El Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha aprobado las normas
El Senado de EE.UU. inicia el debate del polémico plan presupuestario de Trump en medio de tensiones internas y críticas por su impacto fiscal
La ambiciosa iniciativa, que contempla fuertes recortes tributarios, aumento del gasto militar y severas reducciones a programas sociales, enfrenta resistencias dentro del propio Partido Republicano y acusaciones de afectar al sector energético y manufacturero
El Senado de los Estados Unidos dio luz verde este sábado al inicio del debate formal del controvertido plan presupuestario impulsado por el presidente Donald Trump, conocido popularmente como el «gran y hermoso proyecto de ley». La votación, que se saldó con un estrecho margen de 51 votos a favor y 49 en contra, marca el primer paso para discutir en profundidad una propuesta que ha generado divisiones incluso dentro de las filas republicanas.
El ambicioso plan de Trump, que incorpora aspectos centrales de su agenda política, contempla un paquete de recortes fiscales valorado en aproximadamente 4,2 billones de dólares, acompañado de un aumento significativo en el gasto militar y en políticas de control migratorio. Sin embargo, la iniciativa también prevé una drástica reducción de programas sociales, como Medicaid y los subsidios alimentarios, lo que ha despertado preocupación entre legisladores moderados y expertos en política fiscal.
Uno de los puntos más críticos del proyecto es su impacto potencial en la deuda pública. La Oficina Presupuestaria del Congreso ha advertido que, de ser aprobado en su forma actual, el plan incrementaría el endeudamiento federal en al menos 2,4 billones de dólares durante la próxima década. A su vez, el Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB), una entidad apartidista, ha subrayado que los recortes al gasto público propuestos no serían suficientes para compensar las exenciones fiscales.
Pese a la aprobación inicial para debatir la iniciativa, su aprobación definitiva no se espera antes del domingo, debido a las maniobras dilatorias impulsadas por los demócratas. El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, exigió la lectura íntegra de las 940 páginas que conforman el texto, en un intento por frenar la tramitación acelerada del documento. «Voy a obligar a que se lea palabra por palabra», manifestó Schumer, consciente de las modificaciones introducidas respecto al texto aprobado previamente por la Cámara de Representantes el pasado 22 de mayo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El propio Trump ha intensificado la presión sobre los senadores en los últimos días, buscando que el proyecto sea sancionado antes del 4 de julio, Día de la Independencia. En un mensaje difundido a través de Truth Social, el mandatario defendió los beneficios de su propuesta, destacando la eliminación de impuestos sobre propinas, horas extra y contribuciones a la seguridad social, así como deducciones por la compra de automóviles y mayores recursos para el Ejército y la seguridad en las fronteras. «Esta ley es fantástica para nuestros agricultores, la industria manufacturera y el empleo», afirmó.
Sin embargo, la publicación del borrador final del proyecto pocas horas antes de la votación desató nuevas polémicas. El texto, que incorpora recortes adicionales no contemplados en la versión de la Cámara Baja, elimina incentivos fiscales a sectores como la energía eólica, la solar y los vehículos eléctricos, áreas clave para la transición energética en Estados Unidos.
Empresarios y expertos han expresado su preocupación por las consecuencias económicas y medioambientales de estas medidas. Elon Musk, director ejecutivo de Tesla y SpaceX, denunció que el Senado está poniendo en riesgo «millones de empleos», al compartir en la red social X una estimación elaborada por Jesse Jenkins, académico de la Universidad de Princeton. Según ese análisis, la nueva ley supondría una pérdida masiva de inversiones en energías limpias y en la industria manufacturera, al tiempo que aumentaría la contaminación y debilitaría la capacidad competitiva del país frente a potencias como China.
La balanza en el Senado sigue siendo frágil. Aunque los republicanos ostentan 53 escaños de los 100 disponibles, la dirección del partido solo puede permitirse un margen muy estrecho de disidencias internas. Algunos senadores conservadores mantienen sus reservas, ya sea por el impacto sobre los programas sociales o por las dudas sobre la sostenibilidad fiscal a largo plazo.