El incierto futuro del conflicto entre India y Pakistán
Para gran disgusto de Nueva Delhi, Islamabad ha utilizado con éxito el espectro de la guerra nuclear en sus anteriores enfrentamientos para precipitar una intervención oportuna de Estados Unidos. Algo que ahora se ha vuelto a repetir
Personal policial frente a una pancarta que representa al primer ministro indio, Narendra Modi, durante la Tiranga Yatra en Varanasi
La India ha extendido el cierre de su espacio aéreo hasta el próximo 23 de junio para aeronaves paquistaníes.
El conflicto tuvo su momento más tenso entre 7 y el 10 de mayo: derribo de aviones de ambos bandos. Drones y misiles cruzaron la frontera en ambas direcciones, mientras llegaban a los medios afirmaciones contradictorias sobre los objetivos alcanzados, las infraestructuras destruidas y las vidas perdidas.
Los combates terminaron el 10 de mayo después de que altos funcionarios estadounidenses presionaran a ambas partes para que frenasen las hostilidades, pero incluso aquí prevaleció la confusión. Mientras Islamabad agradeció al presidente Donald Trump su ayuda para poner fin a los combates, Nueva Delhi negó que se hubiera producido ninguna mediación.
Con todo estamos ante un frágil alto el fuego. Ni Nueva Delhi ni Islamabad se ponen de acuerdo en casi nada de lo ocurrido. India culpa a Pakistán del atentado terrorista que se perpetró el 22 de abril en la zona de Cachemira administrada por la India, y que se saldó con 26 turistas indios muertos. Pakistán niega toda responsabilidad.
El 7 de mayo, la India lanzó ataques con misiles en represalia contra objetivos en Pakistán asociados con los conocidos grupos terroristas Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammed; ambas partes discuten la magnitud y el impacto de estos ataques.
Los recientes combates representan una escalada significativa, con respecto al pasado, en las disputas transfronterizas entre la India y Pakistán. A diferencia de los limitados ataques punitivos de la India en el pasado, esta ofensiva se adentró más en territorio pakistaní.
La «Operación Sindoor», como la denominan los estrategas de la India, se extendió mucho más allá de la Cachemira administrada por Pakistán. Llegó hasta el Punyab, el corazón de Pakistán, y acabó alcanzando no solo las instalaciones de grupos militantes, sino también objetivos militares, incluidas bases aéreas. En las últimas décadas, los combates se habían limitado principalmente a la región fronteriza en torno al territorio disputado de Cachemira.
La «Operación Sindoor» se extendió mucho más allá de la Cachemira administrada por Pakistán
En mayo, las principales metrópolis de Pakistán y muchas grandes ciudades del norte de la India se encontraban en estado de máxima alerta. El Gobierno indio esperaba demostrar su fuerza a una opinión pública que quería venganza por el atentado terrorista de Cachemira. Pero al adentrarse más en Pakistán y atacar una amplia gama de objetivos, la India también quería restablecer la disuasión y disuadir al Ejército pakistaní de apoyar a los grupos militantes activos en territorio indio.
Sin embargo, los ataques indios contra objetivos paramilitares en Muridke y Bahawalpur apenas han dañado la infraestructura yihadista de Pakistán. La agencia de Inteligencia más importante de Pakistán, dirigida por su Ejército, tuvo tiempo suficiente para trasladar a un lugar seguro sus principales activos. En cualquier caso, la planificación y la ejecución de atentados terroristas contra la India no dependen de estructuras. Pakistán conserva una gran capacidad para utilizar el terrorismo con el fin de desestabilizar a la India.
El Gobierno indio subestimó, en este caso, lo mucho que el Ejército pakistaní necesitaba demostrar su preparación y determinación para la guerra. Según el relato de la prensa pakistaní, los aviones y sistemas de defensa aérea de fabricación china de Pakistán derribaron varios aviones de combate indios, incluido un Rafale de fabricación francesa. Esto se ha presentado como una simbólica e importante victoria para Islamabad.
La posibilidad de una guerra nuclear se cierne sobre cualquier conflicto entre los dos vecinos. Aunque la India ha adoptado una política de «no ser el primero en usar armas nucleares» desde que las probó en 1998, altos funcionarios indios han indicado en los últimos años que la moderación nuclear del país no es inamovible y que podría revisar esta política en el futuro.
En 2004, Pakistán cruzó su umbral nuclear al amenazar con desplegar armas nucleares tácticas contra las fuerzas indias en su territorio
Como potencia más débil del sur de Asia (en términos convencionales), Pakistán no tiene una política de no ser el primero en usar armas nucleares. En cambio, se ha reservado el derecho a atacar primero si se enfrenta a una derrota inminente o a importantes pérdidas territoriales frente a la India. En 2004, Pakistán cruzó su umbral nuclear al amenazar con desplegar armas nucleares tácticas contra las fuerzas indias en su territorio.
Por lo tanto, no es del todo sorprendente que Pakistán tenga una inclinación por la postura nuclear. Para gran disgusto de Nueva Delhi, Islamabad ha utilizado con éxito el espectro de la guerra nuclear en sus anteriores enfrentamientos con la India para precipitar una intervención oportuna de Estados Unidos. Algo que ahora se ha vuelto a repetir.
Por ahora, es probable que los responsables políticos indios sigan creyendo que el Ejército pakistaní se ha visto disuadido, al menos temporalmente, de emprender nuevas aventuras debido al elevado coste que se espera que estas tengan.
Pero los generales pakistaníes no lo ven así; ellos perciben que han salido de esta crisis más fuertes y decididos a plantar cara a la India, con su posición interna reforzada y su reputación en el campo de batalla mejorada.
Las analistas occidentales creen que ganará la moderación, ya que Pakistán no puede permitirse enfrentamientos repetidos con un rival más poderoso y la India tampoco debería desear un conflicto perpetuo con Pakistán cuando aspira a ser una gran potencia.
Pero por el momento, no se puede respirar tranquilo. La tensión se mantiene alta y el peligro existe siempre que una de las partes siga creyendo que tiene algo que ganar atacando a la otra.