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Civiles se refugian de los bombardeos en una estación de Metro, en 1938

Civiles se refugian de los bombardeos en una estación de Metro, en 1938

Cómo la diplomacia polaca protegió a más de 300 refugiados en Madrid durante la Guerra Civil

Los diplomáticos polacos lograron la evacuación de sus refugiados en 1937, lo que supuso la salida sin restricciones de las mujeres, niños y hombres menores de 20 y mayores de 45 años

Al estallar la Guerra Civil, al frente de la Legación polaca en Madrid se encontraba el conde Leopold Bolesta Koziebrodzki como encargado de negocios, el cual aceptó refugiar a una serie de ciudadanos polacos, pero pronto acudieron en demanda de auxilio varios españoles temerosos de la represión desatada en la España republicana.

Koziebrodzki justificó su decisión de ampliar el refugio a familias españolas para evitar que su país fuera el único que no ejerciese asilo por motivos humanitarios, en una carta enviada al viceministro polaco de Relaciones Exteriores. El Gobierno de Varsovia proclamó la neutralidad para evitar entrar en la lucha ideológica entre fascismo y comunismo que dominaba el escenario europeo y amenazaba la independencia nacional.

El ministro de Relaciones Exteriores, Józef Beck, accedió a adherirse al Pacto de No Intervención en la Guerra Civil española, asegurando que Polonia prohibiría la participación de sus ciudadanos en la lucha, así como la venta de armas. Esta última promesa nunca se cumpliría, ya que el tránsito de armamento por su territorio hasta la España republicana fue continuo a lo largo del conflicto.

Józef Beck en 1926

Józef Beck en 1926

Polonia, después de la URSS, fue el segundo país proveedor de armas al Frente Popular. Por otra parte, pese a las simpatías de numerosa población por los nacionales, el Gobierno polaco fue muy pragmático, no reconociendo al Gobierno de Burgos para no debilitar su alianza con Francia, al estar amenazado su país por las ambiciones soviéticas y las alemanas.

El Hogar Polaco de Madrid fue un anexo de la Legación de Polonia en la casa del marqués de Ybarra, en la plaza de Rubén Darío, a unos 800 metros del primer inmueble de asilados. En el segundo piso de la vivienda, la marquesa Ana María Jiménez de la Serna sobrevivía junto con sus dos hijos y su madre, una anciana medio ciega.

Había renunciado a dormir desde que a su marido se lo llevaron a la Cárcel Modelo. Tras una breve estancia en prisión, el marqués de Ybarra fue trasladado a una de las numerosas checas. En su domicilio, su mujer guardaba como oro en paño un documento que la Legación de Holanda, ubicada en el piso de arriba, le había entregado para intentar protegerla.

Cada vez que había un registro en la casa, lo enseñaba, hasta que un miliciano le advirtió: «este papel, señora, no le va a servir». Y, efectivamente, vinieron un día a detenerla, pero el conde Koziebrodzki llegó en ese momento, alertado por los funcionarios holandeses, protegiéndola y poniendo en uno de sus balcones el banderín de su coche con la enseña de su país.

A partir de entonces, se constituyó el Hogar Polaco, ocupando la práctica totalidad de pisos. Al frente del mismo, Koziebrodzki nombró a Esteban Hoenigsfield, un joven, el cual no solo intentó ayudar en la difícil gestión del edificio, sino que no dudó en ir a buscar a personas para sacarlas de las checas, como al marqués de Ybarra.

Allí se guarecieron entre 350 y 400 asilados, ya que el número resulta difícil de precisar, pues la mayor parte de la documentación referente a este asunto fue quemada cuando los diplomáticos polacos abandonaron la España republicana, tras el reconocimiento de Burgos por Varsovia, antes de finalizar la guerra.

La mayoría fueron acogidos entre los meses de octubre y noviembre de 1936, cuando se recrudeció la represión con motivo de la retirada del Gobierno republicano a Valencia.

Vea el documental Hemingway y los corresponsales extranjeros en Madrid durante la Guerra Civil

Madrid durante la Guerra Civil

Los diplomáticos polacos lograron la evacuación de sus refugiados en 1937, lo que supuso la salida sin restricciones de las mujeres, niños y hombres menores de 20 y mayores de 45 años. Todos los demás varones en edad militar —siempre y cuando no fueran militares— podrían evacuar si el Gobierno de Varsovia enviaba un barco de guerra donde pudieran ser embarcados y trasladados directamente a Polonia, para ser internados hasta el final de la guerra. Así se hizo y en mayo llegó una expedición al puerto de Gdynia.

Sin embargo, poco a poco, los asilados fueron retornando a España, desde finales de mayo hasta mediados de agosto de 1937. Las autoridades franquistas ordenaron que no se realizara ninguna declaración o alusión pública sobre los asilados de las embajadas para evitar incidentes entre los que aún quedaban en Madrid y Valencia.

Según fue avanzando el tiempo, Polonia priorizó su alianza con Gran Bretaña, por lo que reconoció a la España nacional en octubre de 1938 de facto y solo de iure en febrero de 1939, al mismo tiempo que Francia y Reino Unido.

Placa en el Hogar Polaco de Madrid

Placa en el Hogar Polaco de Madrid

La Legación polaca no solo salvó a familias de derechas, pues aceptó la llegada de izquierdistas. En el archivo privado del ministro plenipotenciario Marian Szumlakowski se conserva la lista de españoles que buscaron asilo en la Legación polaca ante la amenaza de la toma de la capital por los nacionales.

Resulta de ella que en la primera mitad del mes de noviembre de 1936, en el Hogar Polaco se refugiaron 11 izquierdistas con sus familias, llegando a ser 21 personas. La mitad lo hizo entre el 6 y el 8 de noviembre, es decir, cuando la huida del Gobierno republicano acentuó la posibilidad de abandono de la ciudad; el resto lo hizo en varios días de la segunda quincena.

Para evitar conflictos con las familias conservadoras, las izquierdistas fueron alojadas separadamente, en el tercer piso. Esos españoles abandonaron su refugio entre el 14 de noviembre de 1936 y el 31 de enero de 1937, cuando las fuerzas franquistas fueron frenadas y no pudieron tomar la capital.

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