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Batalla de El Salado

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Picotazos de historia

Getares, la derrota que llevó a los reinos cristianos a la victoria del río Salado

La derrota de Getares galvanizó a los reinos cristianos de la península ibérica y a corto plazo permitió que, el 30 de octubre de ese mismo año de 1340, un ejército cristiano derrotara al del sultán de los benimerines en las orillas del río Salado

Castilla, año de gracia de 1330. El rey Alfonso, undécimo de su nombre, cumple dieciocho años y es rey desde que tenía un año y un mes de vida. El año anterior, el sultán benimerín de Marruecos, aliado del reino nazarí de Granada, ha tomado la ciudad de Algeciras. Su intención es controlar el estrecho con el fin de asegurar el desembarco de sus tropas y suministros en las costas de la península.

Este es el mismo año en el que Castilla se impone a los musulmanes en la batalla de Teba; durante la batalla y junto al castillo de la Estrella de la ciudad morirá en combate sir James Douglas, tronco y origen de dos clanes escoceses y que a España ha venido trayendo el corazón de su señor, Roberto I Bruce, cumpliendo la promesa que le hizo de que lo llevaría a las cruzadas. Tras la derrota musulmana se firmará la Paz de Teba (19 de febrero de 1331).

Serán los benimerines los que se salten la paz firmada al poner cerco a la plaza de Gibraltar y tomarla en 1333. Intentando cortar las líneas de suministro, Alfonso XI pide ayuda a su primo Alfonso IV de Aragón. Este último le enviará su flota bajo el mando del almirante Jofré de Gelabert de Cruïlles.

Las atarazanas aragonesas favorecían la construcción de galeras, ágiles trirremes. Por su parte, la flota castellana prefería la coca y la carraca, según encontramos en las Siete Partidas de Alfonso X. La flota nazarí tenía su propio «amiral» (almirante) y la galera era su nave principal, cada una mandada por un «rais», encargado de todos los asuntos relacionados con el arte de marear y con el barco y su tripulación, y un «caid», encargado de las tropas embarcadas y de los asuntos relacionados con la guerra.

La flota benimerín se componía de galeras más pesadas de lo normal, siendo las más peligrosas aquellas denominadas «cuervos» por estar pintadas de negro; por su agilidad y resistencia estaban dedicadas a la caza y captura de las naves enemigas en la mar.

Galera musulmana de la Edad Media

Galera musulmana de la Edad Media

Ese mismo año de 1333 el almirante castellano se vio desbordado y no pudo impedir que el hijo del sultán Abú al Hassán, Abú al Malik, desembarcara al frente de un ejército que tomó la ciudad de Gibraltar.

Ante esta ofensiva, Aragón y Castilla deciden firmar acuerdos en relación con la vigilancia conjunta en el Estrecho y así consta en el Tratado de Madrid de 1339, donde se estipula el número de galeras y otras naves que debe aportar cada reino para su cumplimiento.

Estos acuerdos se probaron efectivos y ese mismo año de 1339 las galeras de Jofré de Gelabert destrozaron a una flota musulmana frente a Ceuta. Al perder los suministros que iban en la flota destruida, Abú al Malik se vio forzado a organizar una algarada para conseguirlos del enemigo. En estos menesteres le alcanzó la muerte el 20 de octubre.

Abú al Hassán se llenó de rabia al saber de la muerte de su hijo. Dio orden de que se aprestaran sus huestes y de que se reuniera la flota. Las flotas aragonesa y castellana acosaban a la gran masa de galeras musulmanas, atacando a las que quedaban aisladas. Durante una de estas acciones, el 29 de septiembre, mientras se trataba de asegurar el fondeadero de Getares, en las proximidades de Algeciras, y muy cerca de la costa, el almirante aragonés fue herido por una flecha que fue disparada desde la costa. El proyectil le alcanzó en el pecho y le atravesó de parte a parte.

Con la muerte de Jofré de Gelabert se destacaron seis galeras aragonesas para llevar a Barcelona el cadáver del difunto almirante. Las cuatro restantes, que enarbolaban las armas de Aragón, quedaron bajo el mando de Dalmau de Cruïlles, hermano del difunto almirante.

Quedó la flota del Estrecho debilitada y, aunque se reforzó con ocho galeras que se encontraron en estado de abandono en El Puerto de Santa María, en conjunto la flota era inferior a la musulmana y sus navíos estaban en peor estado y mal provistos. En esta crítica situación se encontró el almirante castellano Jofré Tenorio y no pudo impedir el paso del estrecho de la flota combinada nazarí-benimerín, transportando al sultán y su ejército.

Alonso Jofre Tenorio

Alonso Jofre TenorioMuseo Naval

Jofré Tenorio, señor de Moguer, apenas contaba con 32 galeras y 19 navíos de otras clases. Sabía que una vez que el ejército musulmán había atravesado el Estrecho y se hubiera establecido en la península, la prioridad de la flota musulmana era encontrar y destruir a la flota combinada castellano-aragonesa.

La desproporción de fuerzas aconsejaba la prudencia y llevar una campaña de acoso contra las naves musulmanas aisladas. En estas estaba el almirante cuando recibió una carta de su esposa, doña Elvira Álvarez de Velasco. La dama estaba con la corte y avisaba a su marido de que al rey Alfonso XI —individuo paranoico y con mal genio— sus consejeros le estaban contando que el almirante Tenorio no atacaba la flota musulmana debido a los sobornos que aceptaba de Abú al Hassán.

El almirante castellano sabía cuál sería el resultado de un enfrentamiento, pero creyó que no tenía otra opción, pues la inactividad le condenaba a ojos de su monarca. Buscó el combate y lo encontró en aquel fondeadero de Getares. El 8 de abril de 1340 la flota cristiana fue sorprendida por la flota musulmana. Del combate dejó constancia el historiador y cronista Ibn Jaldún en su obra maestra Kitab al-Ibar.

La galera de Jofré Tenorio fue desarbolada y atacada por la capitana musulmana y tres grandes galeras más. El almirante benimerín, de nombre Muhammad ben Alí al Azafi, tres veces trató de abordar la nave cristiana y tres veces fue rechazado, sufriendo gran mortandad.

A la cuarta tomaron la cubierta. El almirante cristiano se encontraba en el castillo: «allí abrazado al estandarte peleó con una espada que en la mano tenía, hasta que le cortaron una pierna y hubo de caer, et lanzáronle de encima de la nave una barra de hierro, diéronle un golpe en la cabeza de que murió».

La derrota de Getares pudo haber sido mucho peor. Cierto es que se perdieron la mitad de las naves de la flota cristiana y que en la refriega perdieron la vida los almirantes castellano y aragonés. Pero fue la desesperación que produjo el desastre lo que movilizó ánimos y voluntarios. Nobles levantiscos se allanaron con su rey, señores y reinos se comprometieron a combatir.

La derrota de Getares galvanizó a los reinos cristianos de la península ibérica y a corto plazo permitió que, el 30 de octubre de ese mismo año de 1340, un ejército cristiano derrotara al del sultán de los benimerines en las orillas del río Salado, cerrando por siempre el paso del estrecho a las tropas del sultanato de Marruecos.

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