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28 de febrero de 2024

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu

El primer ministro de Israel, Benjamín NetanyahuAFP

Israel

Netanyahu lucha por su supervivencia política en plena guerra contra Hamás en Gaza

Ni la ofensiva contra la organización islamista ni la polémica reforma judicial han podido frenar las causas judiciales contra el primer ministro israelí, al que acusan de fraude, soborno y abuso de confianza

Al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se le acumulan los frentes. En plena guerra contra Hamás en la Franja de Gaza y tras el enorme fallo de seguridad que acabó con la infiltración por tierra, mar y aire, de miles de milicianos de la organización islamista en el Estado judío, la masacre de 1.200 israelíes, en su mayoría civiles, y la toma de más de 240 rehenes, Netanyahu tiene que hacer frente ahora a la reanudación de su juicio por corrupción.
Estaba previsto que este proceso judicial se reanudara el pasado mes de octubre, pero la ofensiva militar contra la Franja de Gaza ha parado por completo la vida política en Israel. La conmoción por el peor atentado terrorista que ha sufrido el Estado judío en sus 75 años de historia fue tal que la oposición ofreció a Netanyahu la formación de un Gobierno de emergencia. El destacado opositor Benny Gantz, exministro de Defensa y exjefe del Estado Mayor del Ejército, forma parte ahora del Ejecutivo de Israel, que tiene un único objetivo: acabar con Hamás.
Pero ni la guerra en Gaza ni la polémica reforma judicial de Netanyahu, que ha acumulado múltiples críticas y protestas masivas durante meses, han podido frenar el juicio por corrupción en el que se acusa al primer ministro israelí de fraude, soborno y abuso de confianza en tres casos presentados en 2019, conocidos como Casos 1000, 2000 y 4000.
En el caso 1000, el primer ministro israelí, junto con su esposa Sara, está acusado de recibir regalos –por valor de casi 200.000 dólares–, entre ellos champán y puros, del destacado productor de Hollywood Arnon Milchan y del multimillonario empresario australiano James Packer a cambio de favores políticos. A su vez, el caso 2000 investiga un supuesto acuerdo entre Netanyahu y el principal periódico en Israel Yedioth Ahronoth, para obtener una mejor cobertura sobre su gobierno. La Fiscalía asegura que el primer ministro israelí habría planteado la aprobación de una legislación adicional que perjudicaría a los periódicos rivales.
Por el último, el caso 4000, Bibi –apodo con el que se refieren al primer ministro israelí– está acusado de ofrecer favores a la principal compañía de telecomunicaciones en Israel, Bezeq Telecom, a cambio de una cobertura positiva para él y su mujer en la página web Walla, propiedad de la compañía. Netanyahu ha negado en todo momento cualquier delito y defiende ser víctima de una «caza de brujas» orquestada políticamente por la oposición y los medios de comunicación, con el objetivo de destituirlo.
Las sesiones judiciales se han retomado este lunes, aunque de manera extraordinaria ya que varios de los testigos y abogados han tenido que movilizarse por ser reservistas, según apuntan los medios israelíes. Por su parte, Netanyahu no tendrá que acudir al Tribunal para declarar, de momento. Aunque sí podría tener que hacerlo dentro de unos meses. El ministro israelí de Cooperación Regional, David Amsalem, ha criticado duramente a los miembros del Tribunal por el momento elegido para reanudar el juicio contra el primer ministro israelí.
«¿Guerra? ¿Rehenes? ¿Evacuados? ¿Economía? En absoluto. Lo más importante ahora es renovar el juicio de Netanyahu y distraer al primer ministro con testimonios absurdos y bagatelas delirantes», denunció. Pero, Netanyahu también podría enfrentar otra rigurosa investigación, una vez termine la guerra en Gaza, ya que muchos israelíes, así como la oposición, piden responsabilidades por el ataque terrorista del pasado 7 de octubre y la mayor de las exigencias es la dimisión de Bibi, al que responsabilizan del fallo de seguridad de aquel «Sábado negro».
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