Los cinco tesoros robados más famosos de la historia que nunca han aparecido
Los cinco tesoros robados más famosos de la historia que nunca han aparecido
Joyas reales, una habitación histórica o una reliquia de valor incalculable. Estos son los cinco tesoros que fueron robados y cuyo paradero aún se desconoce
Joyas reales, una habitación histórica o una reliquia de valor incalculable. A lo largo de la historia, numerosos tesoros han desaparecido sin dejar rastro. Aunque las guerras y los desastres naturales han contribuido a la pérdida de algunos de ellos, en la mayoría de los casos su desaparición se debe a robos. Estos son cinco tesoros que fueron robados y cuyo paradero aún se desconoce.
La Cámara de Ámbar
Construida en el palacio de Catalina, en el siglo XVIII, en Tsárskoye Seló, cerca de San Petersburgo, las paredes de la habitación estaban recubiertas por paneles de ámbar, oro y piedras preciosas, cuyo valor sería de cientos de millones de euros. Sin embargo, en plena Segunda Guerra Mundial, Tsárskoye Seló fue ocupada por los nazis, y los paneles y las obras de arte de la sala fueron desmantelados y llevados a Alemania.
Conocida a menudo como la «octava maravilla del mundo», esta estancia ocupaba aproximadamente 55 metros cuadrados y fue construida con más de seis toneladas de ámbar tallado, espejos con pan de oro y piedras preciosas. El diseño corrió a cargo del escultor barroco alemán Andreas Schlüter y del artesano danés del ámbar Gottfried Wolfram.
La Cámara de Ámbar en el Palacio de Catalina. Placa autocroma de 1917, una de las pocas fotos en color que existen
Aunque se intentó proteger ocultando la sala tras papel pintado, las fuerzas alemanas tardaron solo 36 horas en desmontarla bajo la supervisión de dos expertos. La Cámara de Ámbar fue trasladada a Königsberg en octubre de 1941. Sin embargo, la guerra cambió de rumbo y, en agosto de 1944, la ciudad fue bombardeada intensamente por la Real Fuerza Aérea británica.
A pesar de que la Cámara de Ámbar nunca volvió a verse en público tras la Segunda Guerra Mundial, existen varios testimonios que afirman haberla visto ser cargada a bordo del Wilhelm Gustloff, que zarpó de Gdynia el 30 de enero de 1945.
En 1997 se encontró en Alemania un mosaico de piedra italiana que se cree que formaba parte de la Cámara de Ámbar, en posesión de la familia de un soldado que afirmaba haber ayudado a desmontarla. Este mosaico se utilizó posteriormente para ayudar a reconstruirla.
Desde entonces no se ha vuelto a localizar el resto de los paneles. Aunque muchos historiadores consideran probable que fueran destruidos durante la guerra, el destino final de la Cámara de Ámbar sigue siendo uno de los grandes misterios del siglo XX. Actualmente, el palacio alberga una recreación de la Cámara de Ámbar.
Las joyas de la Corona de Irlanda
Fueron robadas en 1907 del Castillo de Dublín. Conocidas como las «joyas de la Corona de Irlanda», el lote que fue robado comprendía «una estrella enjoyada de la Orden de San Patricio, un broche de diamantes y cinco collares de oro de esa orden, todos propiedad de la Corona», tal y como detalló Tomás O'Riordan, historiador y director de proyectos del University College Cork, en un artículo publicado en 2001 en la revista History Ireland.
Estas joyas eran otorgadas por la Orden para recompensar a quienes ocupaban altos cargos en Irlanda y a los pares de cuyo apoyo dependía el gobierno de la época.
Cartel de recompensa de 1907 relacionado con el robo de las Joyas de la Corona Irlandesa
Según el historiador, las joyas se elaboraron con 394 piedras procedentes de las joyas de la reina Carlota, esposa del rey Jorge III, además de otros elementos de gran valor histórico y artístico.
Cuando fueron robadas, las joyas se encontraban en una biblioteca. Su robo fue posible debido a la falta de seguridad. Más de un siglo después sigue siendo un misterio quién fue el autor del robo y qué sucedió con ellas. Sin embargo, se ha sospechado de varias personas, entre ellas Francis Shackleton, hermano del famoso explorador de la Antártida Ernest Shackleton, aunque nunca se ha podido demostrar ninguna implicación.
