Fundado en 1910
Royal Lodge

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Dinastías y poder

De Royal Lodge a Fort Belvedere: los escenarios del poder y escándalo en la dinastía británica

Desde la era victoriana hasta la actualidad, la monarquía británica ha reflejado los cambios de una dinastía en transformación. Bajo el reinado de Victoria, el Imperio británico alcanzó su máxima extensión, y el trono se consolidó como símbolo de poder y prestigio internacional.

A lo largo del siglo XX, la familia real tuvo que hacer frente a dos guerras mundiales, abdicaciones y escándalos que dejaron entrever un lado humano no ajeno a la controversia. Durante este tiempo, ciertas residencias reales se convirtieron en escenarios donde se tomaron decisiones que afectaron al destino de la monarquía; refugios discretos y casas de campo donde la vida privada tuvo que mezclarse con la política imperial.

Mucho podría aportar el historiador y académico David Cannadine al respecto. Hoy, con Carlos III al frente, la monarquía británica sigue lidiando con la tensión entre la tradición y la opinión pública por ciertos incidentes que han podido ocurrir entre sus muros.

Royal Lodge: de refugio campestre a investigación por la Policía británica

La que fue residencia durante más de dos décadas de Andrés Mountbatten-Windsor está en el centro de la polémica. Pero a comienzos del siglo XX, era el refugio campestre de los entonces duques de York, el príncipe Alberto, al que familiarmente llamaban Bertie, y su esposa desde 1923, Isabel Bowes-Lyon.

Situada en Windsor Great Park, a unos cinco kilómetros al sur del Castillo, se convirtió en el lugar de las temporadas familiares junto a sus hijas Isabel y Margarita en un tiempo en el que llevaban una vida relativamente discreta y alejada del escrutinio público, pues no eran los primeros en la línea de sucesión.

Pintura de Royal Lodge de William Daniel realizada en 1827

Pintura de Royal Lodge de William Daniel realizada en 1827

Ellos nunca pensaron que un día les tocaría reinar como Jorge V y la reina Isabel, y aunque asumían responsabilidades oficiales, todas las miradas parecían puestas en el príncipe de Gales, Eduardo, con un estilo de vida más despreocupado y viajero.

Sin embargo, esta residencia terminó convertida en el escenario de tensiones y decisiones que marcaron la historia de la Corona: la preparación de Alberto para asumir el trono, la construcción de un liderazgo sólido frente a la abdicación de Eduardo a finales de 1936 y la cercanía a los cambios sociales que iban a transformar la percepción de la monarquía en el Reino Unido en los años siguientes.

Después de la muerte de su esposo en 1952, la reina madre continuó residiendo en Royal Lodge hasta su fallecimiento en 2002.

Fort Belvedere: el romance que sacudió la monarquía

Fort Belvedere, en Surrey, a unos 45 minutos de Londres, es el escenario de uno de los episodios más conocidos de la historia reciente de la Corona británica. Durante los años treinta, fue el lugar en el que el príncipe de Gales, Eduardo VIII, mantuvo su relación con Wallis Simpson, doblemente divorciada estadounidense.

La privacidad que ofrecía Fort Belvedere permitió que el príncipe y Wallis llevaran adelante un romance que rompía todas las normas de la familia, la Iglesia de Inglaterra y hasta de la política del entonces primer ministro Stanley Baldwin.

Mandatory Credit: Photo by Daily Mail/Shutterstock (2987127a)
Fort Belvedere A Royal Residence From 1750 To 1976 Windsor Great Park Sunningdale In The Surrey/berkshire Borders.
Fort Belvedere A Royal Residence From 1750 To 1976 Windsor Great Park Sunningdale In The Surrey/berkshire Borders. 
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Fort BelvedereGTRES

Durante estos años, Europa vivía un momento crítico a causa de la amenaza nazi, aunque el Imperio Británico todavía pretendía consolidar su posición internacional. Sin embargo, los asuntos personales del heredero al trono eclipsaron, durante algunos meses, los desafíos políticos. Las fiestas privadas y los encuentros de la pareja convirtieron Fort Belvedere en un lugar simbólico para los Windsor: la abdicación de Eduardo en diciembre de 1936 alteró la línea de sucesión y dejó a su hermano, Jorge VI, frente a un imperio que se preparaba para tiempos de crisis y guerra.

Sandringham House: el retiro del rey Eduardo VII

En Norfolk, Sandringham House fue la residencia preferida de Eduardo VII, primogénito varón de la reina Victoria y monarca entre 1901 y 1910. Durante su reinado, el Imperio Británico vivió un período de transición tras la larga «era victoriana», con crecientes tensiones sociales internas y problemas en las colonias. Sandringham permitía un distanciamiento de las responsabilidades políticas y ofrecía un espacio en el que el rey podía cultivar amistades, disfrutar de la caza y celebrar reuniones familiares.

Eduardo VII, conocido por su vida social intensa, utilizó esta residencia para consolidar relaciones con aristócratas y políticos. La reina Alejandra, nacida princesa de Dinamarca, muy aficionada a los animales, tenía en los terrenos de la finca una importante colección de caballos, gatos, perros, pavos y se cuenta que «un gran carnero» que encantaba a sus nietos.

En Sandringham House falleció Jorge VI a causa de un cáncer. En la actualidad, es la casa de campo que la Familia Real utiliza para pasar la Navidad y el año nuevo.

Wood Farm: la soledad del príncipe Juan

Wood Farm, también en Norfolk, fue el lugar al que trasladaron al príncipe Juan, el menor de los hijos de Jorge V y María de Teck, quien padecía epilepsia y otras dificultades de aprendizaje. Era una pequeña granja con cinco habitaciones y muy discreta. Durante la primera mitad del siglo XX, la familia real buscó proteger la intimidad de este niño enfermo, y priorizó su aislamiento frente a la exposición pública. El joven falleció aquí a comienzos de 1919.

Cuando la noticia de la muerte llegó a Londres, sus padres se dirigieron inmediatamente a Wood Farm. Fue durante el luto cuando se comunicó públicamente la dolencia que el joven príncipe sufría desde su nacimiento y que el pueblo británico desconocía. Los funerales se celebraron en Sandringham, en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. No tuvieron rango de estado, pero resultaron emotivos. Su tumba estaba llena de flores. Para muchos fue el «príncipe perdido» de los Windsor.

Desde Royal Lodge, pasando por el escándalo de Fort Belvedere hasta la intimidad de Sandringham House y el retiro de Wood Farm, cada uno de estos lugares ha sido protagonista de la microhistoria de una dinastía que durante siglos ha liderado con pompa y majestad la monarquía británica. La fascinación por la vida de los Windsor sigue siendo constante.

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