La bandera española ondeando sobre la sede provisional del gobierno del Territorio de Ifni el 7 de abril de 1934, que marcó la ocupación efectiva de Ifni por los españoles
Cómo Marruecos presionó a España hasta la guerra de Ifni-Sáhara tras su independencia
El 7 de abril de 1956, España reconocía oficialmente la independencia de Marruecos y devolvía a Rabat la zona norte del antiguo Protectorado, comprometiéndose a retirar sus fuerzas militares en un plazo máximo de cinco años
Pese a los intentos del Gobierno español por rebajar la tensión, el recién restituido monarca alauí, Mohamed V, puso en marcha una serie de acciones encaminadas a proyectar su autoridad sobre el África Occidental Española y alterar el frágil equilibrio político en la región. El África Occidental Española, unidad administrativa creada en julio de 1946, integraba los territorios de Ifni, Cabo Juby y el entonces Sáhara Occidental español. Los dos últimos, de carácter plenamente saharaui, jamás habían estado sometidos a la autoridad del sultán.
A la presión diplomática ejercida por Marruecos pronto se sumó la vía armada. Así, numerosas partidas irrumpieron en la región bajo la bandera del denominado Ejército de Liberación —Yeicht Taharir—, considerado el brazo militar del partido nacionalista marroquí Istiqlal y principal instrumento para impulsar las aspiraciones expansionistas del nuevo Estado marroquí.
El colapso del Protectorado francés
Las bandas armadas que operaban en la región ya habían combatido previamente contra el Ejército francés, habiendo desempeñado un papel decisivo en el proceso que culminó con la independencia de Marruecos. Su ofensiva sostenida —sumada a una serie de episodios de violencia urbana y atentados— contribuyó a debilitar la posición francesa en el Protectorado.
Entre los incidentes más significativos se encuentran los disturbios de Casablanca de 1952, un estallido de violencia que llevó a las autoridades francesas a ilegalizar el partido nacionalista Istiqlal y el Partido Comunista marroquí, intensificando aún más el conflicto político.
Ya en 1947, el sangriento episodio conocido como el caso de Casablanca —o masacre de Casablanca— había marcado un punto de inflexión. Aquel ataque y la dura represión francesa que le siguió inauguraron una etapa de creciente radicalización, reforzando tanto la postura independentista del sultanato como la del movimiento nacionalista marroquí.
Los actos de violencia, sumados a la insurgencia armada en distintas regiones de Marruecos, aumentaron la presión interna y externa sobre París. La situación se agravó aún más cuando, tras el exilio del sultán Mohamed V en 1953, la resistencia se intensificó hasta desembocar en una crisis colonial que Francia no pudo contener.
A esta situación se añadiría la guerra de Argelia, un conflicto que daría comienzo en noviembre de 1954 y se prolongaría durante prácticamente ocho años. En el ínterin, colapsaría la IV República francesa y el general De Gaulle se haría con el poder.
En medio de este escenario de creciente inestabilidad y de forma completamente inesperada, París anunció el 2 de marzo de 1956 la concesión de la independencia a Marruecos. La decisión del Gobierno francés, adoptada sin consultar previamente a España, desató de inmediato fricciones diplomáticas entre ambos países.
El avance del Ejército de Liberación y la respuesta militar española
Tras la independencia de Marruecos, una parte de las bandas armadas se integró en las recién creadas Fuerzas Armadas Reales. No ocurrió lo mismo con las facciones más radicales, que se desplazaron al sur de Marruecos y continuaron hostigando posiciones francesas en Mauritania y Argelia, cruzando con frecuencia las permeables fronteras de los territorios bajo soberanía española.
Así las cosas, el Ejército de Liberación marroquí no tardó en intensificar la presión sobre las fuerzas militares españolas, iniciando una incesante campaña de hostigamiento marcada por pequeños sabotajes y atentados aislados. El objetivo era hacerse con Ifni, Cabo Juby y el Sáhara Occidental.
En el África Occidental Española la situación se deterioraba de manera inexorable. La inquietud comenzó entonces a extenderse entre las filas españolas ante la velocidad con la que se sucedían los acontecimientos, un proceso que parecía encaminarse de forma inevitable hacia un choque armado.
Todo hacía presagiar un inminente ataque marroquí a gran escala. Por ello, en junio de 1957 comenzó a reforzarse el dispositivo militar, especialmente mediante el envío de unidades expedicionarias de la Agrupación de Banderas Paracaidistas y de La Legión.
La guerra de Ifni-Sáhara
La tensión acumulada desembocaría en el conflicto de Ifni-Sáhara, «la guerra olvidada». La operación militar conjunta llevada a cabo por Francia y España para pacificar la región constituyó un rotundo éxito.
Como culminación, el 1 de abril de 1958 Marruecos y España rubricaron el acuerdo de Cintra, que puso fin oficialmente a las hostilidades. En virtud de este pacto diplomático, España accedía a entregar Cabo Juby —la zona meridional del antiguo Protectorado— al recién independizado Reino de Marruecos. Se trataba de un territorio de carácter eminentemente saharaui, situado entre el río Draa y el paralelo 27º40’, más allá de los límites históricos del reino alauita.
Sin embargo, todas las concesiones territoriales de España resultaron insuficientes para contener las pretensiones territoriales de Marruecos, alimentadas por la noción del idealizado «Gran Marruecos». La calma alcanzada tras el acuerdo de Cintra fue apenas un espejismo. Lejos de desaparecer, las tensiones entre ambos países continuarían manifestándose en las décadas posteriores, especialmente en torno a la cuestión del Sáhara Occidental, provincia española hasta hace cincuenta años.
Estas fricciones han venido marcando de forma recurrente la relación hispano-marroquí.