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Un lance en el siglo XVII pintura de Francisco Domingo Marqués de 1866

Un lance en el siglo XVII pintura de Francisco Domingo Marqués de 1866

Picotazos de historia

El noble del siglo XVII que manipuló a su hermano para vengarse de un regidor de Zamora

El conflictivo Luis Nieto de Silva Gama Melo supo urdir una gran manipulación para que su propio hermano se encargara por su cuenta y riesgo de lo que él no estaba dispuesto a hacer

En 1888 don Antonio Cánovas del Castillo publicó unos interesantísimos documentos en relación con dos hermanos extremeños del siglo XVII. Cada uno de los hermanos dará material para bastantes artículos, que se irán desgranando en este periódico. Déjenme que ahora inicie con el mayor y sobre un cuasi asesinato que cometió, indirectamente.

El personaje se llamaba Luis Nieto de Silva Gama Melo y fue hijo del primer matrimonio de Félix Nieto de Silva Carvajal, señor de la aldea de Alba. Don Luis fue el primogénito de su casa, gentilhombre de cámara de S. M. don Felipe IV, vizconde de San Miguel y más tarde conde de Alba de Yeltes. Ahora nos vamos al tiempo en que fue corregidor y maestre de campo de la guarnición de la ciudad de Zamora.

Este don Luis fue un personaje conflictivo, mujeriego, violento, pervertido… La relación de sus «hazañas», que descubrió y publicó don Antonio Cánovas, es espeluznante y nos da que pensar si no sufriría de algún tipo de patología. En la documentación del gobernador y capitán general de la frontera con Portugal –don Enrique Enríquez Pimentel, marqués de Távara– hay abundantes referencias a los excesos de este individuo.

Se desconoce la fecha exacta de los sucesos que voy a narrarles, pero tuvieron lugar antes de septiembre de 1654, cuando dejó don Luis su cargo en Zamora.

Tenemos en la mencionada ciudad a don Luis como corregidor y gobernador de la guarnición. El regidor (encargado del gobierno de lo político y económico en las ciudades que se gobernaban por regimientos) era don Alonso Palomino de los Ríos. La suegra de don Alonso, cuyo nombre no se nos especifica, era la titular de la cobranza del impuesto de «millones» (impuesto indirecto que gravaba el vino, el vinagre, la carne, el aceite, las velas de sebo y el jabón) en la ciudad y su alfoz.

Pues bien, ocurrió que el corregidor dio una libranza, por valor de 2.000 reales, a cierto fraile jerónimo, a cuenta de su sueldo. Dicha libranza no se hizo efectiva con la premura que el fraile hubiera deseado y con tal queja fue al corregidor.

Amostazose don Luis Niño de Silva y dio orden de que se prendiera al yerno de la responsable del abono. El documento nos dice que el arresto tuvo lugar en la plaza mayor –a la vista de todo el mundo– y «yendo de negro». Esto significa que vestía sus mejores ropas, hoy diríamos que estaba «endomingado». El arrestado fue conducido al fuerte de los Carvajales, sin permitirle pasar por casa para coger capa o herreruelo que le diera abrigo. Allí lo arrojaron a uno de los calabozos.

Esto fue una violación y abuso de derechos ya que el regidor no estaba sujeto al fuero militar, por lo que don Luis no tenía competencias ni poder sobre el gobierno civil de la ciudad.

El pobre don Alonso rabió durante varios días en los calabozos hasta que llegó una contundente orden del marqués de Távara que obligó a liberar al preso. Don Alonso debió de salir algo hambriento, bastante desaliñado y muy, pero que muy, cabreado.

Sucedió que varios días después se trabaron en las calles de Zamora los coches de don Luis y don Alonso. Discutieron los respectivos cocheros y la discusión pasó a los ocupantes de los coches.

Reconoció don Alonso a su ofensor –estaba muy reciente el desafuero– y no pudo contenerse, lanzando todo tipo de dardos, dicterios e invectivas.

En el coche de don Luis estaba este acompañado de su medio hermano pequeño: el ígneo don Félix Niño de Silva, figura también excesiva en un siglo de personalidades volcánicas.

Jugó don Luis el papel de moderado –las malas lenguas afirmaban que todo estaba planeado de antemano y que el cochero de don Luis estaba aleccionado para buscar el enfrentamiento–, ignorando o haciendo ver que no atendía a los insultos que contra él se proferían. El regidor al ver la indiferencia del gobernador militar lo tomó por desprecio por lo que arreciaron los insultos.

El joven don Félix tenía diecinueve años, hacia un año que había sentado plaza de soldado –estaba prohibido hacerlo antes de cumplir esa edad– pero acompañaba a las banderas desde los quince por lo que era un fogueado veterano. Era joven, impulsivo y no podía entender la indiferencia de su hermano frente a unos insultos y ofensa que el honor exigía reparación inmediata. Don Félix terminó gritando insultos al ocupante del otro coche, que fueron devueltas con rapidez y agudeza. Ya era personal.

Continuaron los coches, cada cual por su camino, pero don Luis fue recalentando a su hermano con pérfidas palabras. Cuando llegaron a casa del vizconde de San Miguel el pobre hermano menor estaba como una olla exprés recalentada: a punto de explotar.

Salió de la casa don Félix y se apostó frente a la casa de don Alonso Palomino de los Ríos. Cuando apareció este, don Félix le obligó a combatir en duelo.

Quedó medio muerto el regidor con dos graves heridas, una de ellas mortal, pues se consideró milagroso que sobreviviera.

Toda la ciudad, empezando por el obispo de la misma –Juan Coello de Ribera y Sandoval, obispo y conde de la Ventosa– vieron en el extraño comportamiento de don Luis (persona violenta que no soportaba la más ligera ofensa, fuera real o imaginada) prueba de que todo había sido planeado para manipular al joven y que este fuera contra el regidor.

El hecho fue que don Félix salió de casa de su hermano para buscar satisfacción y que, tras el duelo regresó a la casa. Lo normal es que hubiera buscado santuario en una iglesia o huido de la ciudad, pues los duelos estaban prohibidos.

Nada le pasó a don Félix por casi acabar con la vida del regidor de Zamora, pero enterado el marqués de Távara de lo sucedido dio orden al joven, que se encontraba bajo su jurisdicción, de que inmediatamente abandonara la ciudad.

A la primera oportunidad que tuvo don Luis hizo volver a su hermano y con gran aparato y publicidad lo instaló en su casa, desafiando a la ciudad entera.

Don Luis Niño de Silva y Gama Melo aún las haría más gordas y de todos los colores, pero en este caso en concreto demostró una astucia y una diabólica capacidad de manipulación para acabar con un enemigo, manipulando a su hermano.

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