijo Radama II (1861-1863) produjo un vuelco político al permitir el regreso de los misioneros a Madagascar, incentivando las relaciones con Francia, lo que provocó su asesinato a manos de los malgaches tradicionalistas.
Le sucedieron tres reinas, siendo Ranavalona III (1883-1897) la última, aunque quien gobernó realmente fue el primer ministro Rainilaiarivony, que fue casándose con cada una de ellas para eternizarse en el poder. La política que llevó a cabo fue un equilibrio entre tradicionalistas —para evitar problemas interiores— y modernización exterior, para retrasar todo el tiempo posible la amenaza permanente de una conquista europea. En 1882 se había consolidado la estructura estatal en dos terceras partes del país; existía una élite europeizada y la capital contaba ya con 70.000 habitantes, de los que 40.000 eran esclavos.
Cartel francés sobre la guerra franco-hova.
Y en 1883 se produjo la invasión francesa mediante una guerra que, en dos años, supuso la derrota de los malgaches. Francia impuso un gobernador general, representó diplomáticamente a la isla en el mundo y los invadidos reconocieron sus deudas económicas con los invasores. Era el primer paso de la colonización, al reconocerse la categoría de potencia protectora. ¿Y los ingleses ayudaron a los malgaches? A cambio de una modificación en los límites occidentales de Nigeria, Gran Bretaña dejó manos libres a Francia en Madagascar en un acuerdo firmado en 1890.
En 1894, los franceses quisieron eliminar todas las leyes que impedían la hegemonía de sus ciudadanos en los negocios y propiedades de la isla. El gobierno malgache se negó, con el apoyo del pueblo, estallando nuevamente la guerra. Los ejércitos coloniales franceses, formados por mercenarios argelinos y afroasiáticos, derrotaron al ejército de la reina Ranavalona III, que se rindió al año siguiente en Tananarivo ante el general Duchesne, aceptando el protectorado francés de iure y el pago de las deudas, es decir, los gastos del ejército de ocupación.
La reacción nacional no se hizo esperar, y un levantamiento general en la isla provocó que Francia destituyera a la reina y declarara la isla como colonia francesa, decretando a cambio la abolición de la esclavitud. La pacificación total duró ocho años, muestra de la resistencia popular. Ranavalona III fue desterrada y murió en Argel en 1917; sus cenizas regresaron a la capital malgache en 1938, en medio del calor popular.