Violín de Erika Morini
El robo del violín de la célebre violinista Erika Morini figura en la lista oficial del FBI de los diez delitos de arte más importantes. El hurto se produjo en 1995. El violín, un Stradivarius fabricado en 1727, la acompañó durante la mayor parte de su carrera como concertista.
No obstante, su carrera decayó en la década de 1960 y, a partir de entonces, se dedicó a la enseñanza privada. Según su contable, Morini «se negó a guardarlo en una caja fuerte, prefiriendo tenerlo a mano, en su armario», tal y como recoge Amy Dickinson en un reportaje sobre el robo publicado en The Washington Post.
Erika Morini fotografiada en 1922
Aunque durante algún tiempo consideró la idea de vender el violín y recibió numerosas ofertas de compradores y músicos interesados –tenía un valor estimado de tres millones de dólares–, finalmente decidió conservarlo en un armario al que solo se podía acceder con una llave maestra.
En 1995, a la edad de 91 años, Morini ingresó en un hospital debido al deterioro de su salud. Fue durante una de aquellas largas estancias hospitalarias cuando alguien entró a robar en su apartamento y se llevó su preciado violín. La violinista murió pocos días después sin llegar a saber que había sido robado.
Corona de Suintila
Esta corona formaba parte del Tesoro de Guarrazar. Su robo, junto con el de otras piezas de oro visigodas, constituyó uno de los mayores expolios del patrimonio histórico español del siglo XX.
El Tesoro de Guarrazar fue descubierto en 1858 en Guadamur (Toledo). Estaba compuesto por un conjunto de coronas y cruces votivas de época visigoda datadas entre los siglos VI y VII, que los reyes y nobles ofrecían a templos e iglesias como exvotos. Era una muestra excepcional de la orfebrería toledana del reino visigodo.
Corona de Suintila
La corona de Suintila, realizada en oro y adornada con perlas y piedras preciosas, contaba con la inscripción Suintila rex offeret, que confirmaba su carácter votivo y su vinculación directa con el monarca que reinó entre los años 621 y 631.
El robo se produjo en la madrugada del 4 al 5 de abril de 1921, cuando un grupo entró en la Real Armería del Palacio Real y, tras forzar una de las vitrinas, se llevó las piezas del Tesoro de Guarrazar que allí se conservaban. Según detallaron los informes de la época, los ladrones sustrajeron la corona votiva del rey Suintila, de oro, perlas y gemas; un fragmento de una corona de enrejado, también de oro; un florón de oro y cristal de roca; y dieciséis piedras preciosas sueltas procedentes de otras coronas.
A pesar de que se ofreció una recompensa de 5.000 pesetas a quien aportara información sobre los ladrones, las investigaciones no pudieron resolver el crimen y las piezas nunca se recuperaron. Algunos investigadores consideran probable que fueran fundidas para vender el oro en el mercado negro, aunque nunca ha podido demostrarse.
Sarcófago del faraón Menkaure (Micerinos)
Hallado en el interior de la pirámide de Menkaure (Micerinos) en 1837, el sarcófago del faraón se perdió frente a las costas de Cartagena cuando era transportado a Londres. Aunque su desaparición en el mar está documentada, los numerosos intentos de localizarlo y recuperarlo han resultado infructuosos.
En 1837, el militar británico Richard William Howard Vyse decidió explorar el interior de la pirámide de Micerinos utilizando métodos considerados muy agresivos desde el punto de vista arqueológico. Para ello agrandó mediante el uso de pólvora una grieta abierta en el siglo XII y logró acceder al interior de la cripta.
El sarcófago de basalto de Micerino descubierto por Vyse (según Perring)
Llegó a la cámara funeraria, donde encontró el sarcófago de basalto ricamente decorado con la característica fachada palaciega y tallado en todas sus caras. Aunque el interior estaba vacío, Vyse decidió trasladarlo a Gran Bretaña.
Así, el sarcófago fue embarcado en Alejandría en la goleta británica Beatrice junto a otros objetos arqueológicos. Sin embargo, el 13 de octubre de 1838 el navío se vio envuelto en una violenta tormenta y terminó hundiéndose en el mar Mediterráneo frente a las costas de Cartagena.
Aunque toda la tripulación fue rescatada, el valiosísimo sarcófago quedó sepultado en el fondo marino y, hasta la fecha, todos los intentos de localizar su paradero exacto han resultado infructuosos. Más de siglo y medio después, continúa siendo uno de los grandes tesoros perdidos de la arqueología mundial.