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Real de a ocho

Real de a ocho

El real de a ocho, la moneda española que dominó el comercio mundial antes del dólar

Mucho antes de Wall Street, esta moneda de plata del Imperio español que utilizó China, Gran Bretaña o Estados Unidos durante casi tres siglos

Antes de que el dólar se convirtiese en el adalid de la economía mundial, y antes de que las bolsas de Tokio, Londres o Wall Street marcasen el rumbo financiero global, existió una moneda que globalizó el comercio desde Europa hasta Asia. La verdadera globalización no nació en la City de Londres o en Nueva York, sino en las entrañas del Potosí y en las prensas de la Real Casa de Moneda de Segovia, donde el Imperio español acuñaba el famoso real de a ocho, hace cinco siglos.

La semilla de esta victoria económica española surgió de la Pragmática de Medina del Campo, dictada por los Reyes Católicos en 1497. Pensada para asegurar la circulación eficiente ante la expansión hacia las Indias, estableció el real como unidad básica de plata, pero no incluía la pieza de a ocho, solo el real y sus fracciones de medio y cuarto.

El real de a ocho no se acuñó primero en la España peninsular, sino en la Casa de Moneda de México, en Nueva España. Fue tras una real cédula del 18 de noviembre de 1537 cuando se autorizó al virrey, Antonio de Mendoza, a acuñar monedas de cuatro y ocho reales.

Con esta iniciativa se buscaba sustituir el peso de oro de Tepuzque (compuesto por oro y cobre) por una moneda de plata que tuviera el mismo valor, es decir, 272 maravedíes. Pero la creación del real de a ocho fue algo progresivo. En junio de 1544, Carlos I planteó que el diseño de esa moneda debía tener una cara con castillos, leones y una granada, y la otra con las dos columnas y el lema Plus ultra.

Una moneda global

Sin embargo, en torno a 1551, durante el reinado de Felipe II, el uso y la fabricación del real de a ocho se formalizaron y consolidaron en todo el imperio (y más allá). De América llegaba una ingente cantidad de plata, por lo que las casas de moneda peninsulares se vieron desbordadas y tuvieron que «crear» piezas más pesadas.

Según algunos hispanistas, la moneda de ocho reales permitió procesar el metal ocho veces más rápido que acuñando reales individuales. En vez de hacer ocho, se realizaba una sola intervención sobre una pieza más grande y manejable.

Las monedas se acuñaban a mano hasta que llegó la revolución técnica con la fundación del Real Ingenio de la Moneda de Segovia en 1586, que empleaba máquinas de laminación de plata impulsadas por ruedas hidráulicas movidas por las aguas del río Eresma. Un sistema que se trasladó a las grandes fábricas de México y Potosí, que fueron dos enclaves estratégicos para la economía de la Monarquía Hispánica durante décadas. En ambas cecas se siguió acuñando a golpe de martillo hasta bien entrado el siglo XVIII.

Para el Imperio español, el sol tampoco se ponía a nivel económico, porque, a través del Galeón de Manila, China se convirtió en el gran socio comercial de Felipe II. El dominio fue tal que el gigante asiático solo aceptaba el pago en la moneda de plata de la Monarquía Hispánica para sus transacciones con todo el mundo occidental.

A su vez, si Gran Bretaña, Portugal o cualquier otro país quería comerciar con los chinos, debía hacerlo con los reales de plata españoles. Así, el real de a ocho fue la primera divisa global de la historia y la moneda de reserva que permitió a España dominar el comercio mundial desde el siglo XVI hasta finales del siglo XVIII.

Dólar mexicano de 1888 con marcas de sello chino

Dólar mexicano de 1888 con marcas de sello chinoWikimedia Commons

Su influencia se encuentra también en Estados Unidos, ya que el dólar estadounidense procede del real de a ocho. En 1792, el Congreso de EE. UU. incorporó el real como moneda, copiando el peso y el diseño. Además, el símbolo del dólar ($) nació de la fusión de las dos columnas de Hércules que flanqueaban el escudo de España en los reales. Era una cuestión de confianza; por eso, hasta bien entrado el siglo XIX, los billetes de dólar incluían grabados de la moneda española. Aunque en ese mismo siglo dejó de acuñarse, su legado económico ya había dejado huella en la historia.

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