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Ilustración de Fernando de Leyba

Ilustración de Fernando de LeybaThe Hispanic Council

Enfermo y con 300 hombres: el español que defendió San Luis y ayudó a nacer a Estados Unidos

Aunque San Luis fuese un asentamiento pequeño y remoto, la misión de Leyba era de vital importancia. A través del Misisipi, España estaba suministrando en secreto ropa, armas y dinero a los rebeldes norteamericanos

La ciudad de San Luis, en el estado de Misuri, es una gran urbe de casi tres millones de habitantes. Conocida como «la puerta del Oeste», durante años abrió el camino de exploradores, colonos y comerciantes que se adentraban en las llanuras del «Salvaje Oeste». Pero en 1780 era apenas un poblado de un centenar de casas en el estratégico punto donde los ríos Misuri e Illinois se unían al caudaloso Misisipi.

Los colonos franceses habían fundado el asentamiento en 1764 para controlar el comercio de pieles con los indios que se hacía en canoas. La cesión de todo el territorio de Luisiana por parte de Francia a España el año anterior hacía que, nominalmente, San Luis quedase bajo control de la Corona española. Pero no era fácil controlar aquel remoto punto, aislado y separado por más de mil kilómetros de la ciudad más cercana, Nueva Orleans.

En 1778, Bernardo de Gálvez, como gobernador de la Luisiana, nombró comandante de San Luis al capitán ceutí Fernando de Leyba. A sus cuarenta y cuatro años, aunque padecía problemas de salud, Leyba era un curtido veterano que había dirigido durante años el pequeño fuerte de Nuestra Señora de Arkansas, donde adquirió experiencia en la vida de frontera y el trato con los indios.

Se trasladó a su nuevo destino acompañado de su mujer, sus dos jóvenes hijas y al mando de un destacamento de tan solo 24 hombres del Regimiento Fijo de Luisiana.

Aunque San Luis fuese un asentamiento pequeño y remoto, la misión de Leyba era de vital importancia. A través del Misisipi, España estaba suministrando en secreto ropa, armas y dinero a los rebeldes norteamericanos para ayudar a las Trece Colonias en su guerra contra Gran Bretaña. Controlar el curso del río era vital para los rebeldes estadounidenses y San Luis, como principal puesto fronterizo de la región, era la llave para ello.

Aunque España se mantuvo inicialmente neutral, en San Luis los colonos rebeldes sabían que podían encontrar refugio y ayuda de las autoridades españolas. Leyba se hizo rápidamente amigo del carismático líder rebelde en la zona, el capitán George Rogers Clark. Recibido con honores, se alojó en la casa del capitán español, donde él y sus hombres pudieron gozar de cenas y bailes después de meses durmiendo al raso en los bosques y comiendo de lo que cazaban.

Durante sus visitas a San Luis, el joven Clark se enamoró profundamente de una misteriosa dama española. Clark, que nunca se casó, reveló amargamente a sus sobrinos muchos años después que el gran amor de su vida había sido una elegante española de San Luis, aunque su identidad sigue siendo objeto de polémica. Algunos historiadores la relacionan con Teresa de Leyba, hermana del capitán español, pero su existencia no está acreditada. Otras versiones señalan más bien que pudo ser una de las jóvenes hijas del gobernador.

Más allá del misterioso romance, la guerra se acercaba a San Luis. En 1779 España abandonó la neutralidad y Gálvez inició sus campañas al sur contra los británicos. Para contraatacar, el comandante inglés Patrick Sinclair organizó una expedición de casi un millar de hombres, en su mayoría reclutados entre tribus indias aliadas, para arrasar San Luis. Si la ciudad caía, los británicos se harían con el control del Misisipi y podrían atacar a Gálvez desde el norte, pero Leyba estaba decidido a resistir.

El 26 de mayo de 1780 llegó el temido ataque. Los defensores de San Luis contaban con solo una veintena de soldados regulares y menos de trescientos milicianos, parapetados en un reducto apresuradamente construido con una torre y un cañón al que llamaron Fuerte San Carlos. Tras la muerte de su mujer unos meses antes, Leyba había empezado a sentirse él también gravemente enfermo y le costaba mantenerse en pie, pero se puso al frente de sus hombres.

Mientras unos pocos hombres defendían a las mujeres y los niños concentrados en la casa del gobernador, el resto de la guarnición se preparó para recibir el feroz ataque de los indios y sus aliados ingleses. Los guerreros sioux y fox lanzaron varios asaltos, pero fueron amedrentados por el fuego del cañón y las descargas de fusilería de los defensores.

Los habitantes de San Luis disparaban con la precisión de cazadores acostumbrados y los inflamaba la determinación de estar defendiendo sus hogares y a sus familias, a las que esperaba una muerte cruel y segura si los indios entraban en la ciudad.

Acosados por el fuego de los cañones y sin encontrar puntos débiles, los atacantes empezaron a dispersarse y finalmente los ingleses tuvieron que admitir la derrota y aceptar la retirada. Pocos días después llegó una columna de norteamericanos enviada por Clark, que ayudó a Leyba a dirigir una persecución para asegurarse de ahuyentar a los indios y alejar todo peligro de un nuevo ataque.

Nativos aliados de Gran Bretaña atacan los campos en torno a San Luis el 26 de mayo de 1780.

Nativos aliados de Gran Bretaña atacan los campos en torno a San Luis el 26 de mayo de 1780.St. Charles Historical Society

Agotado por la enfermedad y el esfuerzo, Leyba había consumido sus últimas energías en la batalla. Un mes después de haber dirigido heroicamente la defensa de San Luis, el capitán ceutí hizo testamento encomendando a sus dos jóvenes hijas huérfanas a la caridad de sus allegados y murió. Fue enterrado en la iglesia parroquial de la ciudad, al lado de su esposa.

La batalla de San Luis, aunque modesta en escala, tuvo gran importancia estratégica: protegió la retaguardia de Gálvez de un ataque por el norte, lo que le permitió tomar Pensacola y mantuvo abierto el Misisipi como ruta de aprovisionamiento de las Trece Colonias. El sacrificio de Fernando de Leyba supuso la más humilde pero decisiva contribución española al nacimiento de los Estados Unidos.

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