28 de mayo de 2022

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el de Rusia, Vladimir Putin

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el de Rusia, Vladimir PutinAFP

Quién apoya a quién en el conflicto de Ucrania

La cuerda parece que se tensa cada día un poco más en Ucrania. La presencia de más de cien mil soldados rusos en sus fronteras no hace presagiar nada bueno. Vladimir Putin da señales de que está preparado para una invasión en toda regla, aunque algunos lo consideren una bravuconada o la reacción obligada del ruso a las decisiones de Estados Unidos.
Joe Biden tampoco ayuda a la hora de ser optimista en la resolución del conflicto. Sus palabras condescendientes, al calificar de «incursión menor» rusa una avanzada sobre Ucrania, obligó a su secretario de Estado, Antony Blinken, a matizar al presidente. La torpeza del mensaje inducía a pensar que había, de forma implícita, la aceptación de una invasión como un hecho de carácter menor. En este contexto, de malos pasos y de incertidumbre, el reloj marca las horas para un desenlace pacífico o violento y los bloques se consolidan. Cada país elije, muy a su pesar, con quién quiere pelear esta batalla que ninguno desea.
El mundo vive algo parecido a un revival de la guerra fría pero en formato siglo XXI. Washington y Moscú se dan la espalda y tienden la mano a sus respectivos amigos. Joe Biden ha hecho frente común con la Unión Europea cuyo papel, en este conflicto, ha quedado deslucido o, como recordaba en estas páginas José M. de Areilza, (uno de los mejores analistas españoles en temática internacional y profesor de ESADE), «no está ni se la espera». El mayor esfuerzo o protagonismo que ha logrado el viejo continente parece, de momento, reducirse al compromiso de aplicar severas medidas contra el país que tiene medio cuerpo dentro de Europa y el resto fuera.
Dicho esto, cierra filas con Biden mientras Francia y Alemania no se muestran muy entusiasmada con poner sobre la mesa intentos de boicot que podrían convertirse en un boomerang, dada la capacidad y el control energético de Rusia. Esto sin contar que un posible asedio alimentario perjudicaría más a estos países y a España que a un territorio tan grande y de tantos recursos como Rusia. «Mientras Putin tenga la llave de suministro del gas y el control de la energía, no hay ninguna posibilidad de articular medidas coercitivas o embargos de ninguna naturaleza», puntualizan Javier Morillas, profesor de la Universidad CEU San Pablo y Manuel Sánchez Cánovas, experto en seguridad internacional. Otro cosa, sería que la sangre llegase al río y la UE se viera obligada a lustrar las botas de sus soldados.
En previsión de un desenlace sangriento, España puso cazas al servicio de la OTAN y desplazó una de sus fragatas al Mar del Norte; las antiguas provincias de la Unión Soviética, Estonia, Letonia y Lituania enviaron armamento, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y el Reino Unido, de lo que queda de Boris Johnson, se pusieron manos a la obra a distribuir misiles, drones y material bélico al tiempo que tiran de la chequera para ayudar a financiar la defensa de Ucrania.
La Alianza Atlántica, donde Rusia exige que no se permita entrar a Ucrania si quieren mantener la paz en la región, dispone de unidades terrestres con más de cien mil hombres destacados en la zona y Bulgaria, Rumanía y Turquía, según Infobae, «están siendo sondeadas sobre su disposición a albergar potencialmente un batallón de la OTAN de alrededor de mil soldados y equipos en la región del Mar Negro». El suma y sigue de respaldo o apoyo a la soberanía de Ucrania incluye, entre otros, a Dinamarca, Polonia, Bulgaria, Rumania y Canadá.
En el flanco contrario, Rusia cuenta con Serbia, Hungría y sus aliados militares de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva que forman países de Europa y Asia Central como Armenia, Bielorrusia, Kazajistan, Kirguistán y Tayikistán.
Más lejos de estas fronteras, China, el recurso de Rusia ante un hipotético embargo tecnológico, sobresale como la principal potencia en salir en auxilio de Rusia seguida de Irán y Corea del Norte. En Hispanoamérica las posiciones declaradas sin medias tintas pro Rusia las tienen Venezuela y Cuba, en disputa por el primer puesto a la fidelidad. Sin pronunciarse en los últimos días sobre este asunto, se da por hecho que Daniel Ortega se cuadrará ante su valedor más potente. Vladimir Putín reconoció de inmediato el deslegitimidado régimen del matrimonio formado por Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ambos dictadores mantuvieron una conversación, debidamente publicitada, donde Putin ofreció a Nicaragua colaboración y apoyo incondicional.
De momento, estos son todos los países que están y prometen estar con Rusia o Estados Unidos, pase lo que pase en la frontera con Ucrania.
